As forças progressistas, da Teologia da Libertação, incluindo teólogos/as, pastorais sociais, Cebs, agentes de pastoral, religiosos/as, leigos e leigas, se mobilizaram para participar da Conferencia de Aparecida (2007) - uma des suas ações foi a Tenda dos Mártires, como espaço aberto, celebrativo, por 15 dias, enquanto durou a Conferência. A Tenda dos Mártires foi um alerta à toda Igreja para não esquecer seus mártires, sua caminhada, sua identidade de libertação.
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terça-feira, 15 de setembro de 2015
Hablando del Papa
Primera conversación: Aurelio Alonso
(Transcripción de la entrevista al sociólogo Aurelio Alonso publicada en TemasTV: https://youtu.be/H2Qr9EBWi_s )
Muy cerca en el tiempo de la visita del Papa Francisco a Cuba, la revista Temas inicia una serie de entrevistas para leer en contexto este acontecimiento. Comenzamos dialogando con Aurelio Alonso, sociólogo, investigador sobre la iglesia católica en Cuba, Premio Nacional de Ciencias Sociales y colaborador y miembro del Consejo Asesor de Temas.
Marianela González (MG). Francisco es el primer jesuita, el primer latinoamericano, y el primer sacerdote de un país del Tercer Mundo al mando de la iglesia católica romana, ¿en qué medida estos antecedentes explican su proyección actual?
Aurelio Alonso (AA): Yo creo que en una buena medida todo junto, y en ninguna medida por separado. Hay mucho de inesperado en la elección de Bergoglio. Es decir, ¿ha resultado Jorge Bergoglio el Papa que esperaban tener los miembros del cónclave que lo eligieron? Aunque no tengamos respuesta, esa es la pregunta, importante. Pienso que no. Es uno de esos papas que, cuando es electo, resulta en muchas cosas sorpresivo.
Que sea el primer Papa latinoamericano tiene la importancia de que por fin el pontificado no solamente sale de Italia, sino que se orienta a buscar al conductor de la iglesia en la región del mundo más poblada de católicos. El centro mundial del catolicismo es América Latina, más de 40% de los católicos del mundo están en aquí. No se trata de que el Vaticano se vaya a mudar ahora para Buenos Aires o Río de Janeiro, sino de que resulta normal el mayor peso de América Latina en una elección. Aunque tuve mis dudas de que fuera a ser electo un latinoamericano, porque la iglesia ha sido normalmente conservadora.
Lo más sorprendente para mí ha sido la elección de un jesuita. A pesar de sus votos de obediencia al Papa, del famoso cuarto voto de obediencia incondicional al Papa, la Compañía de Jesús tiene un aura de autoctonía, de independencia, de carácter propio, que le ha dado mucha fuerza en la historia. Tanta que fue incluso suspendida por la iglesia durante casi un siglo, hasta que se creó otra vez, y volvió otra vez a ser muy fuerte. En el siglo xx, Juan Pablo II no la suspendió, pero la intervino, y sustituyó a su Superior General, uno de los más brillantes, notables, significativos superiores generales que ha tenido, Pedro Arrupe, vasco como Ignacio de Loyola, el fundador, una figura muy significativa en ese período.
Sin embargo, esta condición puede implicar un progresismo o un conservadurismo. En el plano de la doctrina social, de las relaciones interreligiosas y extrarreligiosas, los jesuitas pueden ser de derecha o de izquierda. Por lo tanto, esa condición por sí sola no es determinante.
No nos guiemos por esas condicionantes. Hay que pensar en el ser humano. El Papa ya no es Jorge Mario Bergoglio, sino escogió el nombre de Francisco, y no por gusto. En la historia del pontificado, ningún Papa había adoptado ese nombre. Con lo cual ha dado un signo diferenciador.
MG. ¿Qué distingue a Jorge Mario Bergoglio de Karol Wojtyla y Joseph Ratzinger, en su visión del papel de la iglesia y en su proyección política? ¿Intenta Francisco recuperar una posición que la iglesia católica ha ido perdiendo en su presencia global?
AA. Sí. El llega en medio de una crisis muy fuerte de credibilidad de la iglesia, relacionada con la corrupción, y otros problemas. Esa crisis estalla en los tiempos de entrada de Juan Pablo I. Juan Pablo I había durado un mes nada más. Y por supuesto, salta con el escándalo del Banco Ambrosiano, el supuesto suicidio del presidente del banco, que se cuelga debajo de un puente.
Juan Pablo II se las arregla para hacer un pontificado en que esa crisis se invisibiliza. Pero evidentemente no se ha resuelto, estaba ahí latente.
Benedicto XVI choca con ella. De repente, se encuentra que tiene que enfrentar toda la situación de crisis, de los escándalos de corrupción, de pederastia. Y él no puede con eso.
Juan Pablo II fue un papa muy conservador. Aunque fue el primero que visitó a Cuba, lo hizo después de haber recorrido toda América Latina. Fue el Papa Viajero desde el principio. Cuando visitó a Cuba había estado cinco veces en México y tres en Brasil, y creo que tres, en Colombia, y una en Haití, en fin, había recorrido todo el continente, había estado en todas partes y no en Cuba. Entonces, ese hecho no se debe magnificar, olvidando que fue muy conservador. Es el papa que revierte la situación del Concilio Vaticano II. Que quita a Arrupe de los jesuitas, porque lo siente demasiado independiente, lo saca de la Compañía de Jesús, pone a un interventor, un jesuita creo que polaco, a quien él le tenía confianza, para que anule la línea progresista de Arrupe, que sobre todo se estaba destacando en América Latina, en América Central, donde los jesuitas fueron muy importantes, en universidades católicas como la UCA, dirigidas por jesuitas; se enfrentaron a las oligarquías y dejaron una estela de mártires también. Este Papa reaccionó contra ellos. Juan Pablo II desautorizó a Ernesto Cardenal públicamente, en su visita a Nicaragua, por el hecho de que él participaba, así como su hermano Fernando, como ministro en el gobierno, y el Papa había proscrito que lo hicieran.
Oscar Arnulfo Romero, unos meses antes de morir, había estado en el Vaticano en su visita ad limina, y se había entrevistado con el Papa, le había llevado undossier sobre la situación en El Salvador. El Papa le dijo que él no tenía tiempo para leerse todo eso, y que le aconsejaba llevarse bien con el gobierno, lo maltrató incluso, lo desestimó, no le dio apoyo.
En ese mismo periodo, Joseph Ratzinger, quien luego sería Benedicto XVI, juega un papel ultraconservador al lado de Juan Pablo II.
El episcopado que existe hoy en América Latina, los obispos latinoamericanos actuales, la mayoría de ellos fueron nombrados por Juan Pablo II, que fue Papa durante muchos años. Es muy raro encontrar hoy en la región un obispo de la Teología de la Liberación. La herencia que tiene Bergoglio ahora en esa iglesia es tremenda. El tiene que ganar tiempo. En la medida en que los obispos se van jubilando, se van retirando en sus diócesis, él tiene que buscar incidir de alguna manera en que la renovación no sea por la línea de la derecha. Por ejemplo, en Venezuela, hay un episcopado que se le tranca completamente a la proyección bolivariana, y en Ecuador también.
A pesar de todo, el Papa viajero es visto como el que arma la polvareda, aunque no hubo un saldo para la iglesia católica significativo de recuperación de fieles, porque realmente ya había un mecanismo de reanudamiento religioso por otra línea, que es la de los fundamentalismos, alentados por otros intereses, oligárquicos, como los movimientos norteamericanos de la Nueva Era, que podían distanciar la devoción, la fe, del compromiso político. Nosotros los tenemos aquí también en Cuba, la visión salvífica por los caminos espirituales, cuya prédica es que no hay que hacer nada, sino vivir la realidad que te tocó vivir, y se acabó.
Parecía que Benedicto XVI iba a seguir esa ruta. Benedicto XVI era muy superior a Juan Pablo II como teólogo y como pensador. Wojtyla usó a Ratzinger como el gran teórico y el hombre que le prestó grandes servicios. Los documentos que condenan la Teología de la Liberación, y que asumen después una lectura distinta de la Teología de la Liberación, los hizo Ratzinger para Juan Pablo II. La condena de Leonardo Boff, el brasileño, menos sonoro que Gustavo Gutiérrez, que fue el autor de la Teología de la Liberación, pero quien es realmente el gran teólogo, con su teología de lo político. Leonardo Boff y Clodovis Boff son los dos teólogos de más peso en el plano religioso, en el plano dogmático, que figuras como Gustavo Gutiérrez o Frei Betto, que es un poco periodista, y juegan un papel esencial, pero que no son figuras teológicas contundentes.
Bergoglio solamente tiene dos años de pontificado en la actualidad, pero ha sido muy coherente desde el principio, cuando escogió llamarse Francisco y hacer un pontificado en función de los pobres. Se conoció que era una conducta que seguía como arzobispo en Buenos Aires, que se movía en metro por la ciudad, y que vivía con humildad real, no de puertas para afuera, con sencillez. El rechazo en el Vaticano a todos los signos del oropel, al salir del palacio pontificio e irse a vivir en el alojamiento de Santa María Mayor. Pero sobre todo al asumir de frente todo el proceso disciplinario dentro de la iglesia, sin miedo, cortando cabezas, quitando figuras, y sin excesos que le puedan ser rechazados, hasta ahora. Aunque levanta mucha reticencia de parte de la curia romana, no ha habido ninguna posibilidad en la cúpula de la iglesia, como nosotros le decimos, de hacerle un frente que lo bloquee o que le haga perder fuerza.
Esta es para mí la diferencia principal entre estos tres Papas.
MG. ¿Cómo aprecias esas contradicciones entre la cúpula vaticana y el Papa Francisco en torno a este tipo de reformas que promueve?
AA. Para conducir la iglesia no sólo son importantes las contradicciones con la cúpula vaticana, sino con las diócesis, con los obispos del mundo, que en su mayoría son conservadores, pero que son sus obispos, sus cristianos. Y humanamente, no todos son iguales. Oscar Arnulfo Romero fue conservador hasta que la realidad de conducir la iglesia salvadoreña lo tiró contra la dureza de la pobreza y de la vulnerabilidad física, el desamparo no solo ante la posibilidad de comer, sino ante la muerte, que te matan y quedan impunes los que te matan.
Francisco ha tenido que moverse en una correlación de fuerzas en el Vaticano y fuera de él, que en cierta medida le es adversa aquí y allá, en una especie de cuerda floja. Él ha ido haciendo cambios, pero no a lo loco. En su discurso no ha dado señas de ningún signo de retroceso ni de ningún error. Benedicto XVI fue muy errático en dos o tres ocasiones en su discurso, y se lo reprocharon en varios lugares. Francisco es un Papa muy versátil, muy coherente, muy comedido.
MG. ¿Qué significado tiene la posición del Papa respecto a la doctrina social de la iglesia, sobre todo su Encíclica sobre el medio ambiente, en torno a temas como los derechos de las mujeres y los gays, la Teología de la Liberación?
Aurelio Alonso: En una encíclica anterior, la primera, es muy significativa la vindicación del Concilio Vaticano II, un cuerpo reformista que no ha sido aplicado ni interpretado en toda su extensión, sino más bien frenado durante muchos años de pontificado de Juan Pablo II.
En la que tú mencionas, introduce por primera vez el rescate del medio ambiente y su conexión con el problema de la pobreza. No es una encíclica puramente ambientalista, sino una visión de la creación del hombre y de la naturaleza, como dos dimensiones inseparables; y que conecta el problema de la lucha contra la pobreza con el rescate del ambiente natural.
Plantea una jerarquía ética de tres dimensiones en el amor, a Dios, al prójimo y a la tierra. Se relaciona en el fondo con la visión de subsistir con lo que hay, y garantizar que el papel de los seres humanos como parte del medio natural se vuelva una contribución a su reproducción, y que evoca la cosmovisión indigenista andina.
Es muy temprano para hacer una caracterización de la contribución de Francisco a la doctrina social de la iglesia cuando tiene nada más que dos años de pontificado. Dentro de ese marco, sin embargo, se trata de su primera encíclica social.
MG. ¿Qué han significado las visitas de los papas a Cuba? ¿Qué particularidades tendrá esta primera visita del Papa Francisco?
AA. Cuba dejó una huella en Juan Pablo II, y eso hizo que Benedicto XVI quisiera venir también. De manera que el único país latinoamericano que en 1998 no había sido visitado por ningún Papa, ahora va a ser uno de los pocos visitados por los tres últimos.
Ese impacto sobre aquellos dos papas consistió en el descubrimiento de que había una posibilidad de pobreza con dignidad. Este país vive en un fracaso económico permanente ocasionado por la mezcla de bloqueo y de problemas interiores, y de incapacidad para enrumbar un modelo bajo esa situación bloqueada, que vaya más allá de la supervivencia. La población vive en condiciones en que se logra vencer el desamparo, pero no la pobreza. Ahí hay algo que evangélicamente tiene un sentido.
