Visualizações desde 2005

domingo, 22 de setembro de 2013

Dos teólogos españoles de prestigio enjuician la histórica entrevista concedida por el Papa a las revistas de la Compañía

José Manuel Vidal (In Religión Digital) Masiá: “El Papa es un pensador que sabe dudar y un creyente que sabe confiar”. Sinodalidad y discernimiento, claves de lectura de la histórica entrevista papal Castillo: “Francisco anuncia que la Iglesia vuelve a retomar el gobierno sinodal”. Dos teólogos españoles de prestigio enjuician la histórica entrevista concedida por el Papa a las revistas de la Compañía. José María Castillo destaca la sinodalidad, como la clave más importante y se alegra de que el camino hacia ella llevará a la Iglesia de Gregorio VII a Francisco. Por su parte, el también teólogo Juan Masiá subraya la importancia que Francisco concede al descernimiento y su capacidad de “pensar dudando y creer confiando”. De Gregorio VII a Francisco José María Castillo Tengo la impresión de que somos muchos los católicos, y demasiados los ciudadanos, que no acabamos de caer en la cuenta de la extraordinaria importancia que entraña la larga entrevista que el papa Francisco ha hecho pública para darnos a conocer sus ideas y sus proyectos. Por supuesto, en lo que dice el papa. Es de enorme interés lo que Francisco afirma sobre la moral sexual en la que machaconamente insiste tanto el clero, sobre sus ideas políticas, sobre la misericordia y la bondad que debemos poner en práctica todos los seres humanos, sobre la religiosidad y otras cuestiones que sería largo enumerar. Sin embargo, el asunto más importante, que, a mi modo de ver, trata el papa, sospecho que se le escapa a mucha gente. Y es que la teología, como ocurre con la biología o la medicina, no está al alcance de todo el mundo. Sin embargo, periodistas y tertulianos, que no se atreverían a pontificar sobre cuestiones técnicas de biología, dictan sentencia tranquilamente sobre asuntos teológicos que exigen muchos años de estudio y reflexión. Pero vayamos al tema que interesa. Hace cerca de mil años, en 1073, fue elegido papa un monje que tomó el nombre de Gregorio VII. Corrían malos tiempos para la Iglesia. Como es sabido, era entonces cuando estaban en auge las investiduras. Los señores feudales nombraban a su antojo (o según sus conveniencias) a los obispos, abades, y toda clase de cargos eclesiásticos. La Iglesia estaba en manos de los laicos, en el peor sentido que pueda tener esta afirmación. Y fue entonces cuando Gregorio VII decidió cortar con semejante estado de cosas. Lo cual era necesario y urgente. Pero, para conseguir un fin bueno, no se le ocurrió otra solución que concentrar todo el poder de la Iglesia en el papa. El criterio determinante quedó formulado por el mejor conocedor de esta historia, Y. Congar: “Obedecer a Dios significa obedecer a la Iglesia, y esto, a su vez, significa obedecer al papa y viceversa”. Gregorio VII fijó sus convicciones en un documento famoso que consistía en 27 axiomas contundentes, que se resumen en tres criterios patéticos: 1) el papa es señor absoluto de la Iglesia; 2) el papa es señor supremo del mundo; 3) el papa se convierte en indudablemente santo (H. Küng). Ahora bien, al atribuirse estos poderes, Gregorio VII acabó con una larga etapa de diez siglos en la historia de la Iglesia. Siglos en los que la Iglesia floreció, creció y forjó una cultura, que el monje Hincmaro de Reims supo sintetizar de forma admirable: “La Iglesia se expresa en plenitud en los concilios ecuménicos, al tiempo que regula su vida histórica por medio de los sínodos en los que se reúnen los obispos de una región determinada”. Lo cual quiere decir que el gobierno ordinario de la Iglesia no se gestionaba desde Roma, sino mediante los sínodos locales, que presidían los obispos de una región. Siempre tomando las decisiones democráticamente con la participación de todos los miembros de cada sínodo local. Los nombramientos de obispos, las leyes litúrgicas y canónicas, etc, se adoptaban en los sínodos. La Iglesia no tenía una estructura de gobierno “curial”, sino “sinodal”. Sólo así se conocían los problemas que había que resolver. Y se tomaban las decisiones adecuadas. Así, aquella Iglesia tuvo una vida creciente, durante mil años. El actual obispo de Roma, el papa Francisco, nos acaba de anunciar a todos que la Iglesia vuelve a retomar el gobierno sinodal. ¿Será como el del primer milenio? No puede ser idéntico. Pero, por lo que el papa ha dicho, irá ciertamente por ese camino. Dice Francisco en su reciente entrevista: “Los dicasterios romanos están al servicio del papa y de los obispos: tienen que ayudar a las iglesias particulares y a las conferencias episcopales. Son instancias de ayuda. Pero, en algunos casos, cuando no son bien entendidos, corren peligro de convertirse en organismos de censura. Impresiona ver las denuncias de falta de ortodoxia que llegan a Roma. Pienso que quien debe estudiar los casos son las conferencias episcopales locales, a las que Roma puede servir de valiosa ayuda. La verdad es que los casos se tratan mejor sobre el terreno. Los dicasterios romanos son mediadores, no intermediarios ni gestores”. Esta es la idea que Francico tiene sobre el papel que les corresponde a las Congregaciones de la Curia Vaticana. El papa las pone al servicio de las Conferencias Episcopales. Y no al revés. Pero la cosa no se queda en esto. El redactor de la entrevista recuerda que el pasado día de San Pedro, el 29 de junio, el papa definió “la vía de la sinodalidad” como el camino que lleva a la Iglesia unida “a crecer en armonía con el servicio del primado”. En consecuencia, mi pregunta es ésta: “¿Cómo conciliar en armonía primado petrino y sinodalidad? ¿Qué caminos son practicables, incluso con perspectiva ecuménica?” Esta pregunta es fuerte y, en cuanto empiece a ponerse en práctica el proyecto al que apunta, todo cambiará. Porque, en el fondo, lo que viene a decir es que nos sentaremos juntos todos los cristianos – sea cada cual de la confesión que sea – para intercambiar en serio nuestras propuestas, hasta que lleguemos al día dichoso de recuperar la unidad perdida. Por eso, sin duda, el mismo Francisco siguió diciendo: “Debemos caminar juntos: la gente, los obispos y el papa. Hay que vivir la sinodalidad a varios niveles. Quizá es tiempo de cambiar la metodología del sínodo, porque la actual me parece estática. Eso podrá llegar a tener valor ecuménico, especialmente con nuestros hermanos ortodoxos. De ellos podemos aprender mucho sobre el sentido de la colegialidad episcopal y sobre la tradición de sinodalidad. El esfuerzo de reflexión común, observando cómo se gobernaba la Iglesia en los primeros siglos, antes de la ruptura entre Oriente y Occidente, acabará dando frutos”. Y el redactor añade estas palabras de Francisco, palabras que tienen que remover las bases de la teología: “Tenemos que caminar unidos en las diferencias: no existe otro camino para unirnos. El camino de Jesús es ése”. Con una añadidura final, que les calla la boca a los que viven de la protesta contra todo cuanto viene de Roma: “Es necesario ampliar los espacios para una presencia femenina más incisiva en la Iglesia. Temo la solución del “machismo con faldas”…. Las mujeres están formulando cuestiones profundas que debemos afrontar…. En los lugares donde se toman las decisiones importantes es necesario el genio femenino. Afrontamos hoy este desafío: reflexionar sobre el puesto específico de la mujer incluso allí donde se ejercita la autoridad en los varios ámbitos de la Iglesia”. Este papa es noticia mundial porque ha tomado en serio el Evangelio. Y más en serio aún, la centralidad de Jesús en la vida. Lo central no es la religión y sus ritos, ni los dogmas y sus ortodoxias. De nada de eso habla Francisco. Aquí no se escucha el sonsonete de la prédica clerical, moralizante, amenazante y con frecuencia excluyente. El futuro de la Iglesia está en recuperar su pasado. El pasado que nos lleva derechos al galileo Jesús de Nazaret. Si no echamos por ese camino, la Iglesia no va a ninguna parte. Si el Evangelio es el centro, lo decisivo no será la religión. El centro será la humanidad, todo cuanto nos humaniza. Por eso el papa es noticia mundial. Francisco, Papa del discernimiento Juan Masiá Contra el vicio del fanatismo, la virtud de la incertidumbre. Abundan hoy los fanatismos religiosos, políticos e ideológicos. En nombre de no sé qué divinidad, se planean terrorismos. En nombre de no sé que libertad y democracia, se desencadenan guerras injustas, mal llamadas preventivas. En nombre de no sé qué ideología partidista, se disimulan corrupciones y se miente en los parlamentos desmintiendo evidencias. Y la justificación de todos estos fanatismos se afirma con la retórica de las certidumbres absolutas, apoyadas por intolerancias, a veces teístas, a veces ateas, pero siempre exclusivistas y discriminadoras: los malos son el otro equipo, se distingue claramente del nuestro y se supone que merece ser aniquilado por el hecho de ser diferente. Por eso, lo que más me ha gustado en la tan comentada entrevista al Papa Francisco, es su capacidad de pensar dudando y creer confiando. Su relectura es una dosis medicinal de sana incertidumbre, terapia contra los fanatismos. A Francisco no le gusta presumir del monopolio de la meta. “A Dios, dice, se le encuentra en el camino”. No le convence el tradicionalismo restauracionista cristiano, que “lo quiere todo claro y seguro”. Entre líneas atisbamos que él no va a predicar certidumbres absolutas para arrojarlas a la cabeza de un público fanático. Sabe que se expone a decepcionar a los fundamentalistas y anticipa la crítica de quienes le sospechen relativista. “No, si se entiende en el sentido bíblico, según el cuál Dios es siempre una sorpresa y jamás se sabe dónde y cómo encontrarlo, porque no eres tú quien fija el tiempo, ni el lugar para encontrarte con Él. Es preciso discernir el encuentro. Y por eso el discernimiento es fundamental”. Es notable el énfasis en el discernimiento en muchos párrafos de la entrevista. Cuando repito su relectura subrayando palabras clave, el bolígrafo fluorescente me pone de relieve el vocabulario de la incertidumbre confiada y la inseguridad segura que utiliza Francisco: “acompañar, buscar, ser creativo, aprender de los otros, aprender con el tiempo, consultar, síntesis de juventud y vejez, de cultura, fe y vida, caminar por caminos nuevos, salir de sí, vivir en periferias y fronteras, animar en vez de lamentarse, leer los signos de los tiempos, pensar con pensamiento abierto e incompleto, discernir más que discutir, narrar más que teorizar, tener en cuenta a las personas…” Pensador, que sabe dudar, y creyente, que sabe confiar, opta Jorge Mario Bergoglio por la genialidad de santo Tomás en vez de por el tomismo decadente. Ese tomismo escolástico decadente prevalecía en la época de algunos manuales de filosofía que él estudió en el seminario -por cierto, con las certezas claras y distintas del mismo tomismo decadente en que se formó y enseñó su predecesor Karl Woijtila-.Pero el Papa Francisco opta hoy por la genialidad tomásica versus el tomismo decadente. Por eso elige: para pensar, dudar, y para creer, confiar. Sigo releyendo la entrevista y coloco en un marco el párrafo conclusivo de una espiritualidad de la incertidumbre fiel: “Sí, este buscar y encontrar a Dios en todas las cosas deja siempre un margen a la incertidumbre. Si una persona dice que ha encontrado a Dios con certeza total y ni le roza un margen de incertidumbre, algo no va bien. Si uno tiene respuestas a todas las preguntas, estamos ante una prueba de que Dios no está con él…”