Pero la visita de Francisco va a ser distinta de las dos anteriores. Este es el Papa que más ha hecho a favor de Cuba en el corto tiempo que tiene de pontificado. No se ha limitado a una simple condena al bloqueo, sino ha ofrecido sus servicios como mediador, lo que ha sido suficientemente importante para que se reconozca por el gobierno cubano y por el de Estados Unidos su papel, junto al del gobierno de Canadá.
El Papa va a venir de visita cuando ya van a estar abiertas las embajadas, que es el primer resultado efectivo importante de esa mediación, el restablecimiento de las relaciones diplomáticas. No es todavía, como han dicho los gobernantes, los nuestros y los otros, la normalidad de las relaciones. Pero es el inicio de ese proceso.
Esta va a ser la más importante de las visitas pontificias, a pesar de que no es tan larga como la de Juan Pablo II, y de que es la tercera. No tendrá el oropel que tuvo la primera, tanto séquito. Es la más importante, primero, porque es el pontificado que ha dado muestras de tener una disposición más proactiva, hacia una aceptación del proceso de transformación cubano con su soberanía y sus cosas. Y la segunda, porque pienso que hay más cosas que decirse entre los discursos de este Pontífice y de los líderes del proceso cubano.
Viene a Cuba y va a Estados Unidos después. Va a continuar en su rol de mediador. Él puede convertirse realmente en un factor para que empiece a flexibilizarse el bloqueo, para que empiecen a encontrarse caminos de flexibilización. Eso le va a ganar muchos enemigos en Estados Unidos, en la derecha norteamericana.
No sé cómo será ahora el cuadro, pero ha habido momentos en que la jerarquía episcopal norteamericana ha dado muestras de simpatía y de cercanía con Cuba, en los 80 y los 90. Al haberse ya abierto las embajadas, la presencia de figuras del clero norteamericano durante su visita a Cuba, como invitados, puede ser mucho mayor que en las anteriores. No solo numéricamente, sino mucho más importante, más significativa, puede tener un peso, incluso, en la promoción de las relaciones posteriores. Aunque la iglesia católica no es mayoritaria en Estados Unidos, frente al protestantismo como conjunto, como iglesia individual sí tiene un peso muy grande.
MG. Entre otros factores, el anticomunismo de la iglesia católica cubana restringió su presencia en la sociedad cubana. Esta presencia se ha recuperado en cierta medida, junto a su nivel de diálogo con el gobierno. ¿Cómo aprecias la relación entre las posiciones progresistas de Francisco y una iglesia cubana atravesada por corrientes conservadoras que tienden al encerramiento y a fomentar un laicado obediente? ¿Puede la próxima visita contribuir a recuperar el clima de diálogo y a propiciar corrientes a favor del compromiso social y la colaboración con otras instituciones de la sociedad civil cubana?
AA. La iglesia cubana sigue siendo conservadora; pero lo es menos que la de los años 60. El triunfo de la Revolución ocurre tres años antes de que empiece el Concilio Vaticano II; cuando lo que prevalece es la iglesia tradicionalista tridentina.
Antes de Vaticano I, el último Concilio fue el de Trento, en 1540. Este se hizo bajo la influencia del naciente mundo jesuita, que creo la Contrarreforma, y que expresó un reformismo conservador, dirigido a crear símbolos, que rescataran la estructura de la iglesia católica. El sistema moderno de educación es el creado por los jesuitas, que establece clases de una hora, con diez minutos de receso entre materias. Articular estas materias en la manera de la escuela como nosotros la conocemos, no existía antes. Esas normas, que son las tridentinas, provenientes del Concilio de Trento, son las que se mantienen vigentes y que Vaticano I no consigue cambiar, porque este concilio no llega a terminar. Así que Vaticano II es el evento que produce una reforma hecha y derecha en la iglesia.
Cuando triunfa la Revolución cubana, la estructura de la iglesia en el país no había sido modificada todavía por el Concilio Vaticano II. Se trata de una iglesia conservadora, que incluso había estado en contra de la independencia nacional hasta última hora en el siglo XIX.
Tú me hablas del anticomunismo de la iglesia, pero no del ateísmo del marxismo. El comunismo que se asumió en Cuba, mayoritariamente el aprendido de la URSS, era ateísta. Para las cabezas que piensan así, la religión es una deformación ideológica, un atavismo llamado a terminar, no un componente legítimo de la cultura.
Ahora bien, la iglesia tuvo un proceso de asimilación del cambio social cubano; y aunque sigue conservadora, no es como al principio; y en eso influyó la Revolución, pero también Vaticano II.
Después de los conflictos que se producen a principios de los años 60 entre la iglesia y el Estado, y se expulsan a aquellos 131 sacerdotes en el barco Covadonga, ocurre una especie de congelación en las relaciones entre ambos. Sin embargo, el primer paso de acercamiento no lo da el Estado cubano, sino la iglesia, como consecuencia de la participación de los obispos cubanos en la segunda reunión de la Conferencia Episcopal Latinoamericana, en 1968, celebrada en Medellín, donde la influencia de Vaticano II se traduce para América Latina. En este cambio, influyen también sacerdotes como Carlos Manuel de Céspedes, formados por el aura de este concilio.
Y ahí aparecen las dos pastorales famosas en que la iglesia condena el bloqueo, llamándole así, “el bloqueo de Estados Unido a Cuba”, en 1969. Y después lanza otra pastoral donde dice que no hay problemas para que haya un diálogo entre cristianos y marxistas. Ante estas declaraciones, el liderazgo cubano no reacciona a favor, más bien todo lo contrario. En 1971, ocurrió el Congreso de Educación y Cultura, que fue fuertemente antirreligioso, y promovió el ateísmo. En el Primer Congreso del Partido (1975) hubo una Resolución sobre la iglesia y los creyentes, que, aunque no citaba al ateísmo expresamente, decía que la concepción del mundo del Partido era la concepción científica, lo que quería decir atea.
Mi hipótesis es que, cuando se producen esas pastorales de la iglesia, que hubieran podido provocar un acercamiento mayor, una reacción distinta, sin embargo, ya la subsistencia del proyecto cubano estaba en crisis, e íbamos a tener que sentarnos en el CAME con la URSS. Entonces, en lugar de seguir con la iglesia una política de propiciar la cercanía, esta se descarta, porque estamos en camino al CAME, y no íbamos entonces precisamente a adoptar una posición ajena al ateísmo.
Monseñor Sacchi, el Encargado de Negocios que quedó representando al Vaticano aquí, contribuyó mucho a que se restableciera un diálogo. El Vaticano nos había retirado al Nuncio, y no lo reemplazó, dejó ese Encargado de Negocios, que no era ni primer secretario ni consejero, sino solo segundo secretario. Sin embargo, Cuba no lo reciprocó; en lugar de retirar al embajador, nombró un embajador cubano católico en el Vaticano, Amado Blanco, un hombre inteligentísimo, muy culto, revolucionario, y muy católico. Políticamente fue un gesto brillante, y aseguró que la relación de la parte cubana se mantuviera allí al más alto nivel.
Yo creo que nosotros fuimos más ateos que lo que debimos ser cuando la iglesia estaba empezando a generar mecanismos de aproximación.
MG. ¿Entonces te parece que esta próxima visita del Papa Francisco podría contribuir a recuperar un poco el clima de diálogo, y como decía, propiciar corrientes a favor del compromiso social y la colaboración con otras instituciones, sobre todo de la sociedad civil?
Aurelio Alonso: Sí. Y además, creo que al medio cristiano le va a insuflar también un espíritu distinto. Yo creo que puede ser beneficiosa.
Vistas las características de este pontificado, y el papel que la iglesia cubana ha jugado en sus últimos años, incluida, por primera vez, la intervención en la excarcelación de presos políticos y comunes. Las excarcelaciones, que la iglesia siempre pide, respondiendo al sentimiento de piedad, se suman a otros gestos, que le permitan más visibilidad, más presencia, un espacio mayor en la educación. La iglesia aspiraría siempre a que pueda haber escuelas católicas en Cuba, como los Hermanos de La Salle, las escuelas de los jesuitas. Carlos Manuel siempre apostaba a que eso iba a darse; yo le decía que veía en perspectiva una apertura de la enseñanza religiosa, pero articulada al sistema de educación nacional. Él me insistía en que yo estaba equivocado, que eso podría darse inicialmente, pero que sería un paso para que también se pudiera volver abrir el espacio a las escuelas católicas. Me decía: “Tú y yo, y también Fidel, vinimos de esas escuelas, y la mayoría de los miembros de la dirección del país”. Siempre bromeaba sobre esto, y decía: “Fíjate que los miembros del Comité Central, y los del Buró Político del PCC, la máxima dirección política, son casi todos figuras formadas en escuelas católicas. Mientras que la mayoría de los obispos se formaron en las secundarias básicas que creó la Revolución, y no tienen nada que ver con la enseñanza católica”. Fíjate qué paradoja esa.
La presencia de Francisco, y el contacto con él, puede jugar un papel positivo en un acercamiento, en una apertura mayor del episcopado actual hacia la Revolución. El cambio político hacia la sociedad que viene, pero no vista con un patrón cerrado.
Francisco no está por la mercantilización de la sociedad; sino porque no se pierda el patrón de igualdad. No va a estar a favor de que se pierda en Cuba lo que él quiere que se gane para el resto del continente, porque está perdido en demasía.
Aunque en Cuba se puede perder el amparo, pues nada es irreversible. Casi todo lo que hemos ganado, menos la memoria, que siempre está ahí —nada más poderoso que la subjetividad—, pero todo lo demás se puede perder progresivamente. Haití es la sociedad más pobre y desamparada de América, y fue la colonia más rica en el siglo xviii. Las reversiones pueden ser brutales.
No pienso que la visita de Francisco vaya a generar un aumento impactante de la feligresía católica, porque en Cuba también, como en otras partes de América Latina, la reanimación de la fe religiosa se ha ido dando ya, por las corrientes de pensamiento religioso, por los movimientos religiosos no tradicionales, se ha ido dando por la vía del pentecostalismo, que es hoy más poderoso que el catolicismo.
Esa demografía religiosa básica que se ha ido configurando en Cuba no la cambia la visita de un Papa, es un fenómeno que tiene un arraigo espiritual propio. Aunque puede impactar favorablemente, dejar un buen recuerdo, no puede sacudir la demografía religiosa del país.
Autor: Redacción Temas
quinta-feira, 16 de julho de 2015
Partiu o homem que sempre esperava o advento de Deus
14/07/2015
Ele fez de tudo na vida. Na juventudo foi ateu e marxista. Mas de repente se converteu. Ordenou-se padre durante a guerra. Logo entrou na Resistência contra os nazistas. Em 1949 fizeram-no Assistente da Juventude da Ação Católica. Mas seus métodos libertários não agradaram o do status quo eclesiśtico e o mandaram acompanhar emigrantes italianos que vinham de navio à Argentina. Na viagem encontrou um Irmãozinho de Jesus, seguidor de Charles de Foucault cujo carisma é viver no mundo entre os mais pobres. Iniciou-se na Argélia junto ao deserto e entrou na luta de liberação contra a dominação francesa. Depois foi enviado à Argentina. Por anos trabalhou como operário com madeireiros. Foi ao Chile de Pinochet. Mas logo seu nome estava na lista:”quem encontrar um desses, pode eliminar”. Esteve por um tempo na Venezuela. Mas acabou por instalar-se no Brasil em Foz do Iguaçu onde criou várias iniciativas para os pobres, com ervas medicinais, fazenda didática para jovens desamparados e outras organizações populares que ainda persistem hoje.
Teve muitos reconhecimentos que quase sempre rejeitava. Mas o mais importante foi em 29 de novembro de 1999 em Brasília quando embaixador israelense lhe conferiu a maior comenda a não judeus:”justo entre as nações”. Durante a guerra criou com outros uma rede clandestina que salvou 800 judeus.
Fez-se monge sem sair do mundo mas sempre dentro do mundo dos lascados e humilhados. Todo o tempo livre dedicava-o à oração e à meditação. Durante o dia recitava mantras e jaculatórias. Foi uma das figuras mais impressionantes que passaram por minha vida, com uma retórica de ressuscitar mortos. Éramos amigos-irmãos.
Estranhamente tinha um jeito próprio de rezar. Foi ele que me contou. Pensava: se Deus se fez gente em Jesus, então foi como nós: fez chichi, cocô, choramingava pedindo peito, fazia biquinho com o que o incomodava como a fralda molhada.
No começo, pensava ele, Jesus teria gostado mais de Maria, depois mais de José, coisas que Freud e Winnicott explicam. E foi crescendo como nossas crianças, brincando com as formigas, correndo atrás dos cachorrinhos e, maroto, roubava frutas do quintal do vizinho.