segunda-feira, 16 de setembro de 2013

La Teología de la Liberación respira

Los mensajes del Papa sobre la pobreza y el poder avivan el debate sobre la Teología de la Liberación///////////// El cardenal Cipriani tacha de “ingenuo” que el pontífice reciba al fundador de esa corriente//////////////// Los pobres, el dinero, el poder eclesiástico: he aquí buena parte de los debates entre eclesiásticos desde que el jesuita Francisco está al frente de la Iglesia romana. En medio, el fantasma de la Teología de la Liberación, un movimiento execrado con severidad durante los pontificados de Juan Pablo II y Benedicto XVI, éste en primera línea de combate cuando fue prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, que es como se llama ahora el Santo Oficio de la Inquisición. Todavía en 2009, advirtió Ratzinger sobre los “desastrosos efectos” de esa corriente teológica. “Sus consecuencias, hechas de rebelión, división, ofensa y anarquía aún ahora se hacen sentir, creando gran sufrimiento y grave pérdida de fuerzas vivas”, dijo. Anteayer remachó la execración el cardenal arzobispo de Lima, Juan Luis Cipriani, del Opus Dei. La teoría sobre la proverbial hostilidad entre la Compañía de Jesús y el Opus colmó de maledicencias la Red cuando fue elegido papa el jesuita argentino Jorge Mario Bergoglio, que tomó el nombre de Francisco, el santo de los pobres. ¿Se resignaría el Opus a perder más poder en el Vaticano, y, para colmo, a manos de sus competidores de antaño ante las altas burguesías católicas? Los pasos aperturistas de Francisco, sobre todo su revolucionaria sencillez y austeridad, además del tono cuasi revolucionario de algunos de sus discursos, empiezan a chirriar en sectores ultras de la Iglesia. No es casualidad que la primera reacción pública proceda del más alto eclesiástico del Opus, el cardenal de Lima. La chispa tampoco es baladí: la audiencia que Francisco concedió el miércoles al teólogo Gustavo Gutiérrez, el fundador de la Teología de la Liberación. El cardenal Cipriani calificó de “ingenuo” al prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el alemán Gerhard Müller, por haber promovido ese encuentro y por acoger en Roma a Gutiérrez como si fuese un gran pensador ortodoxo. Añadió el prelado en declaraciones a Radio Programas del Perú (RPP): “Müller es buen alemán y buen teólogo, un tanto ingenuo. Mi lectura es que ha querido acercarse a su amigo Gutiérrez, a quien le tiene cariño, a quien quiere de alguna manera ayudar a rectificar e insertarse en la Iglesia católica. La reunión está siendo utilizada para describir un acercamiento con una corriente teológica que hizo mucho daño a la Iglesia”. Sostuvo Max Weber que los evangelios tienen la mala costumbre de hablar bien de los pobres y mal de los ricos. Resume esa impresión la parábola del camello y la aguja, que está con ligeras variaciones en los evangelios de Marcos, Mateo y Lucas. “Más fácil es pasar un camello por el ojo de una aguja, que entre un rico en el reino de Dios”. La frase debió hacerse famosa nada más pronunciarla Jesús, el fundador cristiano. Muy pronto iba a ser detenido cerca de Jerusalén, torturado y crucificado por el sistema de poder de su tiempo, también por el sistema religioso. Bergoglio concediuó el miércoles audiencia al teólogo Gustavo Gutiérrez En sus comienzos, el mensaje cristiano puso el acento en el abismo que media entre los ricos y los pobres, entre los humildes y los poderosos. No siempre ha sido así, y menos cuando el imperio romano es relevado en Roma por el imperio católico. Pero siempre ha habido voces de teólogos y jerarquías en favor de los desheredados de la tierra. Teología para los pobres, no sobre los pobres. La primera vez que se acuña el programa eclesiástico de “la opción por los pobres” es por boca de Juan XXIII, en 1962. Fue el pontífice que convocó el Concilio Vaticano II. Tenía dos preocupaciones, el diálogo con el mundo moderno y la unidad de las iglesias, pero días antes de la inauguración introdujo una tercera línea de debate: los pobres. “Opción por los pobres”, pidió. Seis años más tarde, en mayo de 1968, el entonces prepósito general de los jesuitas, Pedro Arrupe, pidió a los miembros de la Compañía de Jesús en América Latina que tal opción fuese “preferencial”. Así nació la Teología de la Liberación. ¿Tiene vigencia esta teología tras 40 años de condenas y castigos? La pregunta está en el ambiente, con gran preocupación entre los sectores que empiezan a recelar del discurso y las formas, claras y sencillas, del nuevo papa, jesuita y argentino. La pasada semana, el periódico del Vaticano, L’Osservatore Romano, dedicó gran espacio al libro en italianoDe parte de los pobres, teología de la liberación, teología de la Iglesia, escrito por Gustavo Gutiérrez junto con el arzobispo Gerhard Ludwig Müller, exprelado de Ratisbona (Alemania) y actual prefecto de la Congregación de la Doctrina de la Fe. Gutiérrez, ahora ingresado en un convento de dominicos en Francia, fue quien dio nombre al movimiento con la publicación en Lima, en 1971, del libro Teología de la Liberación. 'L'Osservatore romano' dedicó un gran espacio al líder de esa corriente Una fotografía del teólogo con el arzobispo Müller presentando ese libro en alemán, de hace algunos años, ha dado ahora la vuelta al mundo y ha alarmado a los detractores de esa teología. Müller fue alumno y es amigo del pensador peruano desde que, siendo joven el prelado alemán, acudió a Lima a foguearse entre los pobres. “Ese nombramiento como prefecto de la Congregación que se ocupa de la ortodoxia de la doctrina católica, sumado a la elección de un jesuita y arzobispo de Buenos Aires como obispo de Roma, fueron calificados en algunos ambientes como una revancha de la Teología de la Liberación, criticada por Juan Pablo II y por el cardenal Ratzinger”, escribió en mayo la agencia de noticias Zenit, propiedad de los Legionarios de Cristo. Ha sido una impresión muy extendida. En aquel momento, esto es lo que declaró Müller, según la misma agencia: “Es necesario distinguir entre una teología de la liberación equivocada y una correcta. Un cristiano tiene que encontrarse en su casa en cualquier parte”. Antes, en 2004, había dicho en Ratisbona que “la teología de Gustavo Gutiérrez, al margen de cómo se la considere, es ortodoxa porque es ortopráctica y nos enseña el correcto modo de actuar cristiano, ya que deriva de la fe auténtica”. Pero la agitación de partidarios y detractores trasciende la famosa fotografía. Esto opina el obispo Pedro Casaldáliga: “Con la llegada del papa Francisco se ha agitado el tema y nos hemos confirmado en la convicción de que la teología es Teología de la Liberación o no es teología, ciertamente no lo sería del Dios de Jesús”. ¿Quién le tiene miedo a la Teología de la Liberación?, se pregunta este prelado catalán, obispo desde 1971 de la diócesis de São Felix do Araguaia, la más extensa del Brasil. Amenazado de muerte por defender a los pobres y a sus combativos teólogos y sacerdotes, salvó la vida cuando Pablo VI advirtió bien alto, para que oyera la dictadura de aquel tiempo: “Quien toca a Pedro, toca a Pablo”. No tuvieron tanta suerte otros mártires de esa teología, como el también obispo Oscar Romero, de El Salvador, ya en tiempos de Juan Pablo II. Sartorio ve lógico el resurgir de esta teoría "con un papa jesuita y latinoamericano" Que la primera encíclica escrita en solitario por Francisco vaya a titularseBeati pauperes (Bienaventurados los pobres), no avala a quienes le suponen veleidades con la teología de la liberación. Al contrario, ya expresó su criterio contrario durante el pasado viaje a Brasil, el mes pasado. Nada de experiencias que tengan algo que ver con el marxismo, ha proclamado. ¿Acaso es marxista la Teología de la Liberación? “Si doy limosna a un pobre, me llaman santo; si pregunto por qué hay tantos pobres e intento ayudarles, me llaman comunista”, se lamentaba Hélder Pessoa Cámara, el famoso obispo de Recife (Brasil). Cuando murió Juan XXIII en pleno concilio, se escuchó a un monseñor de la Curia romana rezar por él. “Que Dios le perdone el daño que ha hecho a la Iglesia con este concilio”. Años más tarde, fue Pablo VI el execrado por la Iglesia tradicional a causa, sobre todo, de su apoyo a los padres de la Iglesia latinoamericana reunidos en Medellín (Colombia), en 1968, para ver cómo podían aplicar el Vaticano II en las realidades de América Latina. De aquel acontecimiento dice ahora Gustavo Gutiérrez: “El problema al que nos enfrentábamos no es cómo hablar de Dios en un mundo adulto, sino cómo anunciar a Dios como padre amoroso y justo en un mundo inhumano e injusto”. Raúl Vera, obispo de Santillo (México), se suma a esa protesta y devuelve la pelota a quienes creen que Juan Pablo II y Ratzinger hicieron bien persiguiendo a prelados y sacerdotes comprometidos con Medellín y con Pablo VI. “No se corrigió en Puebla la Teología de la Liberación, se corrigió el Evangelio”, dice. Puebla, en México, fue donde el papa polaco tronó más alto contra los teólogos de la liberación. Raúl Vera, que fue prelado auxiliar del mítico Samuel Ruiz en la diócesis de Chiapas, ha estado este fin de semana en Madrid para hablar al congreso de la Asociación de Teólogos Juan XXIIII. Según el obispo mexicano Raúl Vera, "en Puebla se corrigió el Evangelio" “¡Cómo me gustaría tener una Iglesia pobre y para los pobres!”, dijo Francisco la pasada primavera, nada más ser elegido papa. ¿Suena acaso a teología de liberación? Rodeado de potentados de todo el mundo, había afeado antes, en su primer discurso oficial, las ínfulas de poder de las jerarquías católicas. Raúl Vera, el obispo mexicano, susurró en aquel momento a su compañero de escaño en la basílica de San Pedro: “Oye, qué bien, este Papa viene a por nosotros”. Lo cuenta a EL PAÍS antes de subrayar que Francisco también ha exhortado a los jóvenes a ser revoltosos (“tengan el valor de ir contra corriente”), y a los obispos a oler menos a pastor y más a oveja. Hay un debate abierto sobre la vigencia de esta teología, o sobre su futuro, al que los obispos españoles no son ajenos. Sus medios de comunicación así lo reflejan, casi siempre con hostilidad. Sin embargo, callan al ser preguntados. Varios prelados se han negado a entrar en el tema, a consultas de EL PAÍS. Es como si estuvieran esperando una señal del Vaticano, aparte la ya enviada por L’Osservatore Romanoacogiendo a Gustavo Gutiérrez en sus páginas. “Con un papa latinoamericano y, además, jesuita, la Teología de la Liberación no podía quedarse mucho tiempo en la sombra, donde ha estado relegada desde hace años”, dice Ugo Sartorio, teólogo italiano y director del Messaggero di Sant’Antonio, comentando ese hecho. “Se trata de una teología que fue dejada fuera de juego por un doble prejuicio: uno, que todavía no ha metabolizado la fase conflictiva de mediados de los años ochenta, y otro, el rechazo de una teología considerada demasiado de izquierdas y, por tanto, tendenciosa”, añade. Juan Rubio, de 'Vida Nueva': "El análisis marxista ya quedó relegado" Esto opina Juan Rubio, director deVida Nueva, la gran revista católica española (de la congregación marianista) con ediciones en Hispanoamérica: “La Teología de la Liberación ha ido creciendo en ramas distintas, coincidiendo con los cambios sociopolíticos de América Latina y del Caribe. Los planteamientos son distintos porque las situaciones son distintas. El análisis marxista ya quedó relegado en muchos de los posicionamientos de esta teología, pese a que hay quienes para atacarla aún siguen esgrimiendo injustamente esas razones de método. La pregunta es si esa teología es ya parte de la historia y cumplió su papel, o por el contrario, ha evolucionado y ofrece claves que puedan ayudar a entender la realidad de pobreza, injusticia y opresión, de nuevo cuño, en las que viven inmersos aun hoy aquellos países. Esa es la pregunta que se hacen muchos cristianos que ven en esta teología un compromiso afectivo y efectivo con el Evangelio y con la necesaria conversión de estructuras injustas. Nuevas perspectivas se abren, no hay que estar cerrados a ellas”. Juan Rubio, que conoce bien a los obispos españoles y ha conversado durante horas en el reciente pasado con el papa Francisco (la edición argentina de Vida Nueva fue apadrinada por el actual pontífice, entonces arzobispo de Buenos Aires), sostiene que “la Teología de la Liberación, como una más, no la única y exclusiva, ayudará a aquellas iglesias a entender mejor aquellas realidades. Pueden ser más o menos discutibles algunos de sus puntos, pero lo que nunca puede hacer la Iglesia es amordazar e impedir el sano y libre ejercicio de la teología, así como la propia misión magisterial de la Iglesia. Un diálogo parece abrirse ahora de la mano de los seguidores de Gustavo Gutiérrez con un papa que, si bien no es considerado seguidor de esa teología, si está en condiciones de entenderla mejor. Se abre una etapa de dialogo en la que primará, sin duda, el reconocimiento a tantos hombres y mujeres que siguiendo estas líneas teológicas han dado su vida testimonialmente en defensa de los más pobres”. A pesar de los gestos, Tamayo cree difícil que Roma apoye esta teología En cambio, Juan José Tamayo, reelegido el sábado pasado secretario general de la Asociación de Teólogos y Teólogas Juan XXIII, duda que la Iglesia institucional pueda asumir la Teología de la Liberación, pese a que a la vista de no pocos de los gestos, palabras, actitudes y opciones de Francisco, la respuesta pueda parecer afirmativa. Añade: “Así lo creen importantes sectores religiosos y laicos, incluidos los progresistas y hasta algunos teólogos —no así las teólogas— de la liberación. Yo creo, sin embargo, que una teología de la liberación que hace de la opción por los pobres su imperativo categórico es difícilmente asumible por la institución eclesiástica por el lugar social en el que se ubica —los pobres, los movimientos sociales—, la radicalidad de sus opciones —interculturalidad, pluralismo y diálogo interreligioso, diversidad sexual—, la revolución metodológica que implica y la crítica del poder eclesiástico y de sus instituciones”. http://sociedad.elpais.com/sociedad/2013/09/15/actualidad/1379275901_142314.html