Esse estranho místico, rezava à Nossa Senhora imaginando como ninava Jesus, como lavava no tanque as fraldinhas sujas e como cozinhava o mingau para o Menino e as as comidas fortes para o seu marido carpinteiro, o bom José.
E se alegrava interiormente com tais matutações porque assim devia ser pensada a encarnação do Filho de Deus, na linha do Papa Francisco, não como doutrina fria, mas como fato concreto. Sentia e vivia tais coisas na forma de comoção do coração. E chorava com frequência de alegria espiritual.
Por onde chegava, criava sempre ao seu redor uma pequena comunidade na pior favela da cidade. Tinha poucos discípulos. Apenas três que acabavam indo todos embora. Achavam dura demais aquela vida e ainda deviam meditar durante o dia, no trabalho, na rua, na visita aos casebres mais decaídos.
Só, agregou-se então a uma paróquia que fazia trabalho popular. Trabalhava com os sem-terra e com os sem-teto. Corajoso, organizava manifestações públicas em frente à prefeitura e puxava ocupações de terrenos baldios. E quando os sem-terra e sem-teto conseguiam se estabelecer, fazia belas “místicas” ecumênicas com o faz sempre o MST.
Mas todos os dias, por volta das 10 da noite, se enfurnava na igreja escura. Apenas a lamparina lançava lampejos titubeantes de luz, transformando as estátuas mortas em fantasmas vivos e as colunas eretas, em estranhas bruxas. E lá se quedava até às 23 horas. Todas as noites. Impassível, olhos fixos no tabernáculo.
Um dia fui procurá-lo na igreja. Perguntei-lhe de chofre: ‘meu irmão Arturo, você sente Deus, quando depois dos trabalhos, se mete a rezar aqui na igreja? Ele te diz alguma coisa”?
Com toda a tranquilidade, como quem acorda de um sono profundo, apenas disse: “Eu não sinto nada. Há muito tempo que não escuto sua voz. Já senti um dia. Era fascinante. Enchia meus dias de música e de luz. Hoje não escuto mais nada. Sofro com a escuridão. Talvez Deus não queira me falar nunca mais.”
E então, retruquei eu, “por que continua, todas as noites, aí na escuridão sagrada da igreja”? “Eu continuo”, respondeu, “porque quero estar sempe disponível. Se Ele quiser se manifestar, sair de Seu silêncio e falar, eu estou aqui para escutar. E se Ele, de fato, quiser falar e eu não estiver aqui? Pois, cada vez, ele vem somente uma única vez. Como outrora”.
Saí maravilhado e meditativo por tanto disponibilidade. É por causa dessas pessoas, místicas anônimas, que a Casa Comum, no dizer do Papa Francisco, não é destruída e Deus continua com sua misericórdia sobre a humana perversidade.
Elas vigiam e esperam, contra toda a esperança, o advento de Deus que talvez nunca aconteçará. Mas são os pára-raios divinos que recolhem a graça que, silenciosamente, se difunde pelo universo e faz que Deus continue a nos dar o sol e todas as estrelas e penetre fundo no coração de todos os vivem na Casa Comum. E se Deus aparecer haverá gente disponível para ouvi-lo. E chorarão de alegria.
Seu nome é Arturo Paoli que com 102 anos foi finalmente ver e escutar Deus que lhe falará por toda a eternidade, no dia 13 de julho de 2015 onde vivia em San Martino in Vignale nas colinas de Lucca, Itália.
Leonardo Boff é colunista do JB online e teólogo
terça-feira, 14 de julho de 2015
Discurso do Papa aos Movimentos Populares
(texto integral) 9 de julho de 2015
(Versão integral do discurso do Papa Francisco aos Movimentos Populares reunidos na Bolívia: (Bolívia, Santa Cruz – Expo Feira, 9 de Julho de 2015))
Boa tarde a todos!
Há alguns meses, reunimo-nos em Roma e não esqueço aquele nosso primeiro encontro. Durante este tempo, trouxe-vos no meu coração e nas minhas orações. Alegra-me vê-vos de novo aqui, debatendo os melhores caminhos para superar as graves situações de injustiça que padecem os excluídos em todo o mundo. Obrigado Senhor Presidente Evo Morales, por sustentar tão decididamente este Encontro.
Então, em Roma, senti algo muito belo: fraternidade, paixão, entrega, sede de justiça. Hoje, em Santa Cruz de la Sierra, volto a sentir o mesmo. Obrigado! Soube também, pelo Pontifício Conselho «Justiça e Paz» presidido pelo Cardeal Turkson, que são muitos na Igreja aqueles que se sentem mais próximos dos movimentos populares. Muito me alegro por isso! Ver a Igreja com as portas abertas a todos vós, que se envolve, acompanha e consegue sistematizar em cada diocese, em cada comissão «Justiça e Paz», uma colaboração real, permanente e comprometida com os movimentos populares. Convido-vos a todos, bispos, sacerdotes e leigos, juntamente com as organizações sociais das periferias urbanas e rurais a aprofundar este encontro.
Deus permitiu que nos voltássemos a ver hoje. A Bíblia lembra-nos que Deus escuta o clamor do seu povo e também eu quero voltar a unir a minha voz à vossa: terra, tecto e trabalho para todos os nossos irmãos e irmãs. Disse-o e repito: são direitos sagrados. Vale a pena, vale a pena lutar por eles. Que o clamor dos excluídos seja escutado na América Latina e em toda a terra.
1. . Comecemos por reconhecer que precisamos duma mudança. Quero esclarecer, para que não haja mal-entendidos, que falo dos problemas comuns de todos os latino-americanos e, em geral, de toda a humanidade. Problemas, que têm uma matriz global e que atualmente nenhum Estado pode resolver por si mesmo. Feito este esclarecimento, proponho que nos coloquemos estas perguntas:
- Reconhecemos nós que as coisas não andam bem num mundo onde há tantos camponeses sem terra, tantas famílias sem teto, tantos trabalhadores sem direitos, tantas pessoas feridas na sua dignidade?
- Reconhecemos nós que as coisas não andam bem, quando explodem tantas guerras sem sentido e a violência fratricida se apodera até dos nossos bairros? Reconhecemos nós que as coisas não andam bem, quando o solo, a água, o ar e todos os seres da criação estão sob ameaça constante?
Então digamo-lo sem medo: Precisamos e queremos uma mudança.
Nas vossas cartas e nos nossos encontros, relataram-me as múltiplas exclusões e injustiças que sofrem em cada atividade laboral, em cada bairro, em cada território. São tantas e tão variadas como muitas e diferentes são as formas próprias de as enfrentar. Mas há um elo invisível que une cada uma destas exclusões: conseguimos nós reconhecê-lo? É que não se trata de questões isoladas. Pergunto-me se somos capazes de reconhecer que estas realidades destrutivas correspondem a um sistema que se tornou global. Reconhecemos nós que este sistema impôs a lógica do lucro a todo o custo, sem pensar na exclusão social nem na destruição da natureza?
Se é assim – insisto – digamo-lo sem medo: Queremos uma mudança, uma mudança real, uma mudança de estruturas. Este sistema é insuportável: não o suportam os camponeses, não o suportam os trabalhadores, não o suportam as comunidades, não o suportam os povos.... E nem sequer o suporta a Terra, a irmã Mãe Terra, como dizia São Francisco.
Queremos uma mudança nas nossas vidas, nos nossos bairros, no vilarejo, na nossa realidade mais próxima; mas uma mudança que toque também o mundo inteiro, porque hoje a interdependência global requer respostas globais para os problemas locais. A globalização da esperança, que nasce dos povos e cresce entre os pobres, deve substituir esta globalização da exclusão e da indiferença.
Hoje quero refletir convosco sobre a mudança que queremos e precisamos. Como sabem, recentemente escrevi sobre os problemas da mudança climática. Mas, desta vez, quero falar duma mudança noutro sentido. Uma mudança positiva, uma mudança que nos faça bem, uma mudança – poderíamos dizer – redentora. Porque é dela que precisamos. Sei que buscais uma mudança e não apenas vós: nos diferentes encontros, nas várias viagens, verifiquei que há uma expectativa, uma busca forte, um anseio de mudança em todos os povos do mundo. Mesmo dentro da minoria cada vez mais reduzida que pensa sair beneficiada deste sistema, reina a insatisfação e sobretudo a tristeza. Muitos esperam uma mudança que os liberte desta tristeza individualista que escraviza.
O tempo, irmãos e irmãs, o tempo parece exaurir-se; já não nos contentamos com lutar entre nós, mas chegamos até a assanhar-nos contra a nossa casa. Hoje, a comunidade científica aceita aquilo que os pobres já há muito denunciam: estão a produzir-se danos talvez irreversíveis no ecossistema. Está-se a castigar a terra, os povos e as pessoas de forma quase selvagem. E por trás de tanto sofrimento, tanta morte e destruição, sente-se o cheiro daquilo que Basílio de Cesareia chamava «o esterco do diabo»: reina a ambição desenfreada de dinheiro. O serviço ao bem comum fica em segundo plano. Quando o capital se torna um ídolo e dirige as opções dos seres humanos, quando a avidez do dinheiro domina todo o sistema socioeconômico, arruína a sociedade, condena o homem, transforma-o em escravo, destrói a fraternidade inter-humana, faz lutar povo contra povo e até, como vemos, põe em risco esta nossa casa comum.
Não quero alongar-me na descrição dos efeitos malignos desta ditadura subtil: vós conhecei-los! Mas também não basta assinalar as causas estruturais do drama social e ambiental contemporâneo. Sofremos de um certo excesso de diagnóstico, que às vezes nos leva a um pessimismo charlatão ou a rejubilar com o negativo. Ao ver a crónica negra de cada dia, pensamos que não haja nada que se possa fazer para além de cuidar de nós mesmos e do pequeno círculo da família e dos amigos.
Que posso fazer eu, recolhedor de papelão, catador de lixo, limpador, reciclador, frente a tantos problemas, se mal ganho para comer? Que posso fazer eu, artesão, vendedor ambulante, carregador, trabalhador irregular, se não tenho sequer direitos laborais? Que posso fazer eu, camponesa, indígena, pescador que dificilmente consigo resistir à propagação das grandes corporações? Que posso fazer eu, a partir da minha comunidade, do meu barraco, da minha povoação, da minha favela, quando sou diariamente discriminado e marginalizado? Que pode fazer aquele estudante, aquele jovem, aquele militante, aquele missionário que atravessa as favelas e os paradeiros com o coração cheio de sonhos, mas quase sem nenhuma solução para os meus problemas? Muito! Podem fazer muito. Vós, os mais humildes, os explorados, os pobres e excluídos, podeis e fazeis muito. Atrevo-me a dizer que o futuro da humanidade está, em grande medida, nas vossas mãos, na vossa capacidade de vos organizar e promover alternativas criativas na busca diária dos “3 T” (trabalho, teto, terra), e também na vossa participação como protagonistas nos grandes processos de mudança nacionais, regionais e mundiais. Não se acanhem!
2. Vós sois semeadores de mudança. Aqui, na Bolívia, ouvi uma frase de que gosto muito: «processo de mudança». A mudança concebida, não como algo que um dia chegará porque se impôs esta ou aquela opção política ou porque se estabeleceu esta ou aquela estrutura social. Sabemos, amargamente, que uma mudança de estruturas, que não seja acompanhada por uma conversão sincera das atitudes e do coração, acaba a longo ou curto prazo por burocratizar-se, corromper-se e sucumbir. Por isso gosto tanto da imagem do processo, onde a paixão por semear, por regar serenamente o que outros verão florescer, substitui a ansiedade de ocupar todos os espaços de poder disponíveis e de ver resultados imediatos. Cada um de nós é apenas uma parte de um todo complexo e diversificado interagindo no tempo: povos que lutam por uma afirmação, por um destino, por viver com dignidade, por «viver bem».
Vós, a partir dos movimentos populares, assumis as tarefas comuns motivados pelo amor fraterno, que se rebela contra a injustiça social. Quando olhamos o rosto dos que sofrem, o rosto do camponês ameaçado, do trabalhador excluído, do indígena oprimido, da família sem teto, do imigrante perseguido, do jovem desempregado, da criança explorada, da mãe que perdeu o seu filho num tiroteio porque o bairro foi tomado pelo narcotráfico, do pai que perdeu a sua filha porque foi sujeita à escravidão; quando recordamos estes «rostos e nomes» estremecem-nos as entranhas diante de tanto sofrimento e comovemo-nos…. Porque «vimos e ouvimos», não a fria estatística, mas as feridas da humanidade dolorida, as nossas feridas, a nossa carne. Isto é muito diferente da teorização abstrata ou da indignação elegante. Isto comove-nos, move-nos e procuramos o outro para nos movermos juntos. Esta emoção feita ação comunitária é incompreensível apenas com a razão: tem um plus de sentido que só os povos entendem e que confere a sua mística particular aos verdadeiros movimentos populares.