segunda-feira, 9 de setembro de 2013

Um desafio para o Papa Francisco: assumir plenamente a humanidade

Leonardo Boff/////////////////// Adital///////////////// Como comentário a uma entrevista que dei ao jornal La Libre Belgique, de 9 de agosto de 2013, um leitor (Marc Den Doncker) escreveu estas palavras que considero dignas de serem refletidas. Ai, diz ele: "O bom Papa Francisco anuncia francamente uma revolução na linha de uma humanidade mais plenamente humana. Ele diz: se alguém é um homossexual que procura Deus e é de boa vontade, quem sou eu para julgá-lo? Pode bem ser que em algum tempo, o Papa expressará amor por uma pessoa homossexual que não procura necessariamente Deus, mas que é, apesar de tudo, alguém de boa vontade. Aí estaria a influência do Espírito Santo". Continua o comentário: "Pode bem ser que, em algum tempo, o bom Papa Francisco, refletirá bem no fundo de seu coração sobre uma pobre mulher que se perfura com uma agulha de tricotar para se livrar de um feto, fruto de um violento estupro, porque já não aguenta mais e se encontra desesperada. Pode bem ser que o bom Deus, em algum tempo, em sua infinita bondade, fará o bom Papa entender a situação desesperadora desta mulher que, tomada de profunda perturbação, deseja morrer. Pode bem ser que o bom Deus, em sua infinita bondade, compreenderá que um casal que decidiu não ter mais filhos, utilize tranquilamente a pílula. Pode bem ser que o bom Deus, em sua infinita bondade, suscitará a consciência de que a mulher goza da mesma igualdade e dignidade que o homem". "Dilacero-me interiormente, prossegue o comentarista, porque a vida nos dá, dia após dia, uma abundância espantosa de fatos trágicos. Em face desta situação real, estaria a Igreja pronta para deslizar por um caminho escorregadio, mas na direção de uma humanidade, enfim, plenamente assumida, animada pelo Espírito Santo que não tem nada a ver com princípios e casuísmos que acabam matando o amor ao próximo? É preciso. Sim, confiantes, esperaremos. De fato, não poucas autoridades eclesiásticas, Papas, cardeais, bispos e padres, com dignas exceções, perderam, em grande parte, o bom senso das coisas, esqueceram da imagem do Deus de Jesus Cristo, chamado docemente de Abba, Paizinho querido. Esse seu Deus mostrou dimensões maternas ao esperar o filho extraviado pelo vício, ao procurar a moeda perdida na casa e ao recolher sob suas asas as pessoas, como o faz a galinha com seus pintinhos. Sua característica principal é o amor incondicional e a misericórdia sem limites, pois Ele ama os ingratos e maus e dá o sol e a chuva aos bons e aos maus como nos dizem os Evangelhos. Para Jesus não basta ser bom, como o filho fiel que ficou na casa do pai e seguia todas as suas ordens. Precisamos ser compassivos e misericordiosos com os que caem e ficam perdidos nas estradas. O único que Jesus criticou foi esse filho bom, mas que não teve compaixão e não soube acolher o irmão que estava perdido, mas que voltou para casa. O Papa Francisco, em sua fala aos bispos no Rio, cobrou-lhes uma revolução da ternura e a capacidade ilimitada de compreensão e de misericórdia. Seguramente, muitos bispos e padres devem estar em crise e são urgidos a enfrentar este desafio da revolução da ternura. Devem mudar radicalmente o estilo de relação para com o povo: nada burocrático e frio, mas caloroso, simples e carregado de enternecimento. Este era o estilo do bom Papa João XXIII. Há um fato curioso que revela como entendia as doutrinas e a importância do encontro cordial com as pessoas. O que conta mais: o amor ou a lei? Os dogmas ou o encontro cordial? Giuseppe Alberigo, leigo de Bologna, extremamente erudito e comprometido com a renovação da Igreja, foi um dos maiores historiadores do Concílio Vaticano II (1962-1965). Seu grande mérito foi ter publicado uma edição crítica de todos os textos doutrinários oficiais dos Papas e dos Concílios desde os primórdios do Cristianismo: o Conciliorum Oecumenicorum Decreta. Ele mesmo conta no Il Corriere di Bologna que viajou, orgulhoso, a Roma para fazer a entrega solene ao Papa João XXIII do volumoso livro. João XXIII gentilmente tomou o livro em suas mãos, sentou-se em sua cadeira pontifícia e, tranquilamente, colocou o volume no chão. E pôs ambos os pés em cima do famoso volume. É um ato simbólico. Tudo bem que haja doutrinas e dogmas. Existem para sustentar a fé não para inibi-la ou servir de instrumento de enquadramento de todos e de condenação. Pode bem ser que o bom Papa Francisco se anime a fazer algo parecido, especialmente com referência ao Direito Canônico e a outros textos oficiais do Magistério, que pouco ajudam os fiéis. Em primeiro lugar, vem a fé, o amor, o encontro espiritual e a criação de esperança para uma humanidade atordoada por tantas decepções e crises. Depois as doutrinas. Oxalá o bom Deus, em sua infinita bondade, conduza o Papa Francisco nesta direção corajosa e simples. (Para os que quiserem verificar a informação acima, deixo aqui a fonte de referência: Alberto Melloni: Introdução ao livro: Ângelo Giseuppe Roncali, Giovanni XXIII. Agende del Pontefice 1958-1963. Instituto per le Scienze Religiose, Bologna 1978 p. VII). http://site.adital.com.br/site/noticia.php?lang=PT&cod=77465

domingo, 1 de setembro de 2013

A ‘Igreja pobre para os pobres’ e a não ordenação das mulheres

Jung Mo Sung------------ Adital----------------------- Após o impacto e a euforia da visita do papa Francisco ao Brasil, é tempo para reflexões. Se há alguma novidade na metodologia da Teologia da Libertação foi a pretensão (nem sempre realizada) de ser uma reflexão crítica sobre a experiência da fé no seguimento de Jesus e, portanto, das lutas pelas emancipações e libertações humanas. Após um "banho de emoções” desta visita, algumas reflexões críticas. Uma das grandes diferenças entre a visita do papa Francisco em relação às visitas dos papas João Paulo II e Bento XVI foi o tamanho dos discursos e sermões entre eles. Papa Francisco parece acreditar mais em gestos simbólicos (não artificiais ou rituais, mas espontâneos e que comunicam por si) combinados com discursos mais breves que explicitam posições que nem sempre são claras nos gestos. Um exemplo marcante disso foi o seu discurso no Teatro Municipal do Rio de Janeiro quando defendeu o valor do Estado Laico e as contribuições das diversas tradições religiosas para a sociedade, em uma cerimônia que contou com líderes das mais diversas tradições religiosas e setores da sociedade. Parece que ele crê que a melhor forma de a Igreja Católica se comunicar com a sociedade hoje é a linguagem mais simbólica que expresse os valores do evangelho. Assim, a sua presença no Brasil pode ser vista realmente como uma expressão pública do seu desejo de uma "Igreja pobre e simples voltada para pobres e pessoas de boa vontade”. Dessa forma, a Igreja seria uma testemunha com mais credibilidade do seguimento de Jesus, aquele que nem tinha onde reclinar sua cabeça (cf. Lc 9,58). Realmente, longos discursos dogmáticos podem convencer pessoas da validade de uma doutrina, mas não convertem pessoas, nem as motivam a entrar na caminhada e luta. Se os gestos e posições simbólicos são tão fundamentais na transmissão de mensagens que vão além da descrição do que existe, que levam as pessoas a perceber a vontade de Deus e a lutar pela realização dessa vontade na Terra, eu me pergunto qual será a mensagem que a Igreja transmite ao mundo quando trata a não ordenação presbiteral das mulheres como algo definitivo. Quando se discute o fim do celibato obrigatório e a ordenação dos homens casados, o que estão no centro do debate é se a vocação e a ordenação presbiteral estão subordinados ao celibato. Isto é, a opção de aceitar o celibato, uma decisão pessoal, é ou não condição necessária para a ordenação. Mas, quando se discute a ordenação ou não das mulheres, não está em discussão se há alguma exigência de ordem de decisão pessoal (aceitar ou não o celibato ou qualquer outra exigência), mas se as mulheres como tais são aptas ou não receber a ordenação. O que implica também se as mulheres são passíveis ou não de serem chamadas, vocacionadas, por Deus para o serviço de presbíteras na comunidade. Ao tratar a não ordenação das mulheres como algo definitivo e não histórico ou cultural, a Igreja está dizendo ao mundo – através desse "gesto simbólico”– que há um problema "ontológico” com as mulheres que não lhes permitem ser cogitadas por Deus para serem vocacionadas à odenação. Pareceria que Deus tem algum problema ou restrição em relação ao "ser” das mulheres; parece que Deus não quer ou não pode chamar mulheres para a ordenação. Não trato aqui do debate doutrinário sobre a ordenação de homens e/ou mulheres; nem o papel do presbítero/clero na comunidade cristã, mas a mensagem que a sociedade percebe no "gesto simbólico” de dar como definitiva a não ordenação das mulheres. Muito menos quero discutir aqui as razões teológicas ou de política eclesiástica que levaram papa Francisco a dizer rapidamente que essa questão está resolvida. O que quero apontar é que, com essa posição, a Igreja Católica confunde a sociedade. Pois, se a "Igreja pobre para os pobres” testemunha a vida simples e pobre de Jesus na sua pregação do Reino de Deus, a Igreja que não pode ordenar mulheres não testemunha o ensinamento neotestamentário de que entre os batizados em Cristo "não há mais judeus ou gregos, nem servos ou livre, nem homens e mulheres; porque todos vós sois um em Cristo Jesus” (Gal 3,27-28). [Autor, com Hugo Assmann, de "Deus em nós: o reinado que acontece no amor solidário aos pobres”, Ed. Paulus. Twitter: @jungmosung]. http://site.adital.com.br/site/noticia.php?lang=PT&cod=77306

quarta-feira, 28 de agosto de 2013

Roma e a Teologia da Libertação: fim da guerra

23 de junho de 2013////////////// “O movimento eclesial teológico da América Latina, conhecido como “teologia da libertação”, que depois do Vaticano II encontrou eco em todo o mundo, deve ser considerado, na minha opinião, entre as correntes mais significativas da teologia católica do século XX”. Quem consagra a Teologia da Libertação com esta elogiosa e peremptória avaliação histórica não é nenhum representante sul-americano das estações eclesiais do passado. O “certificado” de validade chega diretamente do arcebispo Gerhard Ludwig Müller, atual Prefeito do mesmo dicastério vaticano – a Congregação para a Doutrina da Fé – que durante os anos 1980, seguindo o impulso do Papa polonês e sob a direção do então cardeal Ratzinger, interveio com duas instruções para indicar os desvios pastorais e doutrinais que também incluíam os caminhos que as teologias latino-americanas haviam tomado. A reportagem é de Gianni Valente e publicada no sítio Vatican Insider, 21-06-2013. A tradução é do Cepat. A avaliação sobre a Teologia da Libertação não é uma declaração que escapou acidentalmente ao atual custódio da ortodoxia católica. O juízo, meditado, aparece nas densas páginas do volume do qual foi tirada a frase: uma antologia de ensaios escrita a quatro mãos, impressa na Alemanha, em 2004, e que agora está sendo publicada na Itália com o título “Da parte dos pobres, Teologia da Libertação, Teologia da Igreja” (Ediciones Messaggero, Padua, Emi). Atualmente, o livro irrompe como um ato para encerrar as guerras teológicas do passado e os resíduos bélicos que de tempos em tempos brilham para espairecer alarmas que representam ora interesses, ora pretextos. O livro é escrito pelo atual responsável pelo ex-Santo Ofício e pelo teólogo peruano Gustavo Gutiérrez, pai da Teologia da Libertação e inventor da própria fórmula utilizada para definir essa corrente teológica, cujas obras foram submetidas a exames rigorosos durante muito tempo pela Congregação para a Doutrina da Fé em sua longa estação ratzingeriana, embora nunca tenha sido condenado. O livro representa o resultado de um longo caminho comum. Müller nunca ocultou sua proximidade com Gustavo Gutiérrez, que conheceu em 1998 em Lima durante um seminário de estudos. Em 2008, durante a cerimônia para o doutorado honoris causa concedido ao teólogo Müller pela Pontifícia Universidade Católica do Peru, o então bispo de Regensburg definiu como absolutamente ortodoxa a teologia de seu mestre e amigo peruano. Nos meses anteriores à nomeação de Müller como presidente do dicastério doutrinal, foi exatamente sua relação com Gutiérrezque foi evocada por alguns como prova da não idoneidade do bispo teólogo alemão para o posto que ocupou (durante 24 anos) o então cardeal Ratzinger. Nos ensaios da antologia, os dois autores-amigos se complementam reciprocamente. Segundo Müller, os méritos da Teologia da Libertação vão além do âmbito do catolicismo latino-americano. O Prefeito indica que a Teologia da Libertação expressou no contexto real da América Latina das últimas décadas a orientação para Jesus Cristo redentor e libertador que marca qualquer teologia autenticamente cristã, justamente a partir da insistente predileção evangélica pelos pobres. “Neste continente”, reconhece Müller, “a pobreza oprime as crianças, os idosos e os doentes”, e induz muitos a “considerar a morte como uma escapatória”. Desde as suas primeiras manifestações, a Teologia da Libertação ‘obrigava’ as teologias de outras partes a não criar abstrações sobre as condições reais da vida dos povos ou dos indivíduos. E reconhecia nos pobres a “própria carne de Cristo”, como agora repete o Papa Francisco. Justamente com a chegada do primeiro Papa latino-americano surge com maior força a oportunidade para considerar esses anos e essas experiências sem os condicionamentos dos furores e das polêmicas daquela época. Mesmo afastando-se dos ritualismos dos “mea culpa” postiços ou das aparentes “reabilitações”, hoje é muito mais fácil reconhecer que certas veementes mobilizações de alguns setores eclesiais contra a Teologia da Libertação eram motivadas por certas preferências de orientação política mais que pelo desejo de guardar e afirmar a fé dos apóstolos. Os que pagaram a fatura foram os teólogos peruanos e os pastores que estavam completamente submergidos na fé evangélica do próprio povo, que acabaram “triturados” ou na sombra mais absoluta. Durante um longo período, a hostilidade demonstrada para com a Teologia da Libertação foi um importante fator para favorecer brilhantes carreiras eclesiásticas. Em um dos textos, Müller (que numa entrevista de 27 de dezembro de 2012 havia expressado a hipótese do cenário de um Papa latino-americano depois de Ratzinger) descreve sem meias palavras os fatores político-religiosos e geopolíticos que condicionaram certas “cruzadas” contra a Teologia da Libertação: “Com o sentimento triunfalista de um capitalismo que, provavelmente, se considerava definitivamente vitorioso”, refere o Prefeito do dicastério doutrinal vaticano, “misturou-se também a satisfação de ter negado desta maneira qualquer fundamento ou justificação da Teologia da Libertação. Acreditava-se que o jogo com ela era muito simples, lançando-a no mesmo conjunto da violência revolucionária e do terrorismo dos grupos marxistas”. Müller também cita o documento secreto, preparado para o presidente Reagan pelo Comitê de Santa Fé, em 1980 (ou seja, quatro anos antes da primeira Instrução sobre a Teologia da Libertação), no qual se solicitava ao governo dos Estados Unidos da América que agisse com agressividade contra a “Teologia da Libertação”, culpada por ter transformado a Igreja Católica em “arma política contra a propriedade privada e o sistema da produção capitalista”. “É desconcertante neste documento”, destaca Müller, “a desfaçatez com que seus autores, responsáveis por ditaduras militares brutais e por poderosas oligarquias, fazem de seus interesses pela propriedade privada e pelo sistema produtivo capitalista o parâmetro do que deve valer como critério cristão”. Após terem passado décadas de batalhas e contraposições, justamente a amizade entre os dois teólogos (o Prefeito da Doutrina da Fé e aquele que durante um tempo foi perseguido pelo mesmo dicastério doutrinal) alimenta finalmente uma ótica capaz de distinguir as obsoletas armações ideológicas do passado da genuína fonte evangélica que impulsionava muitas das rotas do catolicismo latino-americano depois do Concílio. Segundo Müller, Gutiérrez, com seus 85anos (e que pretende viajar à Itália e passar por Roma em setembro), expressou uma reflexão teológica que não se limitava às conferências nem aos cenáculos universitários, mas que se nutria da seiva das liturgias celebradas pelo sacerdote com os pobres, nas periferias de Lima. Ou seja, essa experiência básica graças à qual – como disse sempre simples e biblicamente o próprio Gutiérrez – “ser cristão significa seguir a Jesus”. É o próprio Senhor, acrescenta Müller ao comentar a frase de seu amigo peruano, quem “nos dá a indicação de nos comprometermos diretamente com os pobres. Fazer prevalecer a verdade nos leva a estar do lado dos pobres”. http://www.ihu.unisinos.br/noticias/521277-roma-e-a-teologia-da-libertacao-fim-da-guerra

sábado, 24 de agosto de 2013

Aqueles que sonham com um VATICANO III

2013-08-22--------- Leonardo Boff, ex-franciscano, expoente mais visível do ponto de vista midiático daquilo que resta da Teologia da Libertação, foi apenas o último em ordem de tempo a pedir um novo concílio, um Vaticano III. Ele o fez nas colunas do Jornal do Brasil, tomando como ponto de partida os 50 anos da morte de João XXIII: "Com as categorias do Concílio Vaticano II não daremos mais conta desta nova realidade". A reportagem é de Andrea Tornielli, publicada no sítio Vatican Insider, 20-08-2013. A tradução é de Moisés Sbardelotto.---------------------------------------------------------------------------------------------- Segundo Boff, deveria ser um concílio de toda a cristandade e deveria "identificar o tipo de colaboração que podemos oferecer na linha de uma nova consciência de respeito, de veneração, de cuidado de todos os ecossistemas". É curioso notar que se anseia por um Vaticano III há nada menos do que 36 anos. A ideia havia sido lançada pela primeira vez no verão europeu de 1977, quando os teólogos da revista Concilium se reuniram na Notre Dame University, nos EUA. Estavam, dentre outros, o suíço Hans Küng e o holandês Edward Schillebeeckx, os italianos Giuseppe Alberigo e Rosino Gibellini. A reunião de teólogos e historiadores progressistas fixou os objetivos do futuro concílio: renúncia do papa aos 75 anos; Sínodo dos Bispos não mais consultivo, mas deliberativo; abolição do celibato dos padres; equiparação da mulher na vida da Igreja, incluindo o sacerdócio feminino. A proposta de linhagem wojtyliana Mas se equivocaria quem pensasse que a proposta é relançada de tempos em tempos apenas pelos ambientes progressistas, intencionados a pisar no acelerador das reformas. No início dos anos 1990, surpreendentemente, a proposta foi apropriada por ambientes conservadores de provada fé wojtyliana. Quem relançou a ideia, nas colunas da revista norte-americana Catholic World Report, foi o historiador inglês Paul Johnson. Na Itália, o filósofo Rocco Buttiglione, amigo e colaborador de João Paulo II, tinha ecoado a proposta, ao fazer referência, em uma en-trevista, à preparação de «materiais para um novo grande concílio". Entre os defensores da ideia, à época, também se incluía o bispo austríaco ultraconser-vador Kurt Krenn. O Vaticano III ansiado pelos wojtylianos mais ortodoxos era, nas in-tenções, o oposto daquele pedido por Küng em 1977. Na realidade, desejava-se um concílio restaurador que colocasse novamente em linhas os progressistas e os indisciplinados e freasse a tentativa de algumas conferências episcopais de se atribuir poderes e competências. Em suma, para os defensores do Vaticano III de estilo "lei e ordem", a Igreja Católica, apesar da guinada de João Paulo II, ainda vivia uma época de laxismo e de confusão doutrinais. Mas as aspirações dos conservadores conciliaristas foram acolhidas muito friamente no Vaticano. O cardeal Joseph Ratzinger rotulou a ideia como "absolutamente prematura". O então prefeito do ex-Santo Ofício e futuro papa, em uma entrevista de 1992, tinha es-friado as expectativas desta forma: "Eu não acho que seja o momento. Seria absoluta-mente prematuro. Porque o concílio é sempre um grande compromisso, que bloqueia por um certo período a vida normal da Igreja. E não se pode fazer isso com muita frequência. São Basílio, diante do convite de participar de outro Concílio de Constantinopla, disse: 'Não, não irei. Porque esses concílios só criam confusão'". A proposta martiniana Quem falou novamente sobre isso, desta vez novamente do fronte reformista, foi, em 1999, durante um Sínodo, o cardeal Carlo Maria Martini, do qual lembramos, em alguns dias, o primeiro aniversário de morte. O arcebispo de Milão apresentou o seu pedido sob a forma de "sonho", desejando "uma experiência de debate universal entre os bispos que valha para desfazer" alguns nós doutrinais e disciplinares da Igreja. Martini pedia "um instrumento colegial mais universal e com autoridade", que envolvesse "todos os bispos" em um "debate colegial", que repetisse "aquela experiência de comu-nhão e de colegialidade que os seus antecessores realizaram no Vaticano II". Uma assembleia onde pudessem ser abordados "com liberdade" problemas como a falta de sacerdotes, a posição da mulher na Igreja, os ministérios, a sexualidade, a disciplina do matrimônio, a prática penitencial, as relações ecumênicas. A proposta martiniana foi abandonada, até porque João Paulo II já tinha dito um ano antes, por ocasião do consis-tório de fevereiro de 1998, que "o Vaticano II ainda esperara chegar ao seu verão pleno". Quando o cardeal Martini fez a sua proposta, ainda faltavam seis anos para a eleição de Bento XVI e para o seu discurso à Cúria Romana em dezembro de 2005, quando o novo papa propôs aquela que ele considerava a hermenêutica correta "da reforma na continui-dade" para ler o Vaticano II, em oposição às hermenêuticas da "ruptura". Bento XVI criticava sobretudo as leituras progressistas que atribuíam ao Concílio o que o Concílio não tinha dito, mas também esperava suavizar a leitura lefebvriana em vista de uma reconciliação com a Fraternidade São Pio X. O debate que se seguiu acabou acentuando, no entanto, as polarizações. E assim, hoje, diante de Boff que pede um Vaticano III para ir além do Vaticano II, há à direita grupos que consideram o último Concílio inconciliável com a tradição católica. Enquanto isso, para além dos anúncios, das polêmicas e dos vetos cruzados, existem documentos do Vaticano II – concílio, vale a pena lembrar, que viu os seus textos apro-vados praticamente por unanimidade – ainda à espera da plena implementação: um exemplo dentre todos é o decreto Apostolicam actuositatem, sobre o papel dos leigos. Tema que continua sendo difícil em tempos de clericalismo ressurgente. Aquele clerica-lismo que o Papa Francisco considera como um dos problemas da Igreja de hoje. http://www.ihu.unisinos.br/noticias/522955-aqueles-que-sonham-com-um-vaticano-iii