Vós viveis, cada dia, imersos na crueza da tormenta humana. Falastes-me das vossas causas, partilhastes comigo as vossas lutas. E agradeço-vos. Queridos irmãos, muitas vezes trabalhais no insignificante, no que aparece ao vosso alcance, na realidade injusta que vos foi imposta e a que não vos resignais opondo uma resistência ativa ao sistema idólatra que exclui, degrada e mata. Vi-vos trabalhar incansavelmente pela terra e a agricultura camponesa, pelos vossos territórios e comunidades, pela dignificação da economia popular, pela integração urbana das vossas favelas e agrupamentos, pela autoconstrução de moradias e o desenvolvimento da infraestrutura do bairro e em muitas atividades comunitárias que tendem à reafirmação de algo tão elementar e inegavelmente necessário como o direito aos “3 T”: terra, teto e trabalho.
Este apego ao bairro, à terra, ao território, à profissão, à corporação, este reconhecer-se no rosto do outro, esta proximidade no dia-a-dia, com as suas misérias e os seus heroísmos quotidianos, é o que permite realizar o mandamento do amor, não a partir de ideias ou conceitos, mas a partir do genuíno encontro entre pessoas, porque não se amam os conceitos nem as ideias; amam-se as pessoas. A entrega, a verdadeira entrega nasce do amor pelos homens e mulheres, crianças e idosos, vilarejos e comunidades... Rostos e nomes que enchem o coração. A partir destas sementes de esperança semeadas pacientemente nas periferias esquecidas do planeta, destes rebentos de ternura que lutam por subsistir na escuridão da exclusão, crescerão grandes árvores, surgirão bosques densos de esperança para oxigenar este mundo.
Vejo, com alegria, que trabalhais no que aparece ao vosso alcance, cuidando dos rebentos; mas, ao mesmo tempo, com uma perspectiva mais ampla, protegendo o arvoredo. Trabalhais numa perspectiva que não só aborda a realidade sectorial que cada um de vós representa e na qual felizmente está enraizada, mas procurais também resolver, na sua raiz, os problemas gerais de pobreza, desigualdade e exclusão.
Felicito-vos por isso. É imprescindível que, a par da reivindicação dos seus legítimos direitos, os povos e as suas organizações sociais construam uma alternativa humana à globalização exclusiva. Vós sois semeadores de mudança. Que Deus vos dê coragem, alegria, perseverança e paixão para continuar a semear. Podeis ter a certeza de que, mais cedo ou mais tarde, vamos ver os frutos. Peço aos dirigentes: sede criativos e nunca percais o apego às coisas próximas, porque o pai da mentira sabe usurpar palavras nobres, promover modas intelectuais e adoptar posições ideológicas, mas se construirdes sobre bases sólidas, sobre as necessidades reais e a experiência viva dos vossos irmãos, dos camponeses e indígenas, dos trabalhadores excluídos e famílias marginalizadas, de certeza não vos equivocareis.
A Igreja não pode nem deve ser alheia a este processo no anúncio do Evangelho. Muitos sacerdotes e agentes pastorais realizam uma tarefa imensa acompanhando e promovendo os excluídos em todo o mundo, ao lado de cooperativas, dando impulso a empreendimentos, construindo casas, trabalhando abnegadamente nas áreas da saúde, desporto e educação. Estou convencido de que a cooperação amistosa com os movimentos populares pode robustecer estes esforços e fortalecer os processos de mudança.
No coração, tenhamos sempre a Virgem Maria, uma jovem humilde duma pequena aldeia perdida na periferia dum grande império, uma mãe sem tecto que soube transformar um curral de animais na casa de Jesus com uns pobres paninhos e uma montanha de ternura. Maria é sinal de esperança para os povos que sofrem dores de parto até que brote a justiça. Rezo à Virgem do Carmo, padroeira da Bolívia, para fazer com que este nosso Encontro seja fermento de mudança.
3. Por último, gostaria que refletíssemos, juntos, sobre algumas tarefas importantes neste momento histórico, pois queremos uma mudança positiva em benefício de todos os nossos irmãos e irmãs. Disto estamos certos! Queremos uma mudança que se enriqueça com o trabalho conjunto de governos, movimentos populares e outras forças sociais. Sabemos isto também! Mas não é tão fácil definir o conteúdo da mudança, ou seja, o programa social que reflita este projeto de fraternidade e justiça que esperamos. Neste sentido, não esperem uma receita deste Papa. Nem o Papa nem a Igreja têm o monopólio da interpretação da realidade social e da proposta de soluções para os problemas contemporâneos. Atrever-me-ia a dizer que não existe uma receita. A história é construída pelas gerações que se vão sucedendo no horizonte de povos que avançam individuando o próprio caminho e respeitando os valores que Deus colocou no coração.
Gostaria, no entanto, de vos propor três grandes tarefas que requerem a decisiva contribuição do conjunto dos movimentos populares:
3.1 A primeira tarefa é pôr a economia ao serviço dos povos.
Os seres humanos e a natureza não devem estar ao serviço do dinheiro. Digamos NÃO a uma economia de exclusão e desigualdade, onde o dinheiro reina em vez de servir. Esta economia mata. Esta economia exclui. Esta economia destrói a Mãe Terra.
A economia não deveria ser um mecanismo de acumulação, mas a condigna administração da casa comum. Isto implica cuidar zelosamente da casa e distribuir adequadamente os bens entre todos. A sua finalidade não é unicamente garantir o alimento ou um «decoroso sustento». Não é sequer, embora fosse já um grande passo, garantir o acesso aos “3 T” pelos quais combateis. Uma economia verdadeiramente comunitária – poder-se-ia dizer, uma economia de inspiração cristã – deve garantir aos povos dignidade, «prosperidade e civilização em seus múltiplos aspectos».[1] Isto envolve os “3 T” mas também acesso à educação, à saúde, à inovação, às manifestações artísticas e culturais, à comunicação, ao desporto e à recreação. Uma economia justa deve criar as condições para que cada pessoa possa gozar duma infância sem privações, desenvolver os seus talentos durante a juventude, trabalhar com plenos direitos durante os anos de atividade e ter acesso a uma digna aposentação na velhice. É uma economia onde o ser humano, em harmonia com a natureza, estrutura todo o sistema de produção e distribuição de tal modo que as capacidades e necessidades de cada um encontrem um apoio adequado no ser social. Vós – e outros povos também – resumis este anseio duma maneira simples e bela: «viver bem».
Esta economia é não apenas desejável e necessária, mas também possível. Não é uma utopia, nem uma fantasia. É uma perspectiva extremamente realista. Podemos consegui-la. Os recursos disponíveis no mundo, fruto do trabalho intergeneracional dos povos e dos dons da criação, são mais que suficientes para o desenvolvimento integral de «todos os homens e do homem todo».[2] Mas o problema é outro. Existe um sistema com outros objetivos. Um sistema que, apesar de acelerar irresponsavelmente os ritmos da produção, apesar de implementar métodos na indústria e na agricultura que sacrificam a Mãe Terra na ara da «produtividade», continua a negar a milhares de milhões de irmãos os mais elementares direitos económicos, sociais e culturais. Este sistema atenta contra o projeto de Jesus.
A justa distribuição dos frutos da terra e do trabalho humano não é mera filantropia. É um dever moral. Para os cristãos, o encargo é ainda mais forte: é um mandamento. Trata-se de devolver aos pobres e às pessoas o que lhes pertence. O destino universal dos bens não é um adorno retórico da doutrina social da Igreja. É uma realidade anterior à propriedade privada. A propriedade, sobretudo quando afeta os recursos naturais, deve estar sempre em função das necessidades das pessoas. E estas necessidades não se limitam ao consumo. Não basta deixar cair algumas gotas, quando os pobres agitam este copo que, por si só, nunca derrama. Os planos de assistência que acodem a certas emergências deveriam ser pensados apenas como respostas transitórias. Nunca poderão substituir a verdadeira inclusão: a inclusão que dá o trabalho digno, livre, criativo, participativo e solidário.
Neste caminho, os movimentos populares têm um papel essencial, não apenas exigindo e reclamando, mas fundamentalmente criando. Vós sois poetas sociais: criadores de trabalho, construtores de casas, produtores de alimentos, sobretudo para os descartados pelo mercado global.
Conheci de perto várias experiências, onde os trabalhadores, unidos em cooperativas e outras formas de organização comunitária, conseguiram criar trabalho onde só havia sobras da economia idólatra. As empresas recuperadas, as feiras francas e as cooperativas de catadores de papelão são exemplos desta economia popular que surge da exclusão e que pouco a pouco, com esforço e paciência, adopta formas solidárias que a dignificam. Quão diferente é isto do facto de os descartados pelo mercado formal serem explorados como escravos!
Os governos que assumem como própria a tarefa de colocar a economia ao serviço das pessoas devem promover o fortalecimento, melhoria, coordenação e expansão destas formas de economia popular e produção comunitária. Isto implica melhorar os processos de trabalho, prover de adequadas infraestruturas e garantir plenos direitos aos trabalhadores deste sector alternativo. Quando Estado e organizações sociais assumem, juntos, a missão dos “3 T”, ativam-se os princípios de solidariedade e subsidiariedade que permitem construir o bem comum numa democracia plena e participativa.
3.2 A segunda tarefa é unir os nossos povos no caminho da paz e da justiça.
Os povos do mundo querem ser artífices do seu próprio destino. Querem caminhar em paz para a justiça. Não querem tutelas nem interferências, onde o mais forte subordina o mais fraco. Querem que a sua cultura, o seu idioma, os seus processos sociais e tradições religiosas sejam respeitados. Nenhum poder efetivamente constituído tem direito de privar os países pobres do pleno exercício da sua soberania e, quando o fazem, vemos novas formas de colonialismo que afetam seriamente as possibilidades de paz e justiça, porque «a paz funda-se não só no respeito pelos direitos do homem, mas também no respeito pelo direito dos povos, sobretudo o direito à independência».[3]
Os povos da América Latina alcançaram, com um parto doloroso, a sua independência política e, desde então, viveram já quase dois séculos duma história dramática e cheia de contradições procurando conquistar uma independência plena.
Nos últimos anos, depois de tantos mal-entendidos, muitos países latino-americanos viram crescer a fraternidade entre os seus povos. Os governos da região juntaram seus esforços para fazer respeitar a sua soberania, a de cada país e a da região como um todo que, de forma muito bela como faziam os nossos antepassados, chamam a «Pátria Grande». Peço-vos, irmãos e irmãs dos movimentos populares, que cuidem e façam crescer esta unidade. É necessário manter a unidade contra toda a tentativa de divisão, para que a região cresça em paz e justiça.
Apesar destes avanços, ainda subsistem fatores que atentam contra este desenvolvimento humano equitativo e coarctam a soberania dos países da «Pátria Grande» e doutras latitudes do Planeta. O novo colonialismo assume variadas fisionomias. Às vezes, é o poder anónimo do ídolo dinheiro: corporações, credores, alguns tratados denominados «de livre comércio» e a imposição de medidas de «austeridade» que sempre apertam o cinto dos trabalhadores e dos pobres. Os bispos latino-americanos denunciam-no muito claramente, no documento de Aparecida, quando afirmam que «as instituições financeiras e as empresas transnacionais se fortalecem ao ponto de subordinar as economias locais, sobretudo debilitando os Estados, que aparecem cada vez mais impotentes para levar adiante projetos de desenvolvimento a serviço de suas populações».[4] Noutras ocasiões, sob o nobre disfarce da luta contra a corrupção, o narcotráfico ou o terrorismo – graves males dos nossos tempos que requerem uma ação internacional coordenada – vemos que se impõem aos Estados medidas que pouco têm a ver com a resolução de tais problemáticas e muitas vezes tornam as coisas piores.
Da mesma forma, a concentração monopolista dos meios de comunicação social que pretende impor padrões alienantes de consumo e certa uniformidade cultural é outra das formas que adopta o novo colonialismo. É o colonialismo ideológico. Como dizem os bispos da África, muitas vezes pretende-se converter os países pobres em «peças de um mecanismo, partes de uma engrenagem gigante».[5]
Temos de reconhecer que nenhum dos graves problemas da humanidade pode ser resolvido sem a interação dos Estados e dos povos a nível internacional. Qualquer acto de envergadura realizado numa parte do Planeta repercute-se no todo em termos económicos, ecológicos, sociais e culturais. Até o crime e a violência se globalizaram. Por isso, nenhum governo pode atuar à margem duma responsabilidade comum. Se queremos realmente uma mudança positiva, temos de assumir humildemente a nossa interdependência. Mas interação não é sinónimo de imposição, não é subordinação de uns em função dos interesses dos outros. O colonialismo, novo e velho, que reduz os países pobres a meros fornecedores de matérias-primas e mão de obra barata, gera violência, miséria, emigrações forçadas e todos os males que vêm juntos... precisamente porque, ao pôr a periferia em função do centro, nega-lhes o direito a um desenvolvimento integral. Isto é desigualdade, e a desigualdade gera violência que nenhum recurso policial, militar ou dos serviços secretos será capaz de deter.
Digamos NÃO às velhas e novas formas de colonialismo. Digamos SIM ao encontro entre povos e culturas. Bem-aventurados os que trabalham pela paz.
Aqui quero deter-me num tema importante. É que alguém poderá, com direito, dizer: «Quando o Papa fala de colonialismo, esquece-se de certas ações da Igreja». Com pesar, vo-lo digo: Cometeram-se muitos e graves pecados contra os povos nativos da América, em nome de Deus. Reconheceram-no os meus antecessores, afirmou-o o CELAM e quero reafirmá-lo eu também. Como São João Paulo II, peço que a Igreja «se ajoelhe diante de Deus e implore o perdão para os pecados passados e presentes dos seus filhos».[6] E eu quero dizer-vos, quero ser muito claro, como foi São João Paulo II: Peço humildemente perdão, não só para as ofensas da própria Igreja, mas também para os crimes contra os povos nativos durante a chamada conquista da América.
Peço-vos também a todos, crentes e não crentes, que se recordem de tantos bispos, sacerdotes e leigos que pregaram e pregam a boa nova de Jesus com coragem e mansidão, respeito e em paz; que, na sua passagem por esta vida, deixaram impressionantes obras de promoção humana e de amor, pondo-se muitas vezes ao lado dos povos indígenas ou acompanhando os próprios movimentos populares mesmo até ao martírio. A Igreja, os seus filhos e filhas, fazem parte da identidade dos povos na América Latina. Identidade que alguns poderes, tanto aqui como noutros países, se empenham por apagar, talvez porque a nossa fé é revolucionária, porque a nossa fé desafia a tirania do ídolo dinheiro. Hoje vemos, com horror, como no Médio Oriente e noutros lugares do mundo se persegue, tortura, assassina a muitos irmãos nossos pela sua fé em Jesus. Isto também devemos denunciá-lo: dentro desta terceira guerra mundial em parcelas que vivemos, há uma espécie de genocídio em curso que deve cessar.
Aos irmãos e irmãs do movimento indígena latino-americano, deixem-me expressar a minha mais profunda estima e felicitá-los por procurarem a conjugação dos seus povos e culturas segundo uma forma de convivência, a que eu chamo poliédrica, onde as partes conservam a sua identidade construindo, juntas, uma pluralidade que não atenta contra a unidade, mas fortalece-a. A sua procura desta interculturalidade que conjuga a reafirmação dos direitos dos povos nativos com o respeito à integridade territorial dos Estados enriquece-nos e fortalece-nos a todos.
3.3 A terceira tarefa, e talvez a mais importante que devemos assumir hoje, é defender a Mãe Terra.
A casa comum de todos nós está a ser saqueada, devastada, vexada impunemente. A covardia em defendê-la é um pecado grave. Vemos, com crescente decepção, sucederem-se uma após outra cimeiras internacionais sem qualquer resultado importante. Existe um claro, definitivo e inadiável imperativo ético de atuar que não está a ser cumprido. Não se pode permitir que certos interesses – que são globais, mas não universais – se imponham, submetendo Estados e organismos internacionais, e continuem a destruir a criação. Os povos e os seus movimentos são chamados a clamar, mobilizar-se, exigir – pacífica mas tenazmente – a adopção urgente de medidas apropriadas. Peço-vos, em nome de Deus, que defendais a Mãe Terra. Sobre este assunto, expressei-me devidamente na carta encíclica Laudato si’.
4. Para concluir, quero dizer-lhes novamente: O futuro da humanidade não está unicamente nas mãos dos grandes dirigentes, das grandes potências e das elites. Está fundamentalmente nas mãos dos povos; na sua capacidade de se organizarem e também nas suas mãos que regem, com humildade e convicção, este processo de mudança. Estou convosco. Digamos juntos do fundo do coração: nenhuma família sem teto, nenhum camponês sem-terra, nenhum trabalhador sem direitos, nenhum povo sem soberania, nenhuma pessoa sem dignidade, nenhuma criança sem infância, nenhum jovem sem possibilidades, nenhum idoso sem uma veneranda velhice. Continuai com a vossa luta e, por favor, cuidai bem da Mãe Terra. Rezo por vós, rezo convosco e quero pedir a nosso Pai Deus que vos acompanhe e abençoe, que vos cumule do seu amor e defenda no caminho concedendo-vos, em abundância, aquela força que nos mantém de pé: esta força é a esperança, a esperança que não decepciona. Obrigado! E peço-vos, por favor, que rezeis por mim.
[1] JOÃO XXIII, Carta enc. Mater et Magistra (15 de Maio de 1961), 3: AAS 53 (1961), 402.
[2] PAULO VI, Carta enc. Popolorum progressio, 14.
[3] PONTIFÍCIO CONSELHO «JUSTIÇA E PAZ», Compêndio da Doutrina Social da Igreja, 157.
[4] V CONFERÊNCIA GERAL DO EPISCOPADO LATINO-AMERICANO E DO CARIBE (2007), Documento de Aparecida, 66.
[5] JOÃO PAULO II, Exort. ap. pós-sinodal Ecclesia in Africa (14 de Setembro de 1995), 52: AAS 88 (1996), 32-33. Cf. IDEM, Carta enc. Sollicitudo rei socialis (30 de Dezembro de 1987), 22: AAS 80 (1988), 539.
[6] JOÃO PAULO II, Bula Incarnationis mysterium, 11.
terça-feira, 2 de junho de 2015
Campanha de Solidariedade com o Haiti “Declaração de São Paulo” – 23 de maio de 2015
Nós, mais de 32 movimentos sociais, entidades sindicais, pastorais sociais, organizações e redes da sociedade civil brasileira e latino-americana e associações de migrantes haitianos no Brasil estivemos reunidos em um seminário na cidade de São Paulo, durante os dias 22 e 23 de maio de 2015, a fim de discutir - após 11 anos de ocupação do Haiti pela MINUSTAH - a luta por um Haiti livre e soberano, pela autodeterminação do povo haitiano. Em uníssono, reafirmamos: fora às tropas estrangeiras do Haiti!
Nesses dias buscamos discutir a realidade de ocupação militar vivida pelo povo do Haiti e forjar laços de solidariedade com os milhares de haitianos que deixam o Haiti fugindo da miséria, da dominação colonial e da realidade de repressão e exploração vivida em seu país na esperança de encontrar melhores condições de vida no país de onde a maioria das tropas de ocupação advém: o Brasil.
Ao mesmo tempo, registramos a declaração do ministro da Defesa Jaques Wagner, na Comissão de Comissão de Relações Exteriores (CRE) do Senado "a missão no Haiti acaba ano que vem, não por decisão nossa, porque, na medida em que nos incorporamos a um programa desse, ficamos um pouco submetidos à decisão das Nações Unidas". Declaração essa que enseja uma questão: porque esperar até lá? Nossa exigência inequívoca é retirada incondicional e imediata das tropas brasileiras do Haiti! Onze anos bastam!
E após a saída das tropas, a verdadeira solidariedade do povo brasileiro para com o Haiti deve se expressar: com uma década de comando militar da força de ocupação, o Brasil não pode eximir-se de suas responsabilidades e simplesmente esquecer o Haiti.
Nestes dois dias pudemos trocar informações, compartilhar experiências e visões políticas sobre o quadro produzido e sustentado pela ocupação da nação caribenha pela força de ocupação das Nações Unidas chefiadas pelo exército brasileiro (MINUSTAH), assim como debatemos a fundo – a partir dos relatos dos imigrantes haitianos presentes e também dos moradores dos complexos do Alemão e Maré, no Rio de Janeiro– formas de prestar solidariedade concreta aos povos e comunidades que estão vivendo sob ocupação militar.
A discussão feita incluiu ainda a exigência do cancelamento imediato das dívidas financeiras do Haiti com os bancos multilaterais (BM e BID) e com o governo brasileiro. E apoio à luta do povo haitiano pela restituição, por parte do governo francês, de 22 bilhões de dólares referentes ao pagamento da dívida de independência do Haiti, assim como reparações pela dívida colonial que os Estados europeus contraíram a partir da exploração histórica do povo que realizou a ‘Revolução Negra’ das Américas.
Segue abaixo demandas debatidas e encaminhadas pelos participantes do seminário:
- Dos Imigrantes haitianos
Por uma política migratória norteada pelos direitos humanos. Os imigrantes não podem ser retratados como um problema, nem pelos governos, nem pela imprensa.
Apoio imediato e concreto dos governos (municipais, estaduais e federal) e da sociedade brasileira aos haitianos no Brasil: boas-vindas, solidariedade, respeito a dignidade da pessoa humana, combate ao racismo e à xenofobia. Todo apoio às entidades que acolhem os imigrantes!
Programa de informação e formação dos funcionários que tratam dos serviços, pedidos e processos dos imigrantes no Brasil. Definição imediata dos órgãos e repartições públicas que atendem aos imigrantes para evitar que seus direitos sejam violados. Pelo fim imediato do “jogo de empurra” entre as autoridades públicas brasileiras em relação aos haitianos no Brasil!
Agilidade no julgamento dos pedidos de residência atualmente existentes no Ministérios da Justiça.
Políticas Públicas adequadas ao atendimento dos imigrantes haitianos, (sejam os refugiados - via CONARI, sejam os que têm vistos humanitários) com destaque para a divulgação e o acesso ao atendimento de saúde na rede pública, em particular no que se refere à saúde das mulheres.
Programa Especial de Validação de diplomas, cursos de português, acesso a documentação e empregos dignos, que valorizem as capacidades profissionais dos/as haitianos/as (como médicos/as, advogados/as, professores/as etc.) para contribuir com a sociedade brasileira, nos setores públicos e privado, em nosso país. Levar em conta as abordagens culturais e utilizar as potencialidades dos haitianos para ajudar os haitianos, inclusive para uma maior e melhor inclusão dos haitianos na sociedade brasileira e nos postos de trabalho.
- Das comunidades sob ocupação militar:
Fora Tropas militares já! De Porto Príncipe ao Alemão e Maré, precisamos de solidariedade, para uma melhor condição de vida. Não à dominação estrangeira e imperialista acompanhada de violência e terror. Fora militarização no Haiti e no Brasil. Precisamos de garantia de direitos e não de forças de guerra. Viva a soberania haitiana.
Fim das GLO (Garantia de Lei e Ordem), que permitem que as Forças Armadas atuem com poder de polícia nas comunidades pobres do Rio de Janeiro e de todo país. Chega de Exército perseguindo brasileiros. Que nenhum civil seja julgado por tribunais militares. Que os militares que cometeram crimes contra civis, sejam julgados por civis: pela desmilitarização da Justiça!
Pela soberania nacional e popular do povo haitiano, e pelo respeito ao fortalecimento das instituições haitianas.
Auditoria e prestação de contas da MINUSTAH, e da atuação das forças militares na Maré e Alemão.
Haiti Livre e Soberano!
Fora Minustah!
11 Anos Basta!
Subscrevem:
ADITAL
Amigos da Terra – Brasil
Associação dos Haitianos de Caxias do Sul/RS
Associação dos Haitianos de Manaus/AM
Associação dos Migrantes Haitianos no Brasil
CAMI - Centro de Apoio e Pastoral do Migrante
Cáritas Brasileira – Regional Ceará
Cáritas Brasileira - Regional Paraná
Cáritas Brasileira Nacional
Casa das Áfricas
CDHIC - Centro de Direitos Humanos e Cidadania do Imigrante
Centro de Acolhida para os Migrantes – Sefras
Centro de Referencia em Direitos Humanos do Paraná
CMP - Central dos Movimentos Populares
Coletivo de Mídia “Tatuzaroio”
Coletivo do Mandato Juliana Cardoso/SP
Coletivo Educar para o Mundo
Coletivo Papo Reto/RJ
Comitê Pró—Haiti
Comitê “defender o Haiti é defender a nós mesmos”
Comunidade da Maré/RJ
Comunidade do Alemão/RJ
CSP-Conlutas
CUT - Central Única dos Trabalhadores.