sexta-feira, 23 de agosto de 2013

CARTA AOS BISPOS DO BRASIL

15 de agosto de 2013////////////// Festa da Assunção de Nossa Senhora////////////////////// Queridos irmãos no episcopado
Somos três bispos eméritos que, de acordo com o ensinamento do Concílio Vaticano II, apesar de não sermos mais pastores de uma Igreja local, somos sempre participantes do Colégio episcopal, e junto com o Papa, nos sentimos responsáveis pela comunhão universal da Igreja Católica. Alegrou-nos muito a eleição do Papa Francisco no pastoreio da Igreja, pelas suas mensagens de renovação e conversão, com seus seguidos apelos a uma maior simplicidade evangélica e maior zelo de amor pastoral por toda a Igreja. Tocou-nos também a sua recente visita ao Brasil, particularmente suas palavras aos jovens e aos bispos. Isso até nos trouxe a memória do histórico Pacto das Catacumbas. Será que nós bispos nos damos conta do que, teologicamente, significa esse novo horizonte eclesial? No Brasil, em uma entrevista, o Papa recordou a famosa máxima medieval: “Ecclesia semper renovanda”. Por pensar nessa nossa responsabilidade como bispos da Igreja Católica, nos permitimos esse gesto de confiança de lhes escrever essas reflexões, com um pedido fraterno para que desenvolvamos um maior diálogo a respeito. 1. A Teologia do Vaticano II sobre o ministério episcopal: 2. O Decreto Christus Dominus dedica o 2º capítulo à relação entre bispo e Igreja Particular. Cada Diocese é apresentada como “porção do Povo de Deus” (não é mais apenas um território) e afirma que, “em cada Igreja local está e opera verdadeiramente a Igreja de Cristo, una, santa, católica e apostólica” (CD 11), pois toda Igreja local não é apenas um pedaço de Igreja ou filial do Vaticano, mas é verdadeiramente Igreja de Cristo e, assim a designa o Novo Testamento (LG 22). “Cada Igreja local é congregada pelo Espírito Santo, por meio do Evangelho, tem sua consistência própria no serviço da caridade, isto é, na missão de transformar o mundo e testemunhar o Reino de Deus. Essa missão é expressa na Eucaristia e nos sacramentos. Isso é vivido na comunhão com seu pastor, o bispo”. Essa teologia situa o bispo não acima ou fora de sua Igreja, mas como cristão inserido no rebanho e com um ministério de serviço a seus irmãos. É a partir dessa inserção que cada bispo, local ou emérito, assim como os auxiliares e os que trabalham em funções pastorais sem dioceses todos, enquanto portadores do dom recebido de Deus na ordenação são membros do Colégio Episcopal e responsáveis pela catolicidade da Igreja. 2. A sinodalidade necessária no século XXI: A organização do papado como estrutura monárquica centralizada foi instituída a partir do pontificado de Gregório VII, em 1078. Durante o 1º milênio do Cristianismo, o primado do bispo de Roma estava organizado de forma mais colegial e a Igreja toda era mais sinodal. O Concílio Vaticano II orientou a Igreja para a compreensão do episcopado como um ministério colegial. Essa inovação encontrou, durante o Concílio, a oposição de uma minoria inconformada. O assunto, na verdade, não foi suficientemente amarrado. Além disso, o Código de Direito Canônico, de 1983 e os documentos emanados pelo Vaticano, a partir de então, não priorizaram a colegialidade, mas restringiram a sua compreensão e criaram barreiras ao seu exercício. Isso foi em prol da centralização e crescente poder da Cúria romana, em detrimento das Conferências nacionais e continentais e do próprio Sínodo dos bispos, este de caráter apenas consultivo e não deliberativo, sendo que tais organismos detêm, junto com o Bispo de Roma, o supremo e pleno poder em relação à Igreja inteira. Agora, o Papa Francisco parece desejar restituir às estruturas da Igreja Católica e a cada uma de nossas dioceses uma organização mais sinodal e de comunhão colegiada. Nessa orientação, ele constituiu uma comissão de cardeais de todos os continentes para estudar uma possível reforma da Cúria Romana. Entretanto, para dar passos concretos e eficientes nesse caminho – e que já está acontecendo – ele precisa da nossa participação ativa e consciente. Devemos fazer isso como forma de compreender a própria função de bispos, não como meros conselheiros e auxiliares do papa, que o ajudam à medida que ele pede ou deseja e sim como pastores, encarregados com o papa de zelar pela comunhão universal e o cuidado de todas as Igrejas. 3. O cinquentenário do Concílio: Nesse momento histórico, que coincide também com o cinqüentenário do Concílio Vaticano II, a primeira contribuição que podemos dar à Igreja é assumir nossa missão de pastores que exercem o sacerdócio do Novo Testamento, não como sacerdotes da antiga lei e sim, como profetas. Isso nos obriga colaborar efetivamente com o bispo de Roma, expressando com mais liberdade e autonomia nossa opinião sobre os assuntos que pedem uma revisão pastoral e teológica. Se os bispos de todo o mundo exercessem com mais liberdade e responsabilidade fraternas o dever do diálogo e dessem sua opinião mais livre sobre vários assuntos, certamente, se quebrariam certos tabus e a Igreja conseguiria retomar o diálogo com a humanidade, que o Papa João XXIII iniciou e o Papa Francisco está acenando. A ocasião, pois, é de assumir o Concílio Vaticano II atualizado, superar de uma vez por todas a tentação de Cristandade, viver dentro de uma Igreja plural e pobre, de opção pelos pobres, uma eclesiologia de participação, de libertação, de diaconia, de profecia, de martírio... Uma Igreja explicitamente ecumênica, de fé e política, de integração da Nossa América, reivindicando os plenos direitos da mulher, superando a respeito os fechamentos advindos de uma eclesiologia equivocada. Concluído o Concílio, alguns bispos – sendo muitos do Brasil – celebraram o Pacto das Catacumbas de Santa Domitila. Eles foram seguidos por aproximadamente 500 bispos nesse compromisso de radical e profunda conversão pessoal. Foi assim que se inaugurou a recepção corajosa e profética do Concílio. Hoje, várias pessoas, em diversas partes do mundo, estão pensando num novo Pacto das Catacumbas. Por isso, desejando contribuir com a reflexão eclesial de vocês, enviamos anexo o texto original do Primeiro Pacto. O clericalismo denunciado pelo Papa Francisco está sequestrando a centralidade do Povo de Deus na compreensão de uma Igreja, cujos membros, pelo batismo, são alçados à dignidade de “sacerdotes, profetas e reis”. O mesmo clericalismo vem excluindo o protagonismo eclesial dos leigos e leigas, fazendo o sacramento da ordem se sobrepor ao sacramento do batismo e à radical igualdade em Cristo de todos os batizados e batizadas. Além disso, em um contexto de mundo no qual a maioria dos católicos está nos países do sul (América Latina e África), se torna importante dar à Igreja outros rostos além do costumeiro expresso na cultura ocidental. Nos nossos países, é preciso ter a liberdade de desocidentalizar a linguagem da fé e da liturgia latina, não para criarmos uma Igreja diferente, mas para enriquecermos a catolicidade eclesial. Finalmente, está em jogo o nosso diálogo com o mundo. Está em questão qual a imagem de Deus que damos ao mundo e o testemunhamos pelo nosso modo de ser, pela linguagem de nossas celebrações e pela forma que toma nossa pastoral. Esse ponto é o que deve mais nos preocupar e exigir nossa atenção. Na Bíblia, para o Povo de Israel, “voltar ao primeiro amor”, significava retomar a mística e a espiritualidade do Êxodo. Para as nossas Igrejas da América Latina, “voltar ao primeiro amor” é retomar a mística do Reino de Deus na caminhada junto com os pobres e a serviço de sua libertação. Em nossas dioceses, as pastorais sociais não podem ser meros apêndices da organização eclesial ou expressões menores do nosso cuidado pastoral. Ao contrário, é o que nos constitui como Igreja, assembleia reunida pelo Espírito para testemunhar que o Reino está vindo e que de fato oramos e desejamos: venha o teu Reino! Esta hora é, sem dúvida, sobretudo para nós bispos, com urgência, a hora da ação. O Papa Francisco ao dirigir-se aos jovens na Jornada Mundial e ao dar-lhes apoio nas suas mobilizações, assim se expressou: “Quero que a Igreja saia às ruas”. Isso faz eco à entusiástica palavra do apóstolo Paulo aos Romanos: “É hora de despertar, é hora e de vestir as armas da luz” (13,11). Seja essa a nossa mística e nosso mais profundo amor. Abraços, com fraterna amizade. Dom José Maria Pires, arcebispo emérito da Paraíba. Dom Tomás Balduino, bispo emérito de Goiás. Dom Pedro Casaldáliga, bispo emérito de São Félix do Araguaia

terça-feira, 20 de agosto de 2013

Atualidade e futuro da Teologia da Libertação

////// Quinta, 27 de junho de 2013/////// “Há anos, a Teologia da Libertação valoriza as diferentes culturas, e inclusive as diferentes religiões, pois acredita, por princípio, que Deus acontece incessantemente no mundo. Sua contribuição mais característica nesta sua abertura a todo o real consistiu em valorizar a criatividade dos pobres. Para esta teologia, os pobres não são somente objeto de caridade. Eles devem ser considerados sujeitos que inventam um mundo novo com recursos escassos, mas com a compreensão vital de um Evangelho que foi anunciado a eles antes que a ninguém. Doravante, a maior contribuição da Teologia da Libertação está em crer na criatividade dos pobres.”/////// A reflexão é de Jorge Costadoat Carrasco, jesuíta, professor da Pontifícia Universidade Católica do Chile e diretor do Centro Teológico Manuel Larraín, em artigo publicado no sítio Reflexión y Liberación, 24-06-2013. A tradução é do Cepat. Eis o artigo. No passado, foi Jorge Mario Bergoglio contrário àTeologia da Libertação? Provavelmente em mais de um ponto. Atualmente, o Papa Francisco é um adversário desta teologia? A impressão é que não. Consta, isso sim, que os simpatizantes da Teologia da Libertação estão exultantes com ele. É o que se pode verificar na internet. Os setores católicos da libertaçãose identificaram rapidamente com o novo Papa. O nome de Francisco, a simplicidade, os ataques à economia liberal, a já famosa frase “quanto gostaria de uma Igreja pobre e para os pobres!”, foram sinais inequívocos de um giro que os setores progressistas católicos interpretam como um roteiro favorável. Que importância teria se o Papa reconhecesse a importância desta teologia? E para os movimentos, congregações religiosas e comunidades de base que se inspiraram nela, dando-lhe ao mesmo tempo chão para o seu desenvolvimento? João Paulo II não a condenou, mas criticou-a severamente e manteve seus teólogos na linha. O cardeal Ratzinger, que exerceu este controle como prefeito da Congregação para a Doutrina da Fé, uma vez convertido em Bento XVI, foi mais tolerante. No ano passado, nomeou para esse cargo Gerhard Müller, bispo alemão que, em 2005, escreveu, junto com o seu amigo Gustavo Gutiérrez, um livro intitulado Do lado dos pobres. Teologia da Libertação. O próprioRatzinger – sabia-se – sempre teve uma simpatia por Gutiérrez, o “pai” desta teologia. A nomeação de Müller foi um sinal de distensionamento, certamente poderoso, de uma guinada que pode acabar sendo decisiva. Não o será, no entanto, se os simpatizantes de Gutiérrez, Boff, Segundo, Sobrino, Gebara, Codina, Galilea, Trigo,Muñoz, Ellacuría e os outros muitos teólogos da libertação pretenderem revitalizar aquela teologia que motivou o compromisso cristão dos anos 1960 e 1970. Hoje, o tema não é a reforma agrária, nem o imperialismo yankee, nem o marxismo, nem a guerrilha do Che ou de Camilo Torres, nem os anos cinzentos da ditadura de Pinochet. Deve-se recordar isso, porque a tendência de reviver esses tempos é uma tentação inútil e, para completar a torpeza, infiel ao método da própria Teologia da Libertação. A Teologia da Libertação tem uma atualidade extraordinária. Nunca foi condenada. O próprio João Paulo II advertiu que ela, em alguns casos, era mesmo “necessária” (Brasil, 1986). Também não teria sido fácil fazê-lo, pois o próprio Magistério latino-americano formulou a “opção pelos pobres”, núcleo da convicção mística e teológica desta teologia. Sua atualidade reside em seu método. Os bispos do continente se aproximaram da realidade na chave do “ver, julgar e agir”. Eles popularizaram este procedimento metodológico. Levaram a Igreja a reconhecer a ação de Deus na história presente e a somar-se a ela. Deve-se reconhecer ao Vaticano II a paternidade ulterior deste método. O documento Gaudium et Spes quis compreender os “sinais dos tempos”; “discernir nos acontecimentos, nas exigências e nas aspirações de nossos tempos, em que (o Povo de Deus) participa com os homens, quais sejam os sinais verdadeiros da presença ou dos desígnios de Deus” (GS 11). Ou seja, que em acontecimentos humanos especialmente significativos é possível reconhecer a ação de Deus e refletir sobre ela. Isto exigiu à Igreja não querer “ensinar” ao mundo o que Deus quer sem “aprender” do mundo o que Deus quer. Dali em diante, a teologia pôde considerar que o contexto histórico não apenas permite interpretar a doutrina tradicional acomodando-a, a adaptando-a, a novas circunstâncias, mas que o próprio contexto tem algo a dizer sobre Deus e sobre sua vontade. Deus que se revelou na história, na história continua se revelando. A Igreja não veio ao mundo com um pacote de doutrinas debaixo do braço. Ela foi amadurecendo ao longo de séculos sua doutrina, a qual não é senão interpretação da Escritura como Palavra de um Deus que continua falando no presente e que, porque o seguirá fazendo no futuro, obriga a considerar as formulações teológicas como provisórias. Sendo assim, a Igreja deve hoje estar atenta à história, caso quiser ser historicamente relevante. Como fazê-lo? Ela deve arraigar profundamente na humanidade sofredora, sofrer com ela, esperar com ela, indagar suas necessidades de libertação e de dignificação. Deve, em suma, sintonizar com o Espírito de Cristo que clama nos pobres; e, por outro lado, deve recorrer ao serviço das ciências sociais, que lhe permitirão compreender melhor o que está acontecendo com as pessoas e as sociedades. Sabemos que Francisco Papa é um homem conectado com o sofrimento do mundo. Quer muito a libertação dos diversos oprimidos deste mundo. Será muito importante, além disso, que tome a sério a contribuição das ciências modernas. Sem estas, o discernimento da viabilidade da libertação é hoje culturalmente impossível. Tomemos, a título de exemplo, o caso da homossexualidade. A doutrina da Igreja pôde variar na medida em que o conhecimento desta realidade humana foi evoluindo. A psicologia moderna em certo momento deixou de considerá-la uma doença, para afirmar que é uma variante da sexualidade humana. A Igreja, neste campo, está se servindo da psicologia para melhorar a sua doutrina. Algo semelhante fez com a compreensão do fenômeno do suicídio. Hoje, a Igreja necessita que o Papa Francisco estimule e se sirva da Teologia da Libertação, entendida como uma abertura reflexiva e crítica ao agir humano contemporâneo, especialmente aquele de quem sofre algum tipo de discriminação e exclusão. Caso não o fizer, a humanidade continuará a ter a dianteira em relação à Igreja em matérias nas quais a Igreja presumia ter razão. O simples desenvolvimento das ciências não elevou a humanidade ao seu patamar mais elevado. Às vezes, afundou-a em involuções atrozes e aterroriza pensar nas experiências em curso. Mas a Igreja só pode tratar legitimamente de contornar os excessos da modernidade ou de canalizá-los, caso reconhecer, para anunciar que Cristo é uma Boa Notícia, a necessidade do uso da razão – a ciência e a técnica – para dar com uma fé em Deus autenticamente humanizadora. Atualmente, abrem-se novas possibilidades de interesse à Teologia da Libertação. Ela, que se ocupa da libertação, costuma também dar suma importância à criatividade que amplia os horizontes da vida. Os seres humanos combatem a opressão, a injustiça, as novas e velhas escravidões. Mas também criam e recriam mundos insuspeitos, inovam na estética e na moral. Nas inumeráveis experiências da humanidade, Deus mesmo pode estar se revelando como Criador. Deus não se cansa nem se repete. Há anos, a Teologia da Libertação valoriza as diferentes culturas, e inclusive as diferentes religiões, pois acredita, por princípio, que Deus acontece incessantemente no mundo. Sua contribuição mais característica nesta sua abertura a todo o real consistiu em valorizar a criatividade dos pobres. Para esta teologia, os pobres não são somente objeto de caridade. Eles devem ser considerados sujeitos que inventam um mundo novo com recursos escassos, mas com a compreensão vital de um Evangelho que foi anunciado a eles antes que a ninguém. Doravante, a maior contribuição da Teologia da Libertação está em crer na criatividade dos pobres. Isto explica o fato de que os simpatizantes da Teologia da Libertação aplaudam o Papa Francisco. Veem nele alguém que aposta nos pobres. http://www.ihu.unisinos.br/noticias/521400-atualidade-e-futuro-da-teologia-da-libertacao

terça-feira, 13 de agosto de 2013

Um Concílio de toda a cristandade?

Leonardo Boff------------ Adital----------- 09/08/2013--------------- Celebramos 50 anos da morte do Papa João XXIII (1881-1963), seguramente o Papa mais importante do século XX. A ela se deve a renovação da Igreja Católica que tentou definir o seu lugar dentro do mundo moderno. No dia 25 de janeiro de 1959, sem avisar a ninguém, declarou diante dos Cardeais estupefatos, reunidos na abadia beneditina de São Paulo junto aos muros, que iria convocar um Concílio Ecumênico. Por sua própria conta havia feito um juízo crítico sobre a situação do mundo e da Igreja. Percebera que estávamos diante de uma nova fase histórica: a fase do mundo moderno com sua ciência, técnica, com suas liberdades e direitos. A Igreja precisava situar-se positivamente dentro deste fato emergente. Até então a atitude era de desconfiança e de condenação. O Papa entendeu que este comportamento levava a Igreja ao isolamento e à estagnação para seu próprio dano e para dano de sua missão no mundo. Ele repetiu a velho dito: "vox temporis vox Dei("a voz do tempo é a voz de Deus”);” isso não significa”, disse ele, "que tudo no mundo, assim como se encontra, representa a voz de Deus; significa que tudo carrega uma mensagem de Deus, se boa para ser seguida, se ruim para ser mudada”. Efetivamente, o Concílio Vaticano II se realizou em Roma (1962-1965); o Papa o abriu mas morreu antes de sua conclusão (1963). Seu espírito, entretanto, marcou todo o evento, com consequências até os dias de hoje. Dois eram seus mottos principais: aggionamentoe Concílio pastoral. Aggiornamento é dizer: sim para o novo, sim para a atualização da Igreja em sua linguagem, em sua estrutura e em sua forma de se apresentar no mundo. Concílio pastoral queria exprimir uma relação para com as pessoas e para com o mundo de abertura, de diálogo, de acolhida e de fraternidade. Portanto, nada de condenações do modernismo e da "nouvelle théologie” como se fizera furiosamente antes. Em vez de doutrinas, diálogo, mútuo aprendizado e trocas. Talvez esta afirmação de João XXIII resuma todo o seu espírito: "A vida do cristão não é uma coleção de antiguidades. Não se trata de visitar um museu ou uma academia do passado. Isto, sem dúvida, pode ser útil —como o é a visita aos monumentos antigos— mas não é suficiente. Vive-se para progredir, embora tirando seu proveito das práticas, e mesmo das experiências do passado, para ir sempre mais longe na trilha que Nosso Senhor nos mostra”. De fato, o Concílio colocou a Igreja dentro do mundo moderno, participando de seus avatares e de suas conquistas. A Igreja da América Latina logo percebeu que não havia apenas o mundo moderno; mas, o submundo sobre o qual pouco se disse no Concílio. Em Medellín (1969) e Puebla (1979) viu-se que a missão da Igreja no submundo, feito de pobreza e de opressão, deve ser de promoção da justiça social e de libertação. Passaram-se já 50 anos do Concílio. O mundo e o submundo mudaram muito. Surgiram novos desafios: da globalização econômico-financeira e a consequente consciência planetária, a dissolução do império soviético, as novas formas de comunicação social (internet, redes sociais e outras) que unificaram o mundo, a erosão da biodiversidade, a percepção dos limites da Terra e da possibilidade de extermínio da espécie humana e com ela do projeto planetário humano. Só com as categorias do Concílio Vaticano II não daremos mais conta desta nova realidade ameaçadora. Tudo aponta para a necessidade de um novo Concílio Ecumênico. Agora não se trata apenas de convocar só os bispos da Igreja Católica. Face aos perigos que nos ameaçam, todo o Cristianismo. http://www.adital.com.br/site/noticia.php?lang=PT&cod=76945

quinta-feira, 8 de agosto de 2013

A Igreja de Francisco. ‘Voltar para as fontes, e caminhar devagar no ritmo do povo’

. Entrevista com Paulo Suess////////// IHU - Unisinos////////// Adital///////////// Terça, 06 de agosto de 2013/////////////// "Missão, participação, proximidade aos pobres, diálogo, estruturas a serviço do povo de Deus – eis as inspirações pastorais novamente lançadas pelo Papa Francisco", afirma o teólogo. "A teologia do Papa Francisco é missionária, pastoral e espiritual, orientada para a proximidade com os pobres nas diferentes periferias do mundo, periferias geográficas, sociais, culturais e existenciais”, afirma Paulo Suess (foto abaixo) em entrevista concedida à IHU On-Line por e-mail. Para ele, os discursos mais importantes de Francisco "são seus gestos”, de tal modo que "sua ida para Lampedusa foi mais importante do que sua Encíclica Lumen Fidei (...) Sua metodologia de ver e discernir a realidade antes de pronunciar discursos e agir, agora pode ser retomado pelas Conferências Episcopais de todo o continente”. Na entrevista a seguir, Suess avalia os discursos proferidos pelo Papa em visita ao Brasil e enfatiza que a mensagem aos bispos brasileiros é "uma releitura do Documento de Aparecida. (...). A partir do episódio dos dois discípulos de Emaús, que fogem de Jerusalém e da ‘nudez’ de Deus, Francisco faz uma leitura do Êxodo da Igreja, analisa suas razões para depois dar o recado aos pastores. ‘Somos uma Igreja capaz de reconduzir o povo, que está em fuga, a Jerusalém, onde estão nossas fontes? Somos capazes de contar de tal modo essas fontes, que despertem o encanto pela sua beleza? Haverá algo de mais alto que o amor revelado em Jerusalém? Nada é mais alto do que o abaixamento da Cruz, porque lá se atinge verdadeiramente a altura do amor!’” Paulo Suess nasceu na Alemanha. É doutor em Teologia Fundamental com um trabalho sobre Catolicismo popular no Brasil. Em 1987 fundou o curso de Pós-Graduação em Missiologia, na Pontifícia Faculdade Nossa Senhora da Assunção, em São Paulo, onde foi coordenador até o fim de 2001. Recebeu o título de Doutor honoris causa, das Universidades de Bamberg (Alemanha, 1993) e Frankfurt (2004). É assessor teológico do Conselho Indigenista Missionário – Cimi e professor no ciclo de pós-graduação em missiologia, no Instituto Teológico de São Paulo – ITESP. Entre suas publicações, citamos Dicionário de Aparecida. 40 palavras-chave para uma leitura pastoral do Documento de Aparecida (São Paulo: Paulus, 2007). Confira a entrevista. IHU On-Line - Há muitos comentários acerca do jeito de ser do Papa Francisco, contudo, teologicamente, quais devem ser as linhas mestres de seu pontificado? Já é possível vislumbrar algo nesse sentido? Paulo Suess - A teologia do Papa Francisco é missionária, pastoral e espiritual, orientada para a proximidade com os pobres nas diferentes periferias do mundo, periferias geográficas, sociais, culturais e existenciais. Nessa proximidade está enraizada a sua teologia. Sua Teologia emerge de uma Mariologia biograficamente assentada e de uma Cristologia formada pela Companhia de Jesus. Mário Bergoglio perdeu cedo a sua mãe, o que tornou a Mãe de Deus muito importante em sua vida. Na Igreja, que nasce em Jerusalém, Maria, diz Francisco, é mais importante que os apóstolos. Nesta perspectiva ele vai incentivar a dignidade da mulher na Igreja que considera mais importante do que a hierarquia. Quando os superiores mandaram Mário Bergoglio para fazer estudos de pós-graduação em Frankfurt, logo interrompidos por outra responsabilidade na Companhia, na volta para a sua terra não trouxe escritos acadêmicos em sua mala, mas uma devoção mariana no coração: "Maria a Desatadora dos Nós” que ele encontrou em Augsburg. Essa devoção, que responde às aflições do povo simples, hoje a encontramos espalhada em toda a América Latina. É a devoção da Imaculada que Bergoglio reencontrou em Aparecida. Eventos importantes em sua vida, o Papa Francisco sempre vai iniciar aos pés da Imaculada Desatadora dos Nós, aos pés da cruz. Com Maria, o Papa Francisco se encontra em Jerusalém. Em Jerusalém foi revelado o amor despojado de Deus. Em Jerusalém, diz Francisco, se encontram as fontes da Igreja: Escritura, Catequese, Sacramentos, Comunidade, amizade do Senhor. Em Jerusalém também se encontram suas fontes de autenticidade, humildade e proximidade. A proximidade atinge o ponto máximo na encarnação. As fontes acompanham o rio. Ninguém tem visto de permanência, nem em Aparecida nem em Jerusalém; são ícones que acompanham a caminhada que é ação na contemplação. São pontos de partida de uma cristologia encarnada, de uma mística vivida na ação em qualquer lugar, sempre "a maior Glória de Deus” (Santo Inácio). O nome é Francisco, mas teologia e espiritualidade de Francisco são inacianas. IHU On-Line – Entre os discursos do Papa, qual aponta como o mais importante desde seu pontificado? Por quê? O que ele diz em termos de identificação com a Igreja? Paulo Suess - Os discursos mais importantes do Papa Francisco são seus gestos. Sua ida para Lampedusa foi mais importante do que sua Encíclica Lumen Fidei. O gesto de visitar a comunidade de Varginha foi mais importante do que seu discurso "padronizado” que lá proferiu. Sua metodologia de ver e discernir a realidade antes de pronunciar discursos e agir, agora pode ser retomado pelas Conferências Episcopais de todo o continente. Mário Bergoglio se diz "filho da Igreja”. Não confunde radicalidade cristológica com aventura pastoral. "Sentir com a Igreja” faz parte da espiritualidade inaciana. Mas, faz parte dessa espiritualidade também o "discernimento”. IHU On-Line - Que avaliação faz do discurso que o papa fez para os Bispos do Brasil, no sábado e, posteriormente, para os Bispos do Celam? O que é possível entender por reforçar e reformar as estruturas da Igreja? Paulo Suess - O discurso para os Bispos do Brasil é uma releitura do Documento de Aparecida. Depois de uma interpretação espiritual do encontro da imagem da Imaculada Conceição como entrada de Deus nas vestes da pequenez da vida do povo, o papa se volta para a mensagem de Aparecida 2007. A partir do episódio dos dois discípulos de Emaús, que fogem de Jerusalém e da "nudez” de Deus, Francisco faz uma leitura do Êxodo da Igreja, analisa suas razões para depois dar o recado aos pastores. "Somos uma Igreja capaz de reconduzir o povo, que está em fuga, a Jerusalém, onde estão nossas fontes? Somos capazes de contar de tal modo essas fontes, que despertem o encanto pela sua beleza? Haverá algo de mais alto que o amor revelado em Jerusalém? Nada é mais alto do que o abaixamento da Cruz, porque lá se atinge verdadeiramente a altura do amor!” Voltar com o povo para Jerusalém, voltar para as fontes, e caminhar devagar no ritmo do povo! "A Igreja sabe ainda ser lenta: no tempo para ouvir, na paciência para costurar novamente e reconstruir? Ou a própria Igreja já se deixa arrastar pelo frenesi da eficiência?”, pergunta o Papa. Depois retoma desafios do Documento de Aparecida, como a formação, colegialidade e solidariedade, o estado permanente de missão e Amazônia. Também em seu discurso aos bispos do Celam, Francisco segue, novamente, o Documento de Aparecida e cobra uma Igreja que coloca "em chave missionária a atividade habitual das Igrejas particulares”. Em consequência disso, evidentemente, verifica-se toda uma dinâmica de reforma das estruturas eclesiais. A "mudança de estruturas” (de caducas a novas) é consequência da dinâmica da missão. O que derruba as estruturas caducas, o que leva a mudar os corações dos cristãos é justamente a missionariedade. Não só a Cúria Romana, cada diocese, cada paróquia tem estruturas que precisam ser ajustadas. Em função dessa missionariedade, o papa vislumbra uma Igreja voltada ao povo, proativa, participação dos leigos e o funcionamento das estruturas participativas: "Acho que estamos muito atrasados nisso”. Não podemos simplesmente continuar com os parâmetros da "cultura de sempre”, fundamentalmente uma cultura de base rural. Uma pastoral descontextualizada "acabará anulando a força do Espírito Santo. Deus está em toda a parte: há que saber descobri-lo para poder anunciá-lo no idioma dessa cultura; e cada realidade, cada idioma tem um ritmo diferente”. Missão, participação, proximidade aos pobres, diálogo, estruturas a serviço do povo de Deus – eis as inspirações pastorais novamente lançadas pelo Papa Francisco. IHU On-Line - Qual é o impacto dos bispos do Celam no pontificado de Francisco? Paulo Suess - O Papa Francisco já mostrou que procura fortalecer na Igreja a colegialidade e a sinodalidade. Já no primeiro dia de seu papado procurou ajustar a relação entre Bispo de Roma e Papa de toda a Igreja católica: "O Papa é bispo, Bispo de Roma; e porque é Bispo de Roma é sucessor de Pedro, Vigário de Cristo. São outros títulos, mas o primeiro título é ‘Bispo de Roma’, e daí deriva tudo”, disse aos jornalistas no avião que o levou de volta para Roma, e acrescentou: "Há sempre o perigo de considerar-se um pouco superior aos outros, e não como os outros; considerar-se um pouco príncipe. [...] O bispo à frente dos fiéis, para assinalar o caminho; o bispo no meio dos fiéis, para ajudar a comunhão; e o bispo atrás dos fiéis, porque muitas vezes os fiéis têm o faro do caminho. O bispo deve ser assim”. Depois o Papa falou das tentações da autorreferencialidade, do funcionalismo e do clericalismo, criticou pastorais "distantes”, pastorais disciplinares que privilegiam os princípios, as condutas, os procedimentos organizacionais... obviamente sem proximidade, sem ternura, nem carinho. Ignora-se a "revolução da ternura", que provocou a encarnação do Verbo. Eis os alvos da "conversão pastoral” apontados no Documento de Aparecida. Terminou seu discurso, se incluindo, na afirmação do atraso: "Estamos um pouco atrasados no que se refere à conversão pastoral”. Certamente precisamos uma reorientação dos canonistas, dos núncios e de uma nova geração de bispos que acompanham a proposta de despojamento e que abrem mão de suas orientações disciplinares e organizacionais, sem nexo pastoral. IHU On-Line - Qual a teologia de Bergoglio e como ela se diferencia da Teologia da Libertação, praticada na América Latina? Paulo Suess - A Teologia da Libertaçãonão é uma escola, mas uma prática teológico-pastoral articulada com diferentes contextos culturais e realidades sociais. Por conseguinte, existe um grande leque de Teologias da Libertação. Mário Bergoglio, vindo do contexto argentino, faz parte desse leque, que une a opção pelos pobres à metodologia do ver-julgar-agir que constrói o pensamento teológico articulado com a realidade sócio-histórica e cultural do povo simples. A trajetória de Bergoglio mostra que ele faz questão de testar a sua reflexão teológica e espiritual na proximidade física com "as alegrias e as esperanças, as tristezas e as angústias” (GS 1) dos que sofrem discriminação e fome. Bergoglio é um praticante da Teologia da Libertação. IHU On-Line - Em seus discursos, Bergoglio tocou em outro ponto: o atraso da igreja latino-americana. Como compreende essa crítica? O que ficou subentendido nas palavras do Papa? Paulo Suess - Ao falar da igreja latino-americana e caribenha precisamos distinguir entre diferentes setores dessa igreja. Atrasados são aqueles setores que acreditam ser possível melhorar a vida do povo através de alianças com as elites, com suas teologias pelagianas e gnósticas. Atrasados são aqueles que sentem os problemas e têm medo de atitudes proféticas. O Papa Francisco, em seu diálogo com a junta diretiva da Confederação Latino-Americana e Caribenha de Religiosos e Religiosas (CLAR), no dia 6 de junho, pediu ter coragem, e de levar sua missão aos limites e às fronteiras: "Nessas andanças arriscadas podem cometer erros. Podem até receber uma carta da Congregação para a Doutrina da Fé recriminando suas atitudes. Não se preocupem! Expliquem e sigam adiante! Abram portas e façam algo, onde a vida clama! Prefiro uma Igreja que comete erros à uma Igreja que adoece por ficar fechada”. O jesuíta Bergoglio, com seus 76 anos de vida, aprendeu que a primeira virtude da colegialidade episcopal e da comunhão eclesial não é a obediência, mas o diálogo. Por isso pede das Igrejas locais a solidariedade radical com os pobres e uma lealdade crítica e dialogal com Roma: "Não tens medo da denúncia... Vão passar mal, vão ter problemas, mas não tens medo! Essa é a profecia da vida religiosa!” IHU On-Line - Por que, na sua avaliação, o Papa não deu ênfase a questões morais em seu discurso, especialmente no que se refere ao aborto, considerando que o Congresso Nacional aprovou o projeto de lei que legaliza o aborto no Brasil? Paulo Suess - Numa entrevista relâmpago, Francisco responderia provavelmente assim: 1. "Quem sou eu para julgar as pessoas que fizeram aborto? Quem sou eu para julgar os gays? Quem sou eu para julgar a mãe solteira?” 2. "A minha posição é a da Igreja. Sou filho da Igreja. O aborto é ruim”. 3. "Precisamos ir às causas, às raízes. Atrás da lei de ampliar as possibilidades de aborto existem interesses, dinheiro... Não podemos ficar somente com os sintomas”. 4. "No trato pastoral dessas questões, não sejam uma espécie de "alfândega pastoral” nem legalistas, mas seguidores do Bom Pastor! A Igreja não deve fechar as portas a ninguém. Batizem o filho da mãe solteira, acolhem o gay como Nossa Senhora de Aparecida o acolheria! Reservem um tempo para visitar a casa da mulher, que cometeu aborto, e escutem a sua história! Não atirem a primeira nem a última pedra contra essa gente!” Essas foram as respostas que o papa Francisco deu aos participantes da Missa na Casa Santa Marta, no fim de maio, em Roma, ao pessoal da CLAR e a jornalista brasileira Patrícia Zorzan, no voo de volta a Roma, dia 28 de junto. IHU On-Line - Qual é o significado do discurso do Papa no Teatro Municipal, no qual propõe recuperar a política como caridade? Paulo Suess - No Teatro Municipal acompanhamos um papa que nos dá um exemplo de aproximação a ambientes não eclesiais. Francisco não se aproxima às pessoas com dedo em riste (se lembram de uma visita papal na Nicarágua?). Ele está acostumado de conviver com santos e pecadores, nos quais se inclui, pedindo orações. Francisco é um papa que pede licença para poder entrar na casa dos pobres e na assembléia das elites. No Teatro Municipal, o Papa deu uma aula concisa em torno dos seguintes apontamentos: - O cristianismo une transcendência e encarnação. Por conseguinte procura unir e revitalizar o pensamento e a vida, e dar à racionalidade científica e técnica um "vínculo moral”. - A vida nos cobra responsabilidade social que assumimos pela política. Por conseguinte precisamos "reabilitar a política, que é uma das formas mais altas da caridade”. - A política deve evitar o elitismo da democracia representativa, muitas vezes fechada no mero equilíbrio de representação de interesses; deve incentivar "cada vez mais e melhor a participação das pessoas” com a finalidade de assegurar a todos "dignidade, fraternidade e solidariedade”. - Participação e diálogo entre as diversas riquezas culturais fazem crescer o país. A única maneira para fazer avançar a vida dos povos é o diálogo e a cultura do encontro. Nesse diálogo, "todos têm algo de bom para dar, e todos podem receber em troca algo de bom”. Esse diálogo exige "humildade social” que abre mão de exigências hegemônicas culturais e sociais. - As "grandes tradições religiosas” podem desempenhar um papel fundamental para a convivência harmoniosa de uma nação, já que a laicidade do Estado garante sua convivência pacífica. O discurso do Papa Francisco tinha três recados para a própria Igreja: - Quando estais percorrendo o mundo, não espantem as pessoas com um discurso identitário sobre sua catolicidade. Francisco não falou nenhuma vez em toda a sua passagem por Brasil da superioridade católica. - Não se orgulhem de viver fora da política! Precisamos reabilitar, na Igreja, a política – nem politicagem nem política partidária – como uma das formas mais altas da caridade. Não basta ser bom e pobre. Precisamos ser politicamente instruídos, destemidos, proféticos, bons e pobres. - A Igreja é grata ao Estado por sua laicidade que é um pressuposto da convivência pacífica entre as religiões. Lacunas no discurso do Papa Francisco? Sempre haverá lacunas. Quero lembrar apenas uma. Porque o Papa argentino só falou das "grandes tradições religiosas”. A religião dos Guaraní e Mapuche, dos Quéchua e dos Astecas não teriam também um papel fundamental para a convivência harmoniosa de uma nação? Temos que pedir a Francisco para completar a obra de Anchieta que poderia ser o milagre que até hoje falta para a sua canonização. O sumak kawsay, o bem viver do mundo andino, não representa um papel fundamental para repensar as democracias elitistas e o desenvolvimento destrutivo do nosso continente?