Estudante da FATEC Barueri/SP
Estudante da FSP/USP
Estudantes da Universidade Federal do ABC/SP
Estudantes do PROLAM/USP
GEP – Museu da Maré
GERESS - Grupo formado por Assistentes Sociais e Estudantes de Serviço Social
Grito dos Excluídos Nacional
IMDH - Instituto Migrações e Direitos Humanos
JOC – Juventude Operária Católica Brasileira
Jubileu Sul Américas
Jubileu Sul Brasil
Juventude Revolução
Missão Paz
MMM - Marcha Mundial das Mulheres
Movimento de Moradia para Todos
Movimento Nossa Classe
MST – Movimento dos Trabalhadores Sem Terra
MTST – Movimento dos Trabalhadores Sem Teto
Ocupação Progresso/Porto Alegre/RS
ONG Comunidades Africanas no Brasil
PACS – Instituto de Políticas Alternativas para o ConeSul
Pastoral Operária Nacional
PMM - Pastoral da Mulher Marginalizada
SEFRAS - Serviço Franciscano de Solidariedade
SEPLA – Sociedade de Economia Política Latino-americana
Serviço Pastoral dos Migrantes de Manaus
Sindicato dos Comerciários de Nova Iguaçu e Região/RJ
Sindicato dos Metroviários de São Paulo/SP
SOF - Sempreviva Organização Feminista
SPM – Serviço Pastoral dos Migrantes
UJC - União da Juventude Comunista
Uneafro-Brasil
Algumas das ações indicadas no seminário:
- Audiência com o Ministro da Defesa, Ministro da Justiça, Itamarati, e Direitos Humanos (com caravana à Brasilia com representantes das organizações e haitianos);
- Memes para as redes sociais e twitaço com frases como: Haiti Livre e Soberano! Fora Minustah! 11 Anos Basta!
- Postagens de fotos nas redes sociais de quem apoia a luta com as frases (Haiti Livre e Soberano! Fora Minustah! 11 Anos Basta!);
- Onde possível realização de eventos culturais (sarau, debates, rodas de samba, atividades de rua, etc.);
- sugerir às Casas Legislativas (vereadores, deputados federais e estaduais) que leiam a carta abaixo no dia 02 de junho.
Os demais pontos indicados para a Campanha serão organizados numa reunião de trabalho do coletivo que organizou o seminário e divulgado oportunamente
terça-feira, 26 de maio de 2015
Carta de Monseñor Romero al presidente Jimmy Carter
Juan José Tamayo////////////////////////////////////////////////////////
Adital////////////////////////////////////////////////////////////////
Poco más de un de un mes antes de ser asesinado, al enterarse por la prensa nacional de que Estados Unidos estaba estudiando la posibilidad de enviar ayuda económica y militar a la Junta de Gobierno de El Salvador, Romero escribió una carta al presidente de Estados Unidos, Jimmy Carter, en la que le expresaba su preocupación por que el Gobierno de los Estados Unidos estuviera estudiando la manera de favorecer la carrera armamentística de El Salvador con el envío de equipos militares y asesores.
Si tal información se confirmara, escribe Romero, la medida de Estados Unidos "en lugar de favorecer una mayor justicia y paz en El Salvador agudiza sin duda la injusticia y la represión contra el pueblo organizado que muchas veces ha estado luchando por que se respeten sus derechos humanos más fundamentales”.
El arzobispo de San Salvador acusaba a la Junta de Gobierno, las Fuerzas Armadas y los Cuerpos de Seguridad de El Salvador de que "solo han recurrido a la violencia represiva produciendo un saldo de muertos y heridos mucho mayor que los regímenes militares recién pasados”. Por eso pedía a Jimmy Carter que prohibiera dar dicha ayuda militar al Gobierno salvadoreño y que "su Gobierno no intervenga directa o indirectamente con presiones militares, económicas, diplomáticas, etc. en determinar el destino del pueblo salvadoreño”.
Citando la Conferencia Episcopal Latinoamericana de Puebla, Romero consideraba deplorable e injusta la intromisión de potencias extranjeras en la trayectoria económica y política del país y reclamaba el derecho a la legítima autodeterminación. Dado su elevado nivel de concientización y organización, creía que el pueblo era el único capaz de superar la crisis en la que se encontraba el país y de asumir la gestión responsable del futuro de El Salvador.
Numerosas fueron las muestras de solidaridad con la Carta que llegaron de diversos sectores del pueblo y de la Iglesia, entre ellos religiosas y sacerdotes que trabajaban pastoralmente en El Salvador y varios obispos latinoamericanos que expresaron a Romero su apoyo por dicho gesto de protesta, así como su solidaridad ante la destrucción de la emisora de la archidiócesis.
La carta fue calificada de "devastadora” por un miembro del Gobierno de Estados Unidos. Calificativo que fue respondido por Romero diciendo que "no he querido devastar, sino simplemente, en nombre del pueblo, pedir lo que ya gracias a Dios parece ha hecho abrir los ojos a Estados Unidos”. Jimmy Carter le respondió con una larga misiva en la que justificaba su apoyo a la Junta porque "ofrece las mejores perspectivas” y afirmaba que "la mayor parte de la ayuda económica será en beneficio de los más necesitados”.
No obstante, en la "ayuda militar, Estados Unidos reconoce desafortunadas actuaciones que ocasionalmente han tenido las Fuerzas Armadas en el pasado”. Y dirigiéndose a Romero Carter afirma: "Nos preocupa tanto como a Usted que no sea usado ese subsidio en forma represiva y que se trata de mantener el orden con un uso mínimo de fuerza letal”.
La carta de Carter se refería a la necesidad de un ambiente menos beligerante y de menor confrontación y aseveraba que los Estados Unidos no interferirían en los asuntos internos de El Salvador. Mencionaba, además, la amenaza de guerra civil que presenta como alternativa a las reformas del Gobierno.
Romero dio a conocer el contenido de la carta de Carter en la homilía del 16 de marzo de 1980 y también su valoración. Le parecía un juicio político discutible decir que la Junta de Gobierno de el salvador ofrecía mejores perspectivas. Sobre la injerencia de Estados Unidos en los asuntos de El Salvador, el comentario del arzobispo no podía ser más expresivo: "Esperamos que los hechos hablen mejor que las palabras”.
Sobre la alternativa de guerra civil a las reformas de la Junta a la que se refería el Presidente estadounidense como amenaza, Romero creía que su tendencia era a crear psicosis, que no había que estar impresionados por una próxima guerra civil y que había otras alternativas racionales que era necesario buscar.
Sobre la ayuda militar reclamaba una severa vigilancia "para que no redunde en represión de nuestro pueblo. Y esto es evidente porque la postura de la Fuerza Armada se ha ido, cada vez más, haciendo pro-oligárquica y brutalmente represiva”.
La Carta de Monseñor Romero a Jimmy Carter demuestra que la denuncia profética del arzobispo de San Salvador no solo se dirigía al poder político, económico, militar y paramilitar de su país, sino que apuntaba al corazón mismo del Imperio norteamericano en la persona de su Presidente.
/////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////Juan José Tamayo
Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones "Ignacio Ellacuría” de la Universidad Carlos III de Madrid y director de la obra colectiva "San Romero de América, Mártir de la Justicia” (Tirant Lo Blanch, València, 2015)
quarta-feira, 20 de maio de 2015
Seminário Nacional sobre o Haiti: construindo solidariedade
sexta-feira, 20 de fevereiro de 2015
‘Santo’ popular na reta final de beatificação
Teologia da Libertação////////
18.02.2015//////
[ El Salvador ]//////
Sergio Ferrari////////////
Adital/////////////
Sergio Ferrari*/////////////////////
Na primeira semana de fevereiro, o Vaticano anunciou a decisão de avançar, rapidamente, na beatificação do bispo salvadorenho Oscar Arnulfo Romero, dinamizando assim um processo interno da igreja iniciado em 1994. Esse anúncio foi interpretado como um sinal a mais do Papa Francisco de aproximação com a Igreja latino-americana comprometida, da qual Monsenhor Romero é uma das suas figuras emblemáticas.
Em 24 de março de 1980, Monsenhor Romero foi assassinado quando celebrava uma missa na Capela do Hospital da Divina Providência, na capital de El Salvador. Era o momento da Eucaristia. "Que este Corpo imolado e este Sangue sacrificado pelos homens nos alimente também para dar o nosso corpo e nosso sangue pelo sofrimento e a dor, como Cristo, não para si, mas para dar conceitos de Justiça e de paz ao nosso povo…”. Nesse instante da alocução soou o disparo que atravessou seu coração, decretando a morte instantânea no mesmo altar onde ministrava.
Mais de 30 anos depois, foi conhecida a identidade do assassino, um sub-sargento da extinta Guarda Nacional. Marino Samayor Acosta reconheceu que a ordem para o crime foi recebida do major Roberto d’Abuisson, um dos promotores dos esquadrões da morte e depois fundador do partido ARENA (Alianza Republicana Nacionalista) que gobernó el país durante veinte años até 2009.
O impacto de matar um bispo
"O assassinato de Monsenhor Romero teve uma repercussão enorme, na América Central, na América Latina, na Europa, no mundo inteiro. Não havia precedentes na história contemporênea de um atentado dessa natureza contra um alto prelado, assassinado justamente no momento da consagração”, explica o jornalista Jacques Berset.
Berset, que durante anos foi o chefe de redação da Agência de Notícias Internacional Católica, com sede em Friburgo, Suíça, hoje, integra a equipe da Cath-Info. É um fino analista da realidade de El Salvador, país para onde tem realizado várias viagens. A primeira delas, em 1984, a última, em 2014, quando percorreu todas as dioceses do país.
Os "dois” Romero
O bispo de San Salvador – e vice-presidente da Conferência Episcopal – havia recebido várias ameaças desde o início de1977, quando, aos 60 anos, viveu uma transformação pessoal radical. Até então, se autoclassificava como conservador e não renegava de pertencer a uma linha eclesial tradicional.
"Foi sempre um religioso honesto e próximo das pessoas. Contudo, o assassinato, em março de 1977, do sacerdote jesuíta Rutilio Grande, um íntimo amigo e estreito colaborador, operou como detonador de uma mudança profunda em sua postura”, assinala Berset. Rutilio Grande, identificado com a Teologia da Libertação, promovia na Paróquia de Aguilares as comunidades eclesiais de base e a organização dos camponeses da zona.
Em apenas três anos, Romero foi assumindo posturas públicas que o levaram a enfrentar cada vez mais o gobierno da época e as forças armadas. "Paradoxicalmente, quando foi nomeado arcebispo de San Salvador, em 03 de fevereiro de 1977, a maioria do clero, com forte inserção na base e compromisso social, não ficou contente com sua nomeação. E foi a oligarquia salvadorenha que festejou sua nomeação”, destaca o jornalista da Cath-ch.
Praticamente, em nenhuma homilia desses três últimos anos, faltou uma referência direta à situação política nacional e às vivências sofridas e cotidianas dos setores mais marginalizados, a base da sua igreja.
"Lutar pelo reino de Deus…não é comunismo, não é se meter em política. É, simplesmente, o Evangelho que se reclama do homem, do cristião de hoje, mais compromisso com a história” ressaltava Romero em 16 de julho del 1977. Tornando-se porta-voz da defesa dos direitos humanos de sua comunidade.
E seu tom foi, dia a dia, aumentando em intensidade. Até denunciar, abertamente, em fevereiro de 1980, a oligarquia, "que defende seus mesquinhos interesses…o controle do investimento, a agro-exportação e o monopólio da terra”. Ou interpelar, nesse mesmo mês, o então presidente dos Estados Unidos da América, James Carter, por sua política agressiva que "agrava a injustiça e a repressão contra o povo organizado”.
A voz profética
Mas foi, sem dúvida, a homilia do dia anterior ao seu assassinato, em 23 de março de 1980, a que exemplifica o nível de compromisso do prelado, segundo analisa Jacques Berset. Que recorda, textualmente, a ordem episcopal lançada pelo bispo: "Cesse à repressão! Eu quero fazer um chamamento muito especial aos homens do exército e, concretamente, às bases da Guarda Nacional, da polícia, dos quartéis. Irmãos, são do nosso mesmo povo, matam seus próprios irmãos camponeses…Nenhum soldado é obrigado a obedecer uma ordem contra a lei de Deus de "não matar”, exclamava Romero.
Um grito profético pela desobediência civil em um momento de intensa guerra civil, que, após mais de uma década, culminaría, em 1992, com os Acordos de Paz de Chapultepec, deixando o terrível saldo de mais de 100 mil mortos, lembra Jacques Berset.
Sua transformação de uma postura conservadora para a denúncia do poder político, econômico e militar. A força do seu testemunho e do seu compromisso. Em síntese, seu estilo de vida e a forma brutal da sua morte; a dor não dissimulada de centena de milhares de salvadorenhos e milhões de cristãos latino-americanos, constituem algumas das razões que explicam a notoriedade de Monsenhor Romero, explica Berset. Que destaca, entretanto, como o fato essencial, a "conversão rápida do bispo” que o converteu, ao morrer, em "São Romero das Américas”, segundo a terminologia popular. Um santo da rua a caminho agora da beatificação oficial pelo Vaticano.
*Sergio Ferrari, swissinfo.ch em colaboração com E-CHANGER/COMUNDO
Monsenhor Romero frente a um espelho
"Não tenho medo de morrer, apenas certo temor prudente, mas não um medo que me iniba de trabalhar…Deus está comigo e se algo me acontecer estou disposto a tudo”. Foi uma das respostas premonitórias do bispo salvadorenho aos jornalistas suíços Otto Honegger e Oswald Item, que apenas cinco meses antes do seu assassinato o entrevistaram para realizar um filme documentário que ganharia logo o prêmio Unda Monte Carlo, em 1980.