quarta-feira, 31 de julho de 2013

Reformas eclesiásticas são insuficientes

José Lisboa Moreira de Oliveira Adital Durante o período entre o anúncio da renúncia de Bento XVI e a eleição do papa Francisco muito se falou sobre a necessidade de uma reforma na Igreja e da Igreja Católica Romana. O assunto continuou mesmo depois da eleição do último papa. Depois o assunto parece ter caído um pouco no esquecimento. Muitas pessoas ficaram empolgadas com certos gestos de Francisco e algumas delas chegaram a pensar que isso seria suficiente para mudar o rosto da Igreja Romana. Porém, o tempo está passando e as mentes pensantes estão se perguntando se já não está na hora do papa ousar um pouco mais e começar a mexer na máquina burocrática eclesiástica. Ninguém discute o valor simbólico de alguns gestos e de algumas declarações do papa Francisco. Sabe-se também que ele precisa agir com muita prudência, pois a aceleração de alguns processos de renovação poderia colocar o sistema eclesiástico em alvoroço e até bloquear qualquer ação ou iniciativa do pontífice. Há mesmo o risco real de uma possível eliminação do papa, como se suspeita que teria acontecido em outras ocasiões com grandes reformadores. Diz a tradição monástica que um grupo de monges beneditinos tentou envenenar São Bento, quando este propôs algumas reformas para a recém-criada ordem monástica. Entende-se, pois, a necessidade da paciência e da prudência em situações como essas. Porém, não é possível realizar profundas transformações na Igreja se não se mexe na paquidermiana máquina burocrática eclesiástica. Se não se toca naquelas estruturas de pecado existentes dentro da Igreja e que foram pensadas e criadas para que as mudanças não aconteçam. Tais estruturas estão relacionadas com vícios como o carreirismo, o nepotismo, as recomendações, a perpetuação de pessoas em determinados cargos, a negligência, a mentira, a hipocrisia, a articulação com o poder civil ultraconservador e assim por diante. Sonhar com mudanças só porque foi eleita para a função de papa uma pessoa simples é pura ilusão, e se algo não for feito o quanto antes a decepção começará a tomar conta das pessoas. Estas considerações mostram que as transformações não virão apenas por conta de uma canetada de um papa. É claro que na atual estrutura burocrática eclesiástica a decisão final será sempre dele. Mas se a comunidade dos "cristãos insatisfeitos” não se mobilizar as coisas continuarão do mesmo jeito e, talvez, por muitas décadas e até séculos. Lembro-me que anos atrás um ilustre teólogo, agora admirador do papa Francisco, disse em um artigo que João Paulo II havia montado um esquema de "retorno à grande disciplina” que iria durar pelo menos um século. Concordo com essa afirmação, pois estou convencido de que se não houver uma mobilização mundial as coisas irão continuar do mesmo jeito. E isso por uma simples razão: a direita católica ultraconservadora, representada hoje pelos grandes movimentos eclesiais internacionais, saberá sempre "domesticar” e desvirtuar as ações do papa Francisco, como mostrei num artigo anterior. As mudanças que esperamos não podem vir apenas do papa. Ele sozinho não dará conta de uma tarefa tão grande. Precisamos nos mobilizar para retomarmos o espírito do Concílio Vaticano II e voltarmos ao Evangelho. Precisamos pensar, refletir e agir para fazer com que a onda de conservadorismo, que invadiu a Igreja nos últimos trinta anos, seja varrida pelos ventos inspiradores do tão sonhado "aggionamento” eclesial que o papa João XXIII tanto queria a cerca de cinquenta anos atrás. E precisamos fazer isso porque o atual conservadorismo eclesiástico se camufla de modernidade. Utilizando a tecnologia e a linguagem moderna, típica das redes sociais e da internet, engana os mais simples e desprovidos de racionalidade crítica. E a mais comum das linguagens utilizadas pelo moderno ultraconservadorismo católico é a emocional, aquela que mexe com a sensibilidade das pessoas. E para se comprovar isso basta entrar nos sites católicos ou assistir a programas de boa parte das redes televisivas ditas católicas. A quase totalidade deles não estimula o pensamento crítico, a reflexão séria, mas alimenta uma religiosidade melosa, intimista, individualista e falsa. No atual contexto eclesial as reformas não bastam. Elas não levarão a nada. Lembro-me muito bem que Regis de Morais, em seu livro Os bispos e a política no Brasil (São Paulo: Cortez, 1982), afirmava categoricamente que "as reformas são maneiras de mudar não mudando” (p. 77). As reformas mexem apenas com a exterioridade, com a aparência, mas deixam o sistema funcionando do mesmo jeito. Elas enganam, dando a impressão de que houve transformações profundas. Porém, quando nos aproximamos da realidade verificamos que tais reformas foram como que uma espécie de verniz aplicado sobre uma madeira podre. Por um tempo houve brilho impressionante, mas depois começam a aparecer as brechas e os buracos feitos pelos cupins que continuaram a roer a madeira, mesmo depois da aplicação da tinta. Regis Morais, na mesma obra (p. 78), nos lembra de que na atual conjuntura é indispensável aruptura, que é o contrário da reforma. A ruptura parte da constatação de que há uma profunda contradição na realidade e que não se pode prosseguir mantendo tal esquizofrenia. Somente a ruptura permite fazer uma avaliação sensata, racional e realista do que está acontecendo e partir para a criatividade e a concretização de uma utopia que não se rende a fantasias e nem a sonhos ilusionistas. Quando nos limitamos a pura reformas, continuamos a manter o sistema. Nós acreditamos que o que já existe é perfeito e que se deve apenas aperfeiçoá-lo, tornando mais adequada e fazendo funcionar melhor a velha estrutura. Assim, por exemplo, troca-se a velha máquina de escrever da secretaria paroquial por um moderno computador ou o folheto dominical por um excelente Datashow, mas a vida da comunidade e a eucaristia dominical continuam do mesmo jeito, entediando as pessoas. Arturo Paoli, há mais de trinta anos, no seu livro Converter-se (São Paulo: Paulinas, 1978), já nos lembrava de que a fé só pode ser conservada se sabemos enfrentar as contradições históricas. Quando o cristianismo se fecha numa atitude apologética, defensiva, obstinada, integrista e agressiva, isso é sinal de que existe falta de fé. A fé é luta, motivação e contestação. "Ou é assim ou não é. Motivação para viver, para fazer esta esfera e todas as galáxias que a cercam girarem. Contestação, isto é, energia capaz de vencer a tendência a sentar-se, a achar bonito e suficiente aquilo que atualmente temos nas mãos” (p. 105). Portanto, quem se senta, achando bonito e suficiente o que o papa Francisco está fazendo, negando a contradição e fechando os olhos para o que aí está, esquece que quando tudo isso esfriar só restará o vazio e a decepção de uma fé estática que não se mobilizou. Terá sido vítima da fé apologética que não se move e nem se mexe. http://www.adital.com.br/site/noticia.asp?lang=PT&cod=76686