"Não creio que houve uma mudança substancial, mas bem uma evolução”, afirmou Monsenhor Romero, respondendo a outra pergunta que o interpelava sobre sua transformação pessoal. "De acordo com minha vocação, pretendi ser sempre fiel no serviço à Igreja e ao povo…” Para o bispo salvadorenho, sua nova sensibilidade foi produto, fundamentalmente, das circunstâncias violentas do contexto no qual devia atuar. "Quando cheguei ao arcebispado, estavam expulsando sacerdotes…Pouco tempo depois, mataram o padre Rutilio Grande… que não era só um colaborador, mas um exemplo de fidelidade até a morte. O impulso dele, por um lado, e a necessidade de defender uma igreja tão perseguida, até o assassinato de sacerdotes, me impulsionaram a uma pastoral com mais sentido de fortaleza em defesa dos direitos da igrela e do homem”, afirmou o bispo salvadorenho nesse já histórico filme.
quarta-feira, 11 de fevereiro de 2015
EUA: encíclica do Papa Francisco gera desconfiança entre conservadores
Estadão Conteúdo///////
Redação Folha Vitória
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Nova York - Movimentos conservadores e parte do clero dos Estados Unidos têm aumentado sua desconfiança sobre a postura do papa Francisco, cuja última novidade vem a ser o lançamento de uma encíclica defendendo a luta contra a mudança climática.
O documento, usado tradicionalmente para os ensinamentos papais mais importantes, está sendo redigido há meses e terá como tema o meio ambiente. Francisco levantou o tema em sua viagem às Filipinas, onde disse o aquecimento global é, "em sua maioria", um feito do homem. Ele também afirmou que gostaria que sua encíclica fosse divulgada a tempo de ser digerida antes da próxima rodada das negociações climáticas das Nações Unidas, que acontecem em novembro, em Paris.
Mesmo antes das últimas declarações, diversos conservadores norte-americanos já haviam criticado o tema da encíclica. "O papa Francisco, e digo isso como um católico, tem sido um completo desastre em seus pronunciamentos sobre políticas públicas", escreveu Steve Moore, economista-chefe do The Heritage Foundation, um think-thank conservador. "Na economia, e ainda mais no meio ambiente, ele tem se aliado com a ultra-esquerda e abraçado uma ideologia que fará as pessoas mais pobres e menos livres."
Enquanto os papas João Paulo II e Bento XVI tinham forte posição em favor da proteção do meio ambiente, Francisco será o primeiro a enfrentar as mudanças climáticas de forma significativa. Ele já faz isso através de uma série de sermões, entrevistas e textos que têm desconcertado conservadores norte-americanos, acostumados a terem muitas de suas prioridades, aborto e casamento à frente, bastante ouvidas em Roma.
"Em sua maior parte, são conservadores que criticaram outros pontífices no passado por discordar das instruções papais contidas em suas encíclicas", afirmou David Cloutier, teólogo da Universidade de St. Mary. "Eles têm medo que o documento irá fazer algo definitivo com o qual eles não concordam. Isso os coloca em uma posição bastante difícil", disse.
As frequentes denúncias do papa contra o sistema financeiro global e outros temas levaram o radialista Rush Limbaugh a dizer que as posições econômicas de Francisco são "puro marxismo". O pontífice afirma que está simplesmente levantando ensinamentos da igreja sobre ajudar os pobres.
A defesa de causas ambientais faz Francisco entrar em um tema bastante espinhoso nos Estados Unidos, e se colocar em larga medida do lado dos democratas, mais abertos a considerar o aquecimento global um problema causado pelo homem. Recentemente, o senador republicano James Inhofe, que já chamou o aquecimento global de "farsa", foi escolhido por seus colegas como presidente do Comitê do Meio Ambiente e da Infraestrutura.
"O que os preocupa é a solução", afirma Anthony Leiserowitz, da universidade Yale. "As mudanças climáticas são um problema que exige ação coletiva. Vão precisar de mudanças nas políticas local, estadual, nacional e internacional", diz.
Para o reverendo James Bretzke, da Universidade de Boston, o documento deve falar mais sobre temas espirituais e morais, como o cuidado para com as criações de Deus com os pobres, que são mais afetados pelas mudanças climáticas. Ele também deve urgir por mais cooperação global para resolver o problema.
"O aquecimento global será aceito e sublinhado", afirmou Bretzke. "Acredito que a encíclica deva fazer insinuações éticas que podem deixar determinados setores desconfortáveis, de indústrias do primeiro mundo a economias emergentes como a China."
O papa deve falar nas Nações Unidas em setembro, meses antes da conferência de Paris. Ele já instou os negociadores a serem "corajosos." Fonte: Associated Press.
quinta-feira, 6 de novembro de 2014
Discurso do Santo Padre Francisco aos participantes do Encontro Mundial de Movimentos Populares
Bom dia de novo. Eu estou contente por estar no meio de vocês. Aliás, vou lhes fazer uma confidência: é a primeira vez que eu desço aqui [na Aula Velha do Sínodo], nunca tinha vindo.******************************************************
Como lhes dizia, tenho muita alegria e lhes dou calorosas boas-vindas. Obrigado por terem aceitado este convite para debater tantos graves problemas sociais que afligem o mundo hoje, vocês, que sofrem em carne própria a desigualdade e a exclusão. Obrigado ao cardeal Turkson pela sua acolhida. Obrigado, Eminência, pelo seu trabalho e pelas suas palavras.
Este encontro de Movimentos Populares é um sinal, é um grande sinal: vocês vieram colocar na presença de Deus, da Igreja, dos povos, uma realidade muitas vezes silenciada. Os pobres não só padecem a injustiça, mas também lutam contra ela!
Não se contentam com promessas ilusórias, desculpas ou pretextos. Também não estão esperando de braços cruzados a ajuda de ONGs, planos assistenciais ou soluções que nunca chegam ou, se chegam, chegam de maneira que vão em uma direção ou de anestesiar ou de domesticar. Isso é meio perigoso. Vocês sentem que os pobres já não esperam e querem ser protagonistas, se organizam, estudam, trabalham, reivindicam e, sobretudo, praticam essa solidariedade tão especial que existe entre os que sofrem, entre os pobres, e que a nossa civilização parece ter esquecido ou, ao menos, tem muita vontade de esquecer.
Solidariedade é uma palavra que nem sempre cai bem. Eu diria que, algumas vezes, a transformamos em um palavrão, não se pode dizer; mas é uma palavra muito mais do que alguns atos de generosidade esporádicos. É pensar e agir em termos de comunidade, de prioridade de vida de todos sobre a apropriação dos bens por parte de alguns. Também é lutar contra as causas estruturais da pobreza, a desigualdade, a falta de trabalho, de terra e de moradia, a negação dos direitos sociais e trabalhistas. É enfrentar os destrutivos efeitos do Império do dinheiro: os deslocamentos forçados, as migrações dolorosas, o tráfico de pessoas, a droga, a guerra, a violência e todas essas realidades que muitos de vocês sofrem e que todos somos chamados a transformar. A solidariedade, entendida em seu sentido mais profundo, é um modo de fazer história, e é isso que os movimentos populares fazem.
Este encontro nosso não responde a uma ideologia. Vocês não trabalham com ideias, trabalham com realidades como as que eu mencionei e muitas outras que me contaram... têm os pés no barro, e as mãos, na carne. Têm cheiro de bairro, de povo, de luta! Queremos que se ouça a sua voz, que, em geral, se escuta pouco. Talvez porque incomoda, talvez porque o seu grito incomoda, talvez porque se tem medo da mudança que vocês reivindicam, mas, sem a sua presença, sem ir realmente às periferias, as boas propostas e projetos que frequentemente ouvimos nas conferências internacionais ficam no reino da ideia, é meu projeto.
Não é possível abordar o escândalo da pobreza promovendo estratégias de contenção que unicamente tranquilizem e convertam os pobres em seres domesticados e inofensivos. Como é triste ver quando, por trás de supostas obras altruístas, se reduz o outro à passividade, se nega ele ou, pior, se escondem negócios e ambições pessoais: Jesus lhes chamaria de hipócritas. Como é lindo, ao contrário, quando vemos em movimento os Povos, sobretudo os seus membros mais pobres e os jovens. Então, sim, se sente o vento da promessa que aviva a esperança de um mundo melhor. Que esse vento se transforme em vendaval de esperança. Esse é o meu desejo.
Este encontro nosso responde a um anseio muito concreto, algo que qualquer pai, qualquer mãe quer para os seus filhos; um anseio que deveria estar ao alcance de todos, mas que hoje vemos com tristeza cada vez mais longe da maioria: terra, teto e trabalho. É estranho, mas, se eu falo disso para alguns, significa que o papa é comunista.
Não se entende que o amor pelos pobres está no centro do Evangelho. Terra, teto e trabalho – isso pelo qual vocês lutam – são direitos sagrados. Reivindicar isso não é nada raro, é a doutrina social da Igreja. Vou me deter um pouco sobre cada um deles, porque vocês os escolheram como tema para este encontro.
Terra. No início da criação, Deus criou o homem, guardião da sua obra, encarregando-o de cultivá-la e protegê-la. Vejo que aqui há dezenas de camponeses e camponesas, e quero felicitá-los por cuidar da terra, por cultivá-la e por fazer isso em comunidade. Preocupa-me a erradicação de tantos irmãos camponeses que sobrem o desenraizamento, e não por guerras ou desastres naturais. A apropriação de terras, o desmatamento, a apropriação da água, os agrotóxicos inadequados são alguns dos males que arrancam o homem da sua terra natal. Essa dolorosa separação, que não é só física, mas também existencial e espiritual, porque há uma relação com a terra que está pondo a comunidade rural e seu modo de vida peculiar em notória decadência e até em risco de extinção.
A outra dimensão do processo já global é a fome. Quando a especulação financeira condiciona o preço dos alimentos, tratando-os como qualquer mercadoria, milhões de pessoas sofrem e morrem de fome. Por outro lado, descartam-se toneladas de alimentos. Isso é um verdadeiro escândalo. A fome é criminosa, a alimentação é um direito inalienável. Eu sei que alguns de vocês reivindicam uma reforma agrária para solucionar alguns desses problemas, e deixem-me dizer-lhes que, em certos países, e aqui cito o Compêndio da Doutrina Social da Igreja, "a reforma agrária é, além de uma necessidade política, uma obrigação moral" (CDSI, 300).
Não sou só eu que digo isso. Está no Compêndio da Doutrina Social da Igreja. Por favor, continuem com a luta pela dignidade da família rural, pela água, pela vida e para que todos possam se beneficiar dos frutos da terra.
Em segundo lugar, teto. Eu disse e repito: uma casa para cada família. Nunca se deve esquecer de que Jesus nasceu em um estábulo porque na hospedagem não havia lugar, que a sua família teve que abandonar o seu lar e fugir para o Egito, perseguida por Herodes. Hoje há tantas famílias sem moradia, ou porque nunca a tiveram, ou porque a perderam por diferentes motivos. Família e moradia andam de mãos dadas. Mas, além disso, um teto, para que seja um lar, tem uma dimensão comunitária: e é o bairro... e é precisamente no bairro onde se começa a construir essa grande família da humanidade, a partir do mais imediato, a partir da convivência com os vizinhos.
Hoje, vivemos em imensas cidades que se mostram modernas, orgulhosas e até vaidosas. Cidades que oferecem inúmeros prazeres e bem-estar para uma minoria feliz... mas se nega o teto a milhares de vizinhos e irmãos nossos, inclusive crianças, e eles são chamados, elegantemente, de "pessoas em situação de rua". É curioso como no mundo das injustiças abundam os eufemismos. Não se dizem as palavras com a contundência, e busca-se a realidade no eufemismo. Uma pessoa, uma pessoa segregada, uma pessoa apartada, uma pessoa que está sofrendo a miséria, a fome, é uma pessoa em situação de rua: palavra elegante, não? Vocês, busquem sempre, talvez me equivoque em algum, mas, em geral, por trás de um eufemismo há um crime.
Vivemos em cidades que constroem torres, centros comerciais, fazem negócios imobiliários... mas abandonam uma parte de si nas margens, nas periferias. Como dói escutar que os assentamentos pobres são marginalizados ou, pior, quer-se erradicá-los! São cruéis as imagens dos despejos forçados, dos tratores derrubando casinhas, imagens tão parecidas às da guerra. E isso se vê hoje.
Vocês sabem que, nos bairros populares, onde muitos de vocês vivem, subsistem valores já esquecidos nos centros enriquecidos. Os assentamentos estão abençoados com uma rica cultura popular: ali, o espaço público não é um mero lugar de trânsito, mas uma extensão do próprio lar, um lugar para gerar vínculos com os vizinhos. Como são belas as cidades que superam a desconfiança doentia e integram os diferentes e que fazem dessa integração um novo fator de desenvolvimento. Como são lindas as cidades que, ainda no seu desenho arquitetônico, estão cheias de espaços que conectam, relacionam, favorecem o reconhecimento do outro.