segunda-feira, 22 de julho de 2013

Cidadania e Estado Laico: reflexões em torno do momento atual brasileiro

Ivone Gebara////// Adital/////////// Carrego em mim um mal estar quando grupos em nome de sua fé religiosa e da necessidade de um estado laico reivindicam leis a favor ou contra as mulheres e outros grupos. Ou ainda, quando grupos religiosos em nome de sua fé querem interferir nas leis do Estado. Embora as posturas possam ser socialmente e politicamente diferentes esses grupos estão usando as mesmas moedas de troca e as mesmas palavras justificando discursos muitas vezes opostos. Quando católicas falam em nome de sua fé católica para exigir que o Estado aprove ou não leis em favor das mulheres, estas estão de certa forma afirmando o contrário de um estado laico. Quando igrejas evangélicas se arvoram a manifestar-se publicamente contra qualquer lei do Estado em nome de sua fé religiosa estão igualmente negando a existência de um estado laico. Será que nossa cidadania não é suficiente? Será que necessitamos sempre do apoio ou do uso de argumentos religiosos interpretados conforme nossos interesses? O problema é bastante complexo e não temos respostas cristalinas para ele. A meu ver, um estado laico não deveria se guiar através de pressões religiosas, mas através da vontade popular manifestada a partir das diferentes instâncias de representação, das manifestações populares de diferentes formas e inclusive dos plebiscitos e meios de comunicação social. Por exemplo, quando mulheres católicas ou protestantes pedem às suas igrejas uma mudança de teologia e de legislação em relação a certos assuntos que tocam a vida dos fiéis as coisas são diferentes. Ficamos no âmbito da comunidade de fé e de uma mesma tradição ético-religiosa apesar da multiplicidade de interpretações e conflitos. Mas, mesmo dentro desse âmbito fica sempre presente a liberdade de consciência que deveria gerir as decisões a ser tomadas. Entretanto, é preciso dizer com clareza, que no cotidiano as decisões que tomo nem sempre são em consonância com a fé religiosa que professo ou da igreja à qual pertenço. Muitas vezes tomo decisões contra a minha consciência e contra aquilo que julgo ser minha convicção, pois preciso naquele instante "salvar” a minha vida. Aqui ‘minha vida’ parece valer mais do que posturas individuais de fé outrora assumidas, muito embora nem sempre seja possível ter clareza sobre esse delicado assunto. Tudo depende das pessoas e das situações. Tudo depende do momento, do sofrimento suportável ou não, da instabilidade psicológica, das pressões de todo tipo, dos medos que assolam minha existência naquele instante. As situações, as circunstâncias podem modificar o comportamento que eu imaginava ser uma aquisição tranqüila, quase uma tradição ética em mim. Por isso, os princípios são linhas norteadoras, mas não funcionam necessariamente na prática onde o "salvar a vida” se impõe como preocupação primeira. Aqui, creio que é minha vida como realidade mais próxima de mim mesma, como eu mesma, que faz as regras imediatas do jogo. É difícil julgar quando se está fora do embate das tensões mortíferas, fora do campo de batalha, fora dos cárceres, fora das pressões do tempo e das instituições. As pessoas excepcionais que conseguem manter firmes suas convicções não podem ser tomadas como exemplos absolutos a serem seguidos, visto que também há muitas coisas que desconhecemos nas razões que as levaram a tomar essa decisão. A vida dessas pessoas serve como ideal e como referência teórica e ética. Tem a sua importância reconhecida, mas uma importância que não é decisiva em muitos momentos da vida. Portanto, aqui de certa forma se impõe a afirmação cara aos Evangelhos do "não julgueis” ou "não atireis a primeira pedra”. Cada vida é uma vida muito embora vivamos em sociedade e necessitemos uns dos outros para dar continuidade ao sopro vital que nos é comum. Vários problemas estão em pauta na conjuntura político-religiosa atual. Enumero apenas três. O primeiro deles tem a ver com uma espécie de controle e legislação da vida privada pelo Estado, expressão do desejo de alguns grupos religiosos. O segundo tem a ver com a nova compreensão das relações entre público e privado presente em nossa sociedade. E o terceiro tem a ver com a intromissão de crenças religiosas nas políticas de um Estado laico e pluralista. A vida privada é a vida de cada individuo nas suas múltiplas relações consigo e com os outros. É bem mais do que a vida doméstica, pois engloba algo da interioridade de cada pessoa, da intimidade que temos conosco mesmas. Nessas complexas relações há aquilo que chamamos de foro interno em que, em última análise, a vontade do individuo passa a ser soberana mesmo que essa vontade atente contra a sua vida ou a vida de outrem. Vontade, decisão, liberdade não podem mais ser considerados conceitos isentos de negatividade, isentos da contradição e da mistura inerentes à própria vida. Muitas vezes as leis, as imposições sociais, as crenças religiosas atuam apenas no nível da exterioridade e só têm certa eficácia enquanto uma situação ameaçadora de minha vida não se apresente. Quando o acontecimento imprevisto/previsto sucede é ele que passa a direcionar nosso comportamento de maneira que nosso bem estar individual e integridade sejam minimamente salvaguardados. Nesse particular os processos educativos desde a primeira infância e os processos sociais de respeito à vida da coletividade e de cada individuo são fundamentais embora não possam sempre impedir os imprevistos e as armadilhas da vida. É na linha da vida íntima que o individuo é soberano, ou seja, sua soberania é pragmática no sentido de ser movida pelo acontecimento do momento ou pela urgência que tem que enfrentar. O respeito a si e aos outros deve sem dúvida continuar como um ideal social, muito embora saibamos que na prática uma sociedade em que todos respeitem a todos seja impossível, ao menos nesse momento de nossa história comum. Continuamos com nossa dose diária de crueldade, injustiça e mentira mesmo falando de amor e de justiça. Nesse sentido querer legislar sobre a vida íntima, dar normas claras à subjetividade parece um empreendimento hoje fadado ao fracasso. As inúmeras tentativas de algumas igrejas de "cura gay”, de proibição do casamento homossexual, de proibição do aborto ou de não uso de preservativos aparecem como uma tutela poderosa que acaba desrespeitando as pessoas. As instituições que acreditam fazer o bem e se erigem em vista do bem acabam por esse mesmo caminho prejudicando a vida individual e social de muitas pessoas. Seus ensinamentos podem provocar em muitas pessoas sentimento de culpa, porém não ajudam a avançar na linha do crescimento pessoal. As relações entre público e privadomerecem ser refletidas segundo as novas situações da história atual. Nelas há uma relação íntima entre público e privado na sua relação atual com o Estado. O Estado é a mediação que permite a administração coletiva das necessidades vitais comuns, que promove a partilha de serviços, que garante os direitos e a segurança das cidadãs e cidadãos. No Estado moderno as preocupações privadas migram para o espaço público e muitas vezes corremos o risco de estabelecer legislações sem discussão e sem participação das cidadãs/aos, sobretudo dos/das mais interessadas. A grande massa de acomodados ou de ignorantes acaba sendo manobrada pelas espertezas dos que têm mais poder sobre os outros. A questão hoje é que muitas vezes as leis impõem um comportamento padronizado aos cidadãos a partir de situações totalmente distantes da realidade vivida, de forma que sua exeqüibilidade se torna problemática e quase impossível. Isso é igualmente verdadeiro no âmbito das prescrições religiosas em relação à vida sexual e outros comportamentos. Nessa linha precisamos ter presente o caráter ao mesmo tempo privado e público de uma prática religiosa. A expressão pública ou o público de uma fé religiosa é diferente do público político embora muitas vezes se toquem e se cruzem. Por isso, uma reflexão mais acurada sobre as relações entre o que chamamos privado e público se faz necessária. As crenças religiosas nos espaços políticos públicos são um fenômeno crescente em nossa época e em nosso meio. Elas invadem os espaços públicos mesmo num Estado que constitucionalmente se afirma como laico. Deputados, senadores, vereadores, juízes eleitos ou escolhidos para servir o bem comum não conseguem estar isentos de suas crenças religiosas. Suas crenças passam a ser bandeiras políticas de forma que estamos continuamente sendo vítimas de um Estado religioso constitucionalmente afirmado e reconhecido como laico. Este paradoxo pode ser observado nas muitas manifestações religiosas que temos assistido nos últimos anos para interferir em políticas públicas, sobretudo as que tocam a sexualidade humana. Vale notar, nesse particular, o uso indevido de textos religiosos para fundamentar posturas políticas através de uma retórica impressionista usada para convencer o público. Creio que isto é um delito que atenta contra a Constituição Nacional e merece ser enfrentado pelo conjunto de cidadãs e cidadãos das mais diferentes formas. A questão é de saber como se pode colocar entre parêntesis sua crença religiosa em favor do bem comum. Ou, como crescer em consciência em relação à diversidade de situações num mundo tão complexo quanto o nosso? Como se educar para uma sociedade pluralista onde minha crença religiosa e política não é verdade para toda a sociedade? Além disso, trata-se de educar-se para discernir entre a necessidade de leis e minha escolha pessoal. Não é porque existe a legalização do aborto ou casamento homossexual que tenho que vivê-los e nem acreditar que as pessoas serão menos morais ou menos responsáveis se uma lei se efetivar. Em outros termos, não é porque o casamento homossexual ou heterossexual existe que vou me casar e nem porque o aborto é permitido por lei que vou abortar. As muitas polêmicas de nosso tempo não chegarão a lugar nenhum se não assumirmos a realidade do pluralismo de nossa nação e de nosso mundo. Pluralismo significa diversidade e diversidade significa que algumas leis devem ter validade para todos os cidadãos/ãs e outras podem ser escolhas de cada um e cada uma diante de sua própria consciência e da contingência em que está vivendo. Significa igualmente não bloquear o caminho e as escolhas de outras pessoas que vivem e pensam diferentemente de mim. Nesse contexto as muitas soluções devem ser relativizadas, isto é, entendidas a partir da diversidade e particularidade das situações. Por exemplo, algumas soluções afirmam a necessidade de leis proibitivas em torno da sexualidade e apostam numa legislação rígida que tenha efeito punitivo das /os infratores. Outras optam por uma legislação permissiva que chame a atenção da responsabilidade individual e coletiva frente aos problemas da sexualidade. Outras ainda propõem medidas educativas com diferentes propostas. E nesse universo de observações há igualmente uma grande maioria da população que está fora do debate e da busca de soluções. Estão numa postura de desinformação política e social aguardando que um problema individual irrompa e venha motivar a sua procura imediata de soluções. Nessa conjuntura somos chamadas/os ao discernimento e a uma reflexão que busque ver os muitos matizes de uma mesma situação. Não há mais lugar para posições absolutas, para princípios imutáveis fundados numa imagem de Deus que é facilmente manipulada pelos diferentes grupos. O desinteresse pelo pensamento é algo que nos choca. Reduz-se o pensamento crítico aos interesses individuais ou partidários sem que se reflita na humanidade plural que constitui a nação brasileira e todas as outras nações do mundo. Estamos necessitadas de uma compreensão não sectária de nossos problemas e da busca de soluções viáveis. Essa compreensão deve ser ampla para ser compatível com as diferentes visões do que se considera vida justa e bem viver. Mas, onde vamos encontrá-la? Creio que o único caminho é o diálogo incessantemente recomeçado pelos diferentes grupos, um diálogo onde desde o início, embora com nossas convicções, estejamos dispostos a ouvir os outros. Ouvir é a grande questão, pois na realidade desaprendemos a ouvir numa sociedade onde predomina o barulho das máquinas, dos muitos sons, dos muitos gritos humanos que de tão fortes não conseguem ser distinguidos pelos ouvidos de uns e de outros. Baixar a nossa voz, talvez até silenciar para ouvir a melodia da música alheia, para aprender outros sons que também constituem as notas da musicalidade humana e da sinfonia do universo. Baixar a voz para aprender a pensar, para escutar a nossa voz interior. E só então, dar alguns passos em conjunto sabendo que estamos todas/os a caminho, com possibilidades inevitáveis de tropeçar e de perder o rumo, mas estamos juntas/os na extraordinária aventura humana. Julho 2013. http://www.adital.org.br/site/noticia.asp?lang=PT&cod=76468