Por isso, nem erradicação, nem marginalização: é preciso seguir na linha da integração urbana. Essa palavra deve substituir completamente a palavra erradicação, desde já, mas também esses projetos que pretendem envernizar os bairros populares, ajeitar as periferias e maquiar as feridas sociais, em vez de curá-las, promovendo uma integração autêntica e respeitosa. É uma espécie de direito arquitetura de maquiagem, não? E vai por esse lado. Sigamos trabalhando para que todas as famílias tenham uma moradia e para que todos os bairros tenham uma infraestrutura adequada (esgoto, luz, gás, asfalto e continuo: escolas, hospitais ou salas de primeiros socorros, clube de esportes e todas as coisas que criam vínculos e que unem, acesso à saúde – já disse – e à educação e à segurança.
Terceiro, trabalho. Não existe pior pobreza material – urge-me enfatizar isto –, não existe pior pobreza material do que a que não permite ganhar o pão e priva da dignidade do trabalho. O desemprego juvenil, a informalidade e a falta de direitos trabalhistas não são inevitáveis, são o resultado de uma prévia opção social, de um sistema econômico que coloca os lucros acima do homem, se o lucro é econômico, sobre a humanidade ou sobre o homem, são efeitos de uma cultura do descarte que considera o ser humano em si mesmo como um bem de consumo, que pode ser usado e depois jogado fora.
Hoje, ao fenômeno da exploração e da opressão, soma-se uma nova dimensão, um matiz gráfico e duro da injustiça social; os que não podem ser integrados, os excluídos são resíduos, "sobrantes". Essa é a cultura do descarte, e sobre isso gostaria de ampliar algo que não tenho por escrito, mas que lembrei agora. Isso acontece quando, no centro de um sistema econômico, está o deus dinheiro e não o homem, a pessoa humana. Sim, no centro de todo sistema social ou econômico, tem que estar a pessoa, imagem de Deus, criada para que fosse o denominador do universo. Quando a pessoa é deslocada e vem o deus dinheiro, acontecesse essa inversão de valores.
E, para explicitar, lembro um ensinamento de cerca do ano 1200. Um rabino judeu explicava aos seus fiéis a história da torre de Babel e, então, contava como, para construir essa torre de Babel, era preciso fazer muito esforço, era preciso fazer os tijolos; para fazer os tijolos, era preciso fazer o barro e trazer a palha, e amassar o barro com a palha; depois, cortá-lo em quadrados; depois, secá-lo; depois, cozinhá-lo; e, quando já estavam cozidos e frios, subi-los, para ir construindo a torre.
Se um tijolo caía – o tijolo era muito caro –, com todo esse trabalho, se um tijolo caía, era quase uma tragédia nacional. Aquele que o deixara cair era castigado ou suspenso, ou não sei o que lhe faziam. E se um operário caía não acontecia nada. Isso é quando a pessoa está a serviço do deus dinheiro, e isso era contado por um rabino judeu no ano 1200, explicando essas coisas horríveis.
E, a respeito do descarte, também temos que estar um pouco atentos ao que acontece na nossa sociedade. Estou repetindo coisas que disse e que estão na Evangelii gaudium. Hoje em dia, descartam-se as crianças porque a taxa de natalidade em muitos países da terra diminuiu, ou se descartam as crianças porque não se ter alimentação, ou porque são mortas antes de nascerem, descarte de crianças.
Descartam-se os idosos, porque, bom, não servem, não produzem. Nem crianças nem idosos produzem. Então, sistemas mais ou menos sofisticados vão os abandonando lentamente. E agora como é necessário, nesta crise, recuperar um certo equilíbrio. Estamos assistindo a um terceiro descarte muito doloroso, o descarte dos jovens. Milhões de jovens. Eu não quero dizer o dado, porque não o sei exatamente, e a que eu li parece um pouco exagerado, mas milhões de jovens descartados do trabalho, desempregados.
Nos países da Europa – e estas são estatísticas muito claras –, aqui na Itália, passou um pouquinho dos 40% de jovens desempregados. Sabem o que significa 40% de jovens? Toda uma geração, anular toda uma geração para manter o equilíbrio. Em outro país da Europa, está passando os 50% e, nesse mesmo país dos 50%, no sul são 60%. São dados claros, ou seja, do descarte. Descarte de crianças, descarte de idosos, que não produzem, e temos que sacrificar uma geração de jovens, descarte de jovens, para poder manter e reequilibrar um sistema em cujo centro está o deus dinheiro, e não a pessoa humana.
Apesar disso, a essa cultura de descarte, a essa cultura dos sobrantes, muitos de vocês, trabalhadores excluídos, sobrantes para esse sistema, foram inventando o seu próprio trabalho com tudo aquilo que parecia não poder dar mais de si mesmo... mas vocês, com a sua artesanalidade que Deus lhes deu, com a sua busca, com a sua solidariedade, com o seu trabalho comunitário, com a sua economia popular, conseguiram e estão conseguindo... E, deixem-me dizer isto, isso, além de trabalho, é poesia. Obrigado.
Desde já, todo trabalhador, esteja ou não no sistema formal do trabalho assalariado, tem direito a uma remuneração digna, à segurança social e a uma cobertura de aposentadoria. Aqui há papeleiros, recicladores, vendedores ambulantes, costureiros, artesãos, pescadores, camponeses, construtores, mineiros, operários de empresas recuperadas, todos os tipos de cooperativados e trabalhadores de ofícios populares que estão excluídos dos direitos trabalhistas, aos quais é negada a possibilidade de se sindicalizar, que não têm uma renda adequada e estável. Hoje, quero unir a minha voz à sua e acompanhá-los na sua luta.
Neste encontro, também falaram da Paz e da Ecologia. É lógico: não pode haver terra, não pode haver teto, não pode haver trabalho se não temos paz e se destruímos o planeta. São temas tão importantes que os Povos e suas organizações de base não podem deixar de debater. Não podem deixar só nas mãos dos dirigentes políticos. Todos os povos da terra, todos os homens e mulheres de boa vontade têm que levantar a voz em defesa desses dois dons preciosos: a paz e a natureza. A irmã mãe Terra, como chamava São Francisco de Assis.
Há pouco tempo, eu disse, e repito, que estamos vivendo a terceira guerra mundial, mas em cotas. Há sistemas econômicos que, para sobreviver, devem fazer a guerra. Então, fabricam e vendem armas e, com isso, os balanços das economia que sacrificam o homem aos pés do ídolo do dinheiro, obviamente, ficam saneados. E não se pensa nas crianças famintas nos campos de refugiados, não se pensa nos deslocamentos forçados, não se pensa nas moradias destruídas, não se pensa, desde já, em tantas vidas ceifadas. Quanto sofrimento, quanta destruição, quanta dor. Hoje, queridos irmãos e irmãs, se levanta em todas as partes da terra, em todos os povos, em cada coração e nos movimentos populares, o grito da paz: nunca mais a guerra!
Um sistema econômico centrado no deus dinheiro também precisa saquear a natureza, saquear a natureza, para sustentar o ritmo frenético de consumo que lhe é inerente. As mudanças climáticas, a perda da biodiversidade, o desmatamento já estão mostrando seus efeitos devastadores nos grandes cataclismos que vemos, e os que mais sofrem são vocês, os humildes, os que vivem perto das costas em moradias precárias, ou que são tão vulneráveis economicamente que, diante de um desastre natural, perdem tudo.
Irmãos e irmãs, a criação não é uma propriedade da qual podemos dispor ao nosso gosto; muito menos é uma propriedade só de alguns, de poucos: a criação é um dom, é um presente, um dom maravilhoso que Deus nos deu para que cuidemos dele e o utilizemos em benefício de todos, sempre com respeito e gratidão. Talvez vocês saibam que eu estou preparando uma encíclica sobre Ecologia: tenham a certeza de que as suas preocupações estarão presentes nela. Agradeço-lhes, aproveito para lhes agradecer, pela carta que os integrantes da Via Campesina, da Federação dos Papeleiros e tantos outros irmãos me fizeram chegar sobre o assunto.
Falamos da terra, de trabalho, de teto... falamos de trabalhar pela paz e cuidar da natureza... Mas por que, em vez disso, nos acostumamos a ver como se destrói o trabalho digno, se despejam tantas famílias, se expulsam os camponeses, se faz a guerra e se abusa da natureza? Porque, nesse sistema, tirou-se o homem, a pessoa humana, do centro, e substituiu-se por outra coisa. Porque se presta um culto idólatra ao dinheiro. Porque se globalizou a indiferença! Se globalizou a indiferença. O que me importa o que acontece com os outros, desde que eu defenda o que é meu? Porque o mundo se esqueceu de Deus, que é Pai; tornou-se um órfão, porque deixou Deus de lado.
Alguns de vocês expressaram: esse sistema não se aguenta mais. Temos que mudá-lo, temos que voltar a levar a dignidade humana para o centro, e que, sobre esse pilar, se construam as estruturas sociais alternativas de que precisamos. É preciso fazer isso com coragem, mas também com inteligência. Com tenacidade, mas sem fanatismo. Com paixão, mas sem violência. E entre todos, enfrentando os conflitos sem ficar presos neles, buscando sempre resolver as tensões para alcançar um plano superior de unidade, de paz e de justiça.
Os cristãos têm algo muito lindo, um guia de ação, um programa, poderíamos dizer, revolucionário. Recomendo-lhes vivamente que o leiam, que leiam as Bem-aventuranças que estão no capítulo 5 de São Mateus e 6 de São Lucas (cfr. Mt 5, 3; e Lc 6, 20) e que leiam a passagem de Mateus 25. Eu disse isso aos jovens no Rio de Janeiro. Com essas duas coisas, vocês têm o programa de ação.
Sei que entre vocês há pessoas de distintas religiões, ofícios, ideias, culturas, países, continentes. Hoje, estão praticando aqui a cultura do encontro, tão diferente da xenofobia, da discriminação e da intolerância que vemos tantas vezes. Entre os excluídos, dá-se esse encontro de culturas em que o conjunto não anula a particularidade, o conjunto não anula a particularidade. Por isso eu gosto da imagem do poliedro, uma figura geométrica com muitas caras distintas. O poliedro reflete a confluência de todas as particularidades que, nele, conservam a originalidade. Nada se dissolve, nada se destrói, nada se domina, tudo se integra, tudo se integra. Hoje, vocês também estão buscando essa síntese entre o local e o global. Sei que trabalham dia após dia no próximo, no concreto, no seu território, seu bairro, seu lugar de trabalho: convido-os também a continuarem buscando essa perspectiva mais ampla, que nossos sonhos voem alto e abranjam tudo.
Assim, parece-me importante essa proposta que alguns me compartilharam de que esses movimentos, essas experiências de solidariedade que crescem a partir de baixo, a partir do subsolo do planeta, confluam, estejam mais coordenadas, vão se encontrando, como vocês fizeram nestes dias. Atenção, nunca é bom espartilhar o movimento em estruturas rígidas. Por isso, eu disse encontra-se. Também não é bom tentar absorvê-lo, dirigi-lo ou dominá-lo; movimentos livres têm a sua dinâmica própria, mas, sim, devemos tentar caminhar juntos. Estamos neste salão, que é o salão do Sínodo velho. Agora há um novo. E sínodo significa precisamente "caminhar juntos": que esse seja um símbolo do processo que vocês começaram e estão levando adiante.
Os movimentos populares expressam a necessidade urgente de revitalizar as nossas democracias, tantas vezes sequestradas por inúmeros fatores. É impossível imaginar um futuro para a sociedade sem a participação protagônica das grandes maiorias, e esse protagonismo excede os procedimentos lógicos da democracia formal. A perspectiva de um mundo da paz e da justiça duradouras nos exige superar o assistencialismo paternalista, nos exige criar novas formas de participação que inclua os movimentos populares e anime as estruturas de governo locais, nacionais e internacionais com essa torrente de energia moral que surge da incorporação dos excluídos na construção do destino comum. E isso com ânimo construtivo, sem ressentimento, com amor.
Eu os acompanho de coração nesse caminho. Digamos juntos com o coração: nenhuma família sem moradia, nenhum agricultor sem terra, nenhum trabalhador sem direitos, nenhuma pessoa sem a dignidade que o trabalho dá.
Queridos irmãos e irmãs: sigam com a sua luta, fazem bem a todos nós. É como uma bênção de humanidade. Deixo-lhes de recordação, de presente e com a minha bênção, alguns rosários que foram fabricados por artesãos, papeleiros e trabalhadores da economia popular da América Latina.
E nesse acompanhamento eu rezo por vocês, rezo com vocês e quero pedir ao nosso Pai Deus que os acompanhe e os abençoe, que os encha com o seu amor e os acompanhe no caminho, dando-lhes abundantemente essa força que nos mantém de pé: essa força é a esperança, a esperança que não desilude. Obrigado.
